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	<title>ETC Blog &#187; Climate Change</title>
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	<description>(et cet er a) and other things; such as human rights, biodiversity, biopiracy, converging technologies, global governance and corporate concentration. An experimental growing plot for news, views and new ideas.</description>
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		<title>Industria animal: terminando los mitos</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 23:39:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[*Silvia Ribeiro El aumento del consumo de carne se presenta a menudo como un índice de desarrollo, como sinónimo de mejor dieta. Sin embargo, las cifras de hambre en el mundo indican que en paralelo al aumento global de producción industrial de carnes, aumentó el número de hambrientos a más de 925 millones de personas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span>*Silvia Ribeiro</p>
<p>El aumento del consumo de carne se presenta a menudo como un índice de desarrollo, como sinónimo de mejor dieta. Sin embargo, las cifras de hambre en el mundo indican que en paralelo al aumento global de producción industrial de carnes, aumentó el número de hambrientos a más de 925 millones de personas, mientras otros mil millones padecen malnutrición y otros mil millones son obesos.<br />
</span></p>
<p><span>Tal como sucede con la agricultura industrial, el volumen de producción no tiene nada que ver con que llegue a los que necesitan alimentos. La cría industrial e intensiva de animales está controlada por oligopolios trasnacionales, que venden a quienes puedan pagar, mientras sus métodos de cría y ocupación de tierras y aguas, desplazan a la producción de pequeña escala, basada en la diversidad y que realmente llega a los que necesitan alimento.</p>
<p>Desde la industria de la genética animal (que define qué especies y razas llegarán al consumo) pasando por la producción de piensos y forrajes, hasta la cría y los productos derivados, es una industria concentrada en pocas transnacionales. Solamente unas 4-5 empresas dominan el sector de genética animal (Hendrix Genetics, Tyson, Genus, Erich Wesjohann Group). Seleccionan aves, toros y cerdos hasta provocar una increíble uniformidad de razas, e incluso de individuos en el mercado global (ya que un gallo o un toro pueden ser origen de millones de individuos, haciéndolos uniformes y más vulnerables a epidemias). Las 10 mayores empresas de forrajes, entre ellas Cargill, Tyson, Purina, Brasil Foods (fusión Sadia y Perdigão) y otras asiáticas, dominan 52 por ciento del mercado global. Definen qué se usará para forraje, manipulando por ejemplo para que todo ganado del planeta deba comer maíz y soya, gran negocio para las cerealeras y para Monsanto, Syngenta y otros productores de transgénicos y venenos. La producción y distribución de cárnicos también está en manos de pocas empresas, incluyendo varias de los eslabones anteriores.</p>
<p>En realidad, la cría industrial de animales no reduce sino que produce hambre, ya que al menos una tercera parte de las tierras de cultivo del mundo y más de 40 por ciento de la producción de cereales va para forrajes que abastecen esa industria. Si se destinaran directamente a seres humanos, se cubrirían las necesidades calóricas de 3 mil 500 millones de personas, la mitad de los habitantes planeta.</p>
<p>Además la cría industrial de animales es uno de los factores más pesados de cambio climático: incluyendo transversalmente todos los procesos relacionados y productos derivados, es responsable de un exorbitante 51 por ciento de emisiones de gases de efecto invernadero. (R.Goodland y J Anhang, World Watch, 2009). Esta industria es también la principal generadora de nuevas enfermedades virales y bacterianas. Según la FAO, en los últimos 15 años, 75 por ciento de las enfermedades humanas epidémicas han sido de origen animal (como gripe aviar y gripe porcina) y 60 por ciento de los patógenos humanos son considerados zoonóticos (provienen de enfermedades animales que mutaron para infectar humanos).</p>
<p>Por si fuera poco, los grandes establecimientos de cría confinada crean problemas ambientales y de salud monstruosos: contaminan vastas áreas de suelos, aguas y aire mucho más allá de sus establecimientos. Esto motivó que muchas de estas sucias empresas se trasladaran de Estados Unidos a México y otras partes del sur global, buscando regulaciones ambientales y fiscalización más laxas.</p>
<p>Un caso que reúne todo lo aquí descrito es la producción de cerdos de Granjas Carroll (propiedad de Smithfield, la mayor productora de cerdos a nivel global), en el valle de Perote, Veracruz, donde se originó la gripe porcina y donde sus habitantes viven enfermos por la contaminación.</p>
<p>La demanda de forraje para la cría industrial de pollos, cerdos y ganados, es también lo que se oculta tras la justificación de que se debe importar y sembrar maíz transgénico en México. Según Ana de Ita, del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam), en 2010 se produjeron en México 23.3 millones de toneladas de maíz y se importaron más de 8 millones. El consumo humano directo fue de 11.8 millones mientras el pecuario alcanzó 16 millones y cerca de 4 millones de toneladas fueron para otros usos industriales. Es decir, México produce el doble del maíz que necesita su población.</p>
<p>La producción pecuaria en México está dominada por empresas transnacionales, al igual que la mayoría de la provisión de forrajes, que proviene de trasnacionales como Cargill y ADM. Esta concentración trasnacional se exacerbó a partir del TLCAN, que desplazó la producción pecuaria pequeña, que permitía producir en forma descentralizada, con diversidad de forrajes locales, con mejor calidad, sin generar aberraciones ambientales, dando trabajo a mucha más gente y por tanto erradicando el hambre desde el origen: la marginación y falta de medios para producir.</p>
<p>Por tanto, es necesario terminar también con ese mito: México no necesita importar maíz, si se hace es para abastecer el negocio de unas trasnacionales comprando a otras trasnacionales. Que a su vez debilitan el mercado interno de producción de maíz y devastan los sistemas agrícolas campesinos, que se vuelven mucho más vulnerables frente al cambio climático, heladas y sequías. En lugar de todo esto, se debería apoyar la producción campesina y de pequeña escala, que sería mucho más sana para todos.<br />
</span></p>
<p align="RIGHT"><span style="font-family: Calibri,Verdana,Helvetica,Arial;">Datos tomados del informe ¿<em>Quién controlará la economía verde?</em>, ETC Group, www.etcgroup.org/es/node/5298 &lt;<span style="color: #0000ff;"><span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.etcgroup.org/es/node/5298">http://www.etcgroup.org/es/node/5298</a></span></span>&gt; </span></p>
<p>&nbsp;</p>


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		<title>Apartheid climático</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 16:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* Los resultados de la conferencia mundial de cambio climático realizada a principios de diciembre en Durban, Sudáfrica, son una condena a la humanidad, especialmente a los países del Sur más afectados por el caos climático, mientras que los grandes contaminadores evadieron cualquier responsabilidad u obligación y aseguraron los mercados de carbono para seguir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>Los resultados de la conferencia mundial de cambio climático realizada a principios de diciembre en Durban, Sudáfrica, son una condena a la humanidad, especialmente a los países del Sur más afectados por el caos climático, mientras que los grandes contaminadores evadieron cualquier responsabilidad u obligación y aseguraron los mercados de carbono para seguir lucrando con falsas soluciones a la crisis. Como denunció la red internacional Justicia Climática Ahora, significó el establecimiento de un apartheid climático global para mantener los privilegios de una minoría a costa de todos los demás.</p>
<p>El problema nodal es la ausencia de medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que llevará a un aumento mínimo de 4 grados en la temperatura media global en tan sólo unas décadas. En el último siglo, el capitalismo industrial provocó un aumento de la temperatura promedio de 0.8 grados centígrados, que se traduce en desarreglos climáticos, como huracanes, sequías, inundaciones, menor rendimiento de cultivos, derretimiento de glaciares y de hielos permanentes que liberan grandes cantidades de metano, gas que tiene 20 veces peor efecto invernadero que el dióxido de carbono. Según los reportes científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), para que el aumento de la temperatura no supere los 2 grados centígrados al 2100, es necesario reducir las emisiones de gases de 25 a 40 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Un aumento de 2 grados tendría consecuencias devastadoras para muchos países, incluso podrían desaparecer estados insulares. Cuatro grados es más de lo imaginable y en algunas zonas, como las más secas de África, se traduciría en aumentos de 7-8 grados.</p>
<p>El protocolo de Kioto estableció metas de reducción obligatorias para los países industrializados con mayores emisiones (listados en su Anexo 1) de apenas 5 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Aún así, Estados Unidos –que de todos modos no firmó el protocolo–, exigió que se pudieran usar mecanismos de mercado para la reducción de emisiones, con lo cual muchas supuestas reducciones son solamente transacciones virtuales. Los mercados de carbono no han servido para nada frente a la crisis climática, pero abrieron jugosos frentes especulativos con la venta de créditos de carbono. Con muy malas notas y sin efecto para bajar las emisiones, el Protocolo de Kioto finalizará su primer periodo de compromisos en 2012. Muchos gobiernos de países del Sur querían abrir un segundo periodo de compromisos, con metas mínimas acordes a las necesarias según el IPCC. Pero ya en la conferencia de cambio climático en Cancún en 2010, en lugar de compromisos obligatorios se aceptó declarar promesas, que si se cumplieran (improbable), no llegarían más que a reducciones de 13 a 17 por ciento.</p>
<p>Con un proceso antidemocrático e irregular como en Cancún, en Durban se aprobó de todos modos un segundo periodo del protocolo de Kyoto, pero como un cascarón vacío. Sin metas de reducción, sin compromisos vinculantes, sin mecanismos de control de reducciones del Anexo 1, pero cargando de obligaciones a los demás países que no están entre los contaminadores históricos. Estas medidas aplicarán a todos, aunque teóricamente se dirigen a los países de economías emergentes como China e India, que actualmente están entre los mayores emisores globales, aunque sólo en los últimos años –contra todo el siglo XX de los del Anexo 1– y que las emisiones per cápita de la India son 10 veces menores que las de Estados Unidos. Pese a este acuerdo leonino, que terminó con el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que existía en el convenio, igual se retiraron del Protocolo, Canadá, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Rusia, sumándose a Estados Unidos.</p>
<p>La Unión Europea aprovechó la situación para negociar su firma para un segundo periodo de Kioto, imponiendo sus condiciones: sin metas obligatorias y abriendo un nuevo proceso de negociaciones que sustituya al Protocolo de Kioto en 2020. Este proceso y plazo, que querían todos los países del anexo 1, es para terminar de eliminar cualquier obligación de reducción, presionar a las economías emergentes y traspasar la responsabilidad de la crisis climática a las poblaciones de países pobres del sur, a través de mecanismos de mercado, que nuevamente, favorecen a las trasnacionales de los países industrializados. En lugar de cambiar de modelos de producción y consumo en esos países, se comercia con el espacio que no contaminan los países del Sur, a través de mecanismos altamente perversos como REDD en bosques. Se aseguró además la continuidad y nuevos mecanismos de mercado, se introdujo la discusión de usar agricultura y suelos como sumideros de carbono y se aceptaron tecnologías de alto riesgo, como la captura y almacenamiento de carbono en lechos marinos y formaciones geológicas, tecnología que promueve el uso de más petróleo, gas y carbón, legando el riesgo de escapes catastróficos a generaciones futuras.</p>
<p>Tanto el Fondo Verde para el Clima, como el nuevo Comité de Tecnología quedaron bajo la égida del Banco Mundial, que los usará para imponer más condiciones. Se estableció <em>de facto</em> carta blanca a la transferencia de tecnologías, sin cuestionar patentes ni aplicar el principio de precaución, lo cual resultará en dumping de tecnologías peligrosas, subsidiando a las trasnacionales.</p>
<p>Tanta irresponsabilidad ante las crisis y con las generaciones futuras contrastó con la riqueza de propuestas desde las organizaciones y movimientos sociales, que convocaron a la resistencia contra el nuevo <em>apartheid</em> global.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 17 de diciembre de 2011</p>


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		<title>Crisis climática: la ingeniería del fracaso</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 17:29:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* Se está realizando en Durban, Sudáfrica, la 17ª Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP17) y por su falta de contacto con la realidad de la crisis climática –y de todas las demás, financiera, alimentaria, ambiental – parece ciencia ficción. Ante la vacuidad de las negociaciones, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Silvia Ribeiro*</strong></p>
<p>Se está realizando en Durban, Sudáfrica, la 17ª Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP17) y por su falta de contacto con la realidad de la crisis climática –y de todas las demás, financiera, alimentaria, ambiental – parece ciencia ficción. Ante la vacuidad de las negociaciones, vuelven a la carga los proponentes de la manipulación climática alegando que ellos sí comprenden que es necesario tomar medidas enérgicas y que por ello necesitan más investigación y recursos en geoingeniería. Todo forma parte del legado de manipulaciones que se hicieron en la COP16, realizada en Cancún, México, el año pasado.</p>
<p>El tema más controvertido entre el público es si habrá o no un nuevo período de compromisos de reducciones dentro del llamado Protocolo de Kyoto, cuyo primer período acordado terminará en 2012.  Estados Unidos nunca firmó este Protocolo –aunque es parte del Convenio y el mayor emisor global de gases de efecto invernadero del siglo XX; Canadá y otros países que son grandes emisores anunciaron que saldrán y no firmarán un segundo período, aunque las tímidas metas propuestas en el primero no se han cumplido y la crisis climática ha empeorado notablemente.  La Unión Europea no quiere aparecer como “irresponsables” y aceptan firmar un segundo período, pero ponen condiciones como no fijar metas vinculantes, sino solamente “promesas”.  Los países agrupados en el llamando G77 (son más de 130 de África, Asia y América Latina) presionan por un segundo período, y con Europa podrían alcanzar la mayoría requerida para lograrlo, pero Europa solo firmará si se aceptan sus propias condiciones, sin fijar metas de reducción obligatorias y otras. Es decir, las opciones son que se termine el protocolo de Kyoto, o que continúe como un cascarón sin contenido. En cualquier caso, favoreciendo siempre a los actores que son los mayores causantes de la crisis climática.  Para completar,  Estados Unidos propone que aunque termine el Protocolo de Kyoto,  se continúe con el llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio, que es parte del Protocolo y es la base de mercado de bonos de carbono. O sea, terminar cualquier compromiso legalmente vinculante, pero mantener las facilidades para los mercados de carbono.</p>
<p>Lo más grave sin embargo, es que con las “promesas” de reducción que han hecho los países más contaminantes desde Cancún, es seguro que el calentamiento global llegará a niveles insoportables en algunas décadas. Según resume Pablo Solón, ex embajador de Bolivia ante la ONU, usando estimaciones del propio Convenio y otras agencias de Naciones Unidas, se garantiza que la temperatura promedio aumentará 4 grados centígrados, lo cual producirá una enorme devastación de ecosistemas claves y tendrá un costo de millones de vidas humanas.</p>
<p>Mientras se soslaya el tema fundamental  –la necesidad de reducciones reales de emisiones de gases de efecto invernadero, drásticas, en su fuente, y no mediante falsas “soluciones” como los mercados de carbono y otras– se avanzan otras negociaciones que tendrán gran impacto posteriormente, como introducir la agricultura y los suelos a los mercados de carbono.</p>
<p>En este contexto,  los que promueven la geoingeniería aprovechan para reafirmar que “ante la falta de avance en las negociaciones” y que la crisis climática está cada vez peor, hay que  considerar la geoingeniería.  El 2 de diciembre, la Sociedad Real del Reino Unido, en conjunto con el Fondo de Defensa Ambiental de Estados Unidos (EDF por sus siglas en inglés) y la Academia de Ciencias para el Tercer Mundo (que sin embargo tiene su sede en Italia), lanzaron en Londres y en Durban un informe titulado “Manejo de la radiación rolar: gobernanza de la investigación”. El reporte afirma que tal metodología, que implica desde blanquear nubes a crear nubes volcánicas artificiales a mega escala para desviar los rayos solares, sería una forma “barata y rápida” para bajar la temperatura planetaria, pero que podría también causar daños tan devastadores como los que se quiere combatir. Por ejemplo, alterar las lluvias y vientos en Asia y África, colocando en riesgo las fuentes de agua y alimentación de miles de millones de personas.  Reconocen que conllevan el riesgo de que tales tecnologías sean usadas unilateralmente por algún país o quien tenga los medios y la tecnología. Pese a todo esto que usando el sentido común demuestra que la geoingeniería sencillamente se debe prohibir, el reporte afirma que se debe investigar más para conocerla mejor “y prevenir que se use mal”, o que algunos países poderosos la usen como arma. De qué forma avanzar la geoingeniería prevendría que se desarrolle, no lo explican. Aunque eligieron un foro de Naciones Unidas para anunciar el informe, no recomiendan que las decisiones se tomen en la ONU sino que dan un menú de opciones, obviando que la ONU ya tiene dos moratorias de facto sobre geoingeniería.</p>
<p>El  grupo que coordinó el informe es financiado por los multimillonarios Bill Gates y Richard Branson a través de sus fundaciones. Ambos son explícitos promotores de la geoingeniería y financian a algunos de los científicos involucrados, que además tienen intereses comerciales en la geoingeniería.  Muchos son de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, tres de los países que sabotean cualquier negociación sobre cambio climático, creando así, también en este contexto, una profecía auto-cumplida.</p>
<p align="right">*investigadora del Grupo ETC</p>
<p align="right">Publicado en La Jornada, México, 3 de diciembre de 2011</p>


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		<title>Cuidado con la economía de la biomasa</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2011 20:25:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Jim Thomas Cuándo sus defensores hablan de la “economía verde”, gran parte de lo &#8220;verde&#8221; que tienen en mente es literalmente de color verde. Las hojas, brotes, ramas, algas, hierbas y otras materias vivientes que el planeta genera en aparente abundancia es ahora un blanco de primera línea para la explotación comercial, desde la visión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jim Thomas</p>
<p>Cuándo sus defensores hablan de la “economía verde”, gran parte de lo &#8220;verde&#8221; que tienen en mente es literalmente de color verde. Las hojas, brotes, ramas, algas, hierbas y otras materias vivientes que el planeta genera en aparente abundancia es ahora un blanco de primera línea para la explotación comercial, desde la visión industrial emergente de la llamada bio-economía (<em>bio-based economy</em>).  Para los nuevos bioindustriales de la economía verde, toda esa materia viva que antes se llamaba la &#8220;biodiversidad&#8221; tiene un nuevo nombre – hoy en día se lo conoce como &#8220;biomasa&#8221;. La Tierra produce 230 mil millones de toneladas de biomasa cada año y en las próximas décadas podemos esperar apropiaciones de tierras, batallas legales y guerras, a medida que las industrias y las naciones luchen por controlar el acceso a la última partícula de esta profusión verde.</p>
<p>Conozca la economía de la biomasa: un orden económico emergente basado en un simple cambio en la química. Pues, la economía mundial opera actualmente sobre la base de materias primas de hidrocarburos extraídos de las profundidades -principalmente carbón, petróleo y gas-. A medida que esas fuentes de &#8220;carbón negro&#8221; se vuelven más costosas, las empresas comienzan a ver mucho más atractiva la explotación del &#8220;carbono verde&#8221; de la biomasa, almacenada encima del suelo en los bosques, los campos agrícolas y los océanos.</p>
<p>En términos moleculares este carbono de la superficie es compuesto principalmente de carbohidratos (azúcares) como la celulosa. Los carbohidratos son como los hidrocarburos, pero con unos átomos adicionales de oxígeno. Es plenamente posible operar las economías industriales a base de carbohidratos, sin embargo también es posible usar la química y la biotecnología para transformar los carbohidratos en hidrocarburos: o sea, convertir árboles, cultivos o pastos en petróleo y plásticos a los que nuestra economía está adicta. Ese recambio tecnológico permite un giro de estrategia de las compañías petroleras, que recurren a la biomasa para producir los mismos productos que ya fabrican y para liquidar los bosques y tierras de cultivo, en lugar de hacer perforaciones en las profundidades del océano.</p>
<p>El cambio a la biomasa podría ser sumamente rentable. El cultivo, la cosecha, la comercialización y la transformación de la biomasa en productos y servicios comerciales ya está generando miles de millones de dólares. El Foro Económico Mundial estima que la economía de la biomasa tendrá un valor de unos 300 mil millones de dólares en 2020, pero la cifra real bien podría alcanzar medio billón de dólares.</p>
<p>Las industrias que ahora están adoptando el modelo de producción con biomasa incluyen desde empresas de química, las grandes petroleras, y corporaciones gigantes de la biotecnología, silvicultura y agroindustria, hasta los productores de perfumes, textiles, el sector de la construcción y el comercio de carbono: industrias cuyo valor neto total suma más de 17 billones de dólares. Un comercio mundial de la biomasa (astillas, aserrín y <em>pellets</em> o gránulos) está emergiendo muy rápidamente y para el año 2015 podría estar distribuyendo no menos de 19 millones de toneladas de biomasa. Las siguientes tres áreas industriales de la economía de la biomasa son las que más rápidamente están creciendo:</p>
<p><em>Bio-electricidad:</em> La forma más económica y sencilla de extraer valor de la biomasa es quemarla. En la actualidad existe una ofensiva masiva en todo el sector eléctrico para reemplazar o complementar la quema de carbón, gas y petróleo para la generación de electricidad, con la quema de biomasa. Las plantas de generación de energía con biomasa suministran más de 54 GW de electricidad en todo el mundo en más de 50 países, consumiendo grandes cantidades de madera y otras materias primas.</p>
<p>Aparte de engullir grandes extensiones de bosques y plantaciones para satisfacer estas demandas, la quema de biomasa también presenta riesgos significativos para la salud de las comunidades situadas cerca de las plantas de energía. El humo de madera, por ejemplo, contiene muchos compuestos tóxicos, agrava las enfermedades respiratorias y libera partículas contaminantes peligrosas. Ya se cuenta entre 2,7 y 3 millones de personas que mueren anualmente a causa de la inhalación de humo de leña. Tampoco la quema de biomasa reduce las emisiones de dióxido de carbono, más bien produce incluso más CO2 en la chimenea por unidad de energía que el carbón que reemplaza. Eso es antes de evaluar la liberación de carbono por la tala de bosques, el cultivo de biomasa y el transporte de la materia vegetal. Teniendo en cuenta los costos de las emisiones de carbono para la producción y recolección de materias primas de biomasa, afirmar que la energía de biomasa es neutra -o incluso negativa- en emisiones netas de carbono, es simplemente un mito.</p>
<p><em>Biocombustibles:</em> La producción de combustibles líquidos (los llamados biocombustibles o agrocombustibles) a partir de la biomasa es el arquetipo de la nueva bio-economía y también la parte más controvertida. Cifras del Banco Mundial revelan que hasta un 75% del aumento global en los precios de los alimentos en 2008, que provocó hambre y disturbios masivos a través del mundo, se debió a las políticas sobre biocombustibles de los EE.UU. y Europa que canalizaban maíz, soja y otros productos alimenticios hacia la producción de combustibles.</p>
<p>Hoy, el tren de los biocombustibles de nuevo arranca a todo vapor, con las inversiones dirigidas a los llamados &#8220;de nueva generación&#8221;. Estos incluyen a los biocombustibles extraidos de materias primas no alimentarias, como la caña de azúcar y la jatropha (un arbusto que produce nueces), biocombustibles avanzados que son hidrocarburos y se comportan de manera muy similar al petróleo, así como nuevos combustibles que se hacen de árboles, pastos y las partes leñosas de las plantas (llamados biocombustibles de celulosa), o de algas de estanque (combustible algal). Al menos 200 empresas están trabajando en el desarrollo de estos biocombustibles de &#8220;nueva generación&#8221; y las empresas más avanzadas están ahora bajo la propiedad o asociadas con las grandes empresas petroleras como Shell, BP, Chevron, Total y Exxon. Muchas de ellas también están empleando una forma extrema de ingeniería genética, de alto riesgo, conocida como biología sintética, donde microbios artificiales se utilizan para fermentar la biomasa en combustibles.</p>
<p><em>Bio-químicos y plásticos:</em> Si no es ético convertir los alimentos en combustibles, debería ser doblemente motivo de preocupación que se conviertan en bolsas de plástico y botellas de champú, pero esa es exactamente la estrategia seguida por la industria química. El Foro Económico Mundial predice que el 9% de todos los productos químicos se fabricarán a partir de biomasa en lugar de petróleo, para el año 2020, con el sector de bioplásticos a la cabeza. Se estima que cerca de 3.2 millones de toneladas métricas de plásticos tendrán una base biológica para el año 2015. ADM, Cargill, Coca Cola, Procter and Gamble y otras están impulsando el mercado de los bioplásticos. Los venden como una opción &#8220;verde&#8221; para los consumidores, a pesar de que muchos bioplásticos no pueden ser reciclados ni son biodegradables, y en algunos casos llevan la misma amenaza de toxicidad que los plásticos a base de petróleo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Una amenaza a los ecosistemas</strong></p>
<p>En el contexto de la economía verde, es importante reconocer que lo que parece un recambio bien intencionado del uso de las materias primas fósiles, es en realidad un acaparamiento: de tierras, medios de subsistencia y ecosistemas. El abastecimiento de biomasa para un cambio tan importante en la economía global va a requerir la conversión de grandes extensiones de tierra para la producción de materia prima de biomasa -particularmente la expansión de monocultivos de caña de azúcar y de celulosa- un cambio de las prioridades agrícolas de los alimentos a nuevos cultivos de rápido crecimiento como el miscanthus y el bambú y un gran aumento en el cultivo de algas en los desiertos y las regiones costeras.</p>
<p>La biomasa no está distribuida uniformemente en todo el planeta. El 86% de la producción anual de biomasa se encuentra en los trópicos, por lo que es a las zonas tropicales de América Latina, África Subsahariana y el Sudeste de Asia que los nuevos dueños de la biomasa están volcando su atención. El Banco Mundial calcula que el 21% de la apropiación de tierras en el mundo en los últimos años es impulsado por la necesidad de tierra para cultivar materias primas de biomasa. Mientras tanto, las comunidades que viven en la selva están reportando un aumento de la destrucción de los bosques para producir astillas de madera para el nuevo comercio de biomasa. A medida que las comunidades tradicionales son desplazadas de sus tierras, a veces a la fuerza y con violencia, la nueva economía industrial de la biomasa desaloja formas de sustento más antiguas y verdaderamente sostenibles, basadas en la biomasa.</p>
<p>Por supuesto, a la nueva industria de la biomasa le gusta presentarse como &#8220;sostenible&#8221; y basada solo en recursos renovables abundantes; sin embargo, la civilización humana ya se apropia del 24% de toda la biomasa mundial y el resto no es suficiente para cumplir con las tareas de limpiar el aire, mantener el ciclo del agua, capturar el carbono y proporcionar las funciones ecológicas esenciales requeridas para mantener la integridad ecológica. De acuerdo con una forma de medición (La Huella Global), ya estamos usando un 50% más de la cantidad de biomasa que se puede eliminar de forma sostenible de los ecosistemas del planeta. Para el año 2050 probablemente se elevará al doble la cantidad de biomasa cuya eliminación sería sustentable. Es una proposición insostenible, que acumulará una deuda ecológica de la que la naturaleza no tiene ninguna manera de resarcirse. Lejos de salvar el planeta, la defensa central de biomasa en la visión de la economía verde podría profundizar en forma catastrófica nuestras crisis ambientales, a la vez que despojar a las mismas comunidades que ofrecen un modelo de vida de utilidad real, con base biológica. <em>(Traducción ALAI).</em></p>
<p>Jim Thomas – es miembro del Grupo ETC, capítulo Canadá.</p>
<p>Para una mirada más profunda a la amenaza de la economía de la biomasa, consulte: “<strong>Los nuevos amos de la biomasa. Biología sintética y el próximo asalto a la biodiversidad.” </strong>http://www.etcgroup.org/es/node/5253</p>
<p>Publicado en ALAI, Ecuador, 11 de octubre de 2011</p>


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		<title>Los verdaderos colores de la economía verde</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 20:18:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Biotechnology]]></category>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro A 20 años de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra o Eco´92) se realizará una nueva conferencia global, en junio 2012, en Río de Janeiro, Brasil. Río+20, como se le llama, ocurrirá en medio de las mayores crisis globales del siglo: devastación ambiental y erosión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro</p>
<p>A 20 años de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra o Eco´92) se realizará una nueva conferencia global, en junio 2012, en Río de Janeiro, Brasil. Río+20, como se le llama, ocurrirá en medio de las mayores crisis globales del siglo: devastación ambiental y erosión de la biodiversidad, crisis climática, crisis económica y financiera, crisis alimentaria, crisis de salud.</p>
<p>Aunque Río+20 debería revisar los compromisos asumidos, el estado de los problemas y estrategias reales para resolverlos, los temas en la agenda son economía verde y nuevas formas de gobernanza ambiental global. Si el término “desarrollo sustentable”, era ambiguo y se prestó a abundante manipulación, la sustitución por “economía verde” señala un enfoque aún más estrecho, que privilegia a quienes dominan los mercados.</p>
<p>Lejos de una reunión anodina de Naciones Unidas, Río+20 se anuncia como un escenario de disputa, porque podría ser clave para un reordenamiento discursivo y geopolítico global, consolidando nuevos mercados financieros con la naturaleza y más control oligopólico de los recursos naturales, legitimando nuevas tecnologías de alto riesgo y creando las bases de una nueva estructura de gobernanza ambiental global que facilite el avance de una “economía verde” en clave empresarial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿A qué se refiere la economía verde?</strong></p>
<p>Para muchas personas y organizaciones, “economía verde” puede tener un significado positivo, asociado a producción agrícola orgánica, energías renovables, tecnologías limpias. En los movimientos existe una diversidad de propuestas de economías alternativas, socialmente justas, culturalmente apropiadas y ecológicamente sustentables. Sin embargo, la noción de “economía verde” que se está manejando desde los gobiernos va por un camino opuesto. Se trata básicamente de renovar el capitalismo frente a las crisis, aumentando las bases de explotación y privatización de la naturaleza.</p>
<p>Ya en la Eco´92 las trasnacionales empleaban maquillaje verde. Intentaban hacer una cortina de humo sobre su responsabilidad en la devastación ambiental, apoyando proyectos de conservación o “educación” ambiental, sellos verdes, etc. Pero sobre todo, afirmando que no había necesidad de cambiar el modelo de producción y consumo, ya que con tecnología para mayor eficiencia energética y otras, se podía llegar a soluciones de &#8220;ganar-ganar&#8221;, donde las empresas seguirían lucrando mientras mejoraban el ambiente con negocios “verdes”.</p>
<p>El planteo de la nueva economía verde sigue este camino, pero es más preocupante, tanto por la expansión de la mercantilización de la naturaleza y los ecosistemas –y el impacto en los pueblos que dependen de ellos­–, como porque las nuevas tecnologías a las que se refieren ahora, explícitamente o no, –como nanotecnología, transgénicos, biología sintética­, geoingeniería– implican enormes riesgos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Oficialmente verde</strong></p>
<p>El concepto “economía verde” es ambiguo y no hay consenso tampoco entre los gobiernos. Un antecedente recurrente en las discusiones oficiales hacia Río+20 es la Iniciativa sobre Economía Verde del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Allí se enmarca el “Nuevo acuerdo verde global”, planteado por ese organismo en 2008, del que se hicieron eco Obama y otros mandatarios, como una respuesta de “ganar-ganar” a las crisis. Plantea enfrentar la crisis financiera y climática redirigiendo las inversiones al “capital natural”, dando estímulos fiscales a empresas para energías “limpias” (como agrocombustibles), ampliar los mercados de carbono. Brasil, que ya tenía amplias inversiones en esos sectores y muchos recursos naturales para meter a los mercados, propuso que la economía verde fuera tema central de la conferencia Río+20, lo cual fue posteriormente aprobado por Naciones Unidas.</p>
<p>Dentro de la Iniciativa sobre Economía Verde, el PNUMA publicó en 2009 el informe del proyecto TEEB (<em>La economía de los ecosistemas y la biodiversidad</em>, por sus siglas en inglés) y en 2011, el extenso reporte “Hacia una economía verde”, dividido en tres secciones: inversiones en capital natural (agricultura, agua, bosques, pesca); inversión en eficiencia energética y uso de recursos (energías renovables, industria manufacturera, basura, construcción, transporte, turismo, ciudades) y transición a la economía verde (financiamiento y condiciones políticas favorables).</p>
<p>Significativamente, tanto el informe sobre economía verde como el TEEB, son coordinados por Pavan Sukhdev, un alto ejecutivo de la banca trasnacional. Reflejan su lógica de poner precio –aunque lo llamen valor– a toda la naturaleza y sus funciones. Sukhdev es ejecutivo del Deutsche Bank y trabajó anteriormente el tema de la valuación económica de la biodiversidad para el Foro Económico de Davos.</p>
<p>El proyecto TEEB surgió en 2007 a partir de una reunión del G8+5. Los cinco gobiernos “agregados” a las potencias globales, eran Brasil, China, India, México y Sudáfrica –todos gobiernos de países megadiversos interesados en comerciar con la biodiversidad de sus países. Con la crisis financiera, la mercantilización de la naturaleza que entraña TEEB, destaca como tabla de salvación frente al naufragio de los mercados especulativos. Sukhdev llama a la biodiversidad un nuevo &#8220;mercado multibillonario&#8221;.</p>
<p>Estos y otros planteos similares sobre economía verde se apoyan en tres grandes pilares: a) una mayor mercantilización y privatización de la naturaleza y los ecosistemas, integrando sus funciones como “servicios” a los mercados financieros, b) la promoción de nuevas tecnologías y la vasta expansión del uso de biomasa y c) un marco de políticas que permitan y premien todo eso, es decir lo que los gobiernos y las sociedades deberíamos hacer para que las empresas puedan hacer ganancias con los dos anteriores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Privatizando el aire</strong></p>
<p>Un componente temprano del paquete propuesto por la economía verde es el pago por servicios ambientales (PSA) o servicios ecosistémicos. Incluyen el pago por servicios ambientales forestales, hidrológicos, paisajísticos y de bioprospección (biopiratería). Conllevan la redefinición de las funciones de la naturaleza y la biodiversidad como “servicios”, para poder mercantilizarlos. (1) Los PSA han significado muchos conflictos entre grupos indígenas, campesinos, dentro y entre comunidades, ya que promueven la competencia por quien llegue primero a comerciar bienes compartidos. Los esquemas de PSA requirieron inventar “dueños” (lugar que ocuparon ONG o grupos dentro de las comunidades) de las funciones ecosistémicas, de los conocimientos sobre biodiversidad, de los cuidados tradicionales del agua, cuencas y bosques, porque siempre han sido bienes comunes y colectivos que no se podían mercantilizar.</p>
<p>En muchos casos, los PSA comenzaron con préstamos del Banco Mundial –deuda pública a pagar por todos– con el objetivo expreso de crear mercados de servicios ambientales. A éstos siguieron mercados secundarios de servicios ambientales, altamente especulativos. Los PSA significaron que una transnacional –que quizá nunca estuvo en el lugar– pueda terminar decidiendo sobre el territorio, el agua o la biodiversidad de comunidades indígenas y campesinas de países del Sur.</p>
<p>Basados en esas experiencias, surgen los programas REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación evitada), cuya aprobación en el Convenio de Cambio Climático en diciembre 2010, abrió de un plumazo todos los bosques del planeta a los mercados financieros especulativos.</p>
<p>La hipótesis de REDD es que para parar la deforestación –factor grave de crisis climática– hay que compensar económicamente a los que deforestan. No evitar la deforestación, sino pagar a los que lo hacen. Por eso se llama deforestación &#8220;evitada&#8221;: primero hay que deforestar, para luego vender el dejar de hacerlo. Otro típico escenario de &#8220;ganar-ganar&#8221;. Quienes más se benefician de estos programas, son los que más bosque y selva hayan destruido. Y que podrán seguir haciéndolo, ya que REDD acepta que dejando un 10 por ciento del área que piensan deforestar, puedan recibir créditos de carbono o pagos por &#8220;deforestación evitada&#8221;.</p>
<p>Al programa original se agregaron compensaciones por &#8220;acrecentar los inventarios de carbono&#8221; y por &#8220;conservación&#8221; y &#8220;manejo sustentable del bosque&#8221;. En el primer caso, se trata de luego de deforestar, plantar monocultivos de árboles, otra fuente de lucro adicional, con fuertes impactos ambientales y sobre las comunidades. Pero lo más perverso de este mecanismo, es lo que llaman &#8220;conservación y manejo sustentable&#8221;, porque apunta directamente a despojar a las comunidades indígenas y forestales de sus derechos y territorios, ofreciéndoles pago por el aire de sus bosques.</p>
<p>Como REDD &#8220;se paga&#8221;, lo que se haga con el bosque y su capacidad de absorción de dióxido de carbono debe ser &#8220;verificable&#8221;, es decir, definido por agentes externos a las comunidades, que deben pagar caro a &#8220;expertos&#8221;, para que les digan qué pueden hacer o no en sus propios bosques y territorios. Las empresas altamente contaminantes y grandes emisores de gases de efecto invernadero compran la capacidad de absorción de carbono de los bosques, para seguir contaminando exactamente igual que antes, pero ahora con la justificación (no probada científicamente, pero muy lucrativa) de que en alguna parte del mundo habrá un bosque que absorberá sus emisiones. A su vez, los bonos de carbono obtenidos entran en un mercado secundario donde la misma empresa puede revenderlos a otros por un precio mayor, recuperar toda su inversión y además ganar dinero extra. El mayor volumen monetario de los mercados de carbono es en especulación secundaria, es decir la venta y re-venta de, literalmente, puro aire.</p>
<p>En general, todos los esquemas de comercio de carbono se dirigen a mercados especulativos, que es un mercado mucho mayor que los mercados primarios. Ahora está también en juego, en el Convenio de Cambio Climático, la inclusión de los suelos y la agricultura –que es base de la alimentación mundial– como un gran sumidero de carbono a meter en la especulación financiera.</p>
<p>Algunas organizaciones creen que estos programas son un reconocimiento a los aportes de comunidades indígenas y campesinas por cuidar el ambiente y frenar el cambio climático, y que por eso está bien que existan. La experiencia demuestra que los impactos sobre las comunidades de estos esquemas de mercantilización de la naturaleza y sus funciones, han sido mucho peores que cualquier pago que reciban algunos. Pero lo más grave, es la aceptación de que los ecosistemas, la naturaleza, la biodiversidad, los saberes, se transformen en mercancías al mejor postor, dejando a la arbitrariedad y afán de lucro de las empresas que decida si se reconoce un aporte esencial para la existencia de todos.</p>
<p>En lugar de un reconocimiento social auténtico del papel fundamental, histórico y presente, de las comunidades indígenas, campesinas y locales en el cuidado de la biodiversidad y la producción de alimentos diversos y sanos para la humanidad, que debería traducirse en el apoyo al ejercicio efectivo de sus derechos integrales –incluyendo derecho a la tierra y territorio, a las culturas y formas diversas de economía y política–, la economía verde privatiza y mercantiliza la naturaleza, sustituyendo los derechos por transacciones comerciales, y lo que deberían ser políticas públicas, por una competencia de mercado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tsunami tecnológico ¿verde?</strong></p>
<p>El otro pilar fundamental de la economía verde se basa en el uso de nuevas tecnologías. La propuesta tecnológica es particularmente importante frente a las crisis, porque revitaliza la industria productiva con fuentes de ganancias extraordinarias y afirma la ilusión de que no es necesario revisar las causas de las crisis: todo se puede resolver con más tecnología.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las patentes sobre tecnologías –también las necesarias para energías renovables, como eólica y solar– están en su casi totalidad en manos de grandes empresas, que defienden ferozmente sus monopolios y no están dispuestas a discutir la derogación de éstas, en ninguna economía, verde o de otro color. Menos aún si se trata justamente de aumentar sus mercados.</p>
<p>De todas formas, ni siquiera estas energías consideradas amigables con el ambiente son apropiadas en todas partes y mucho menos cuando se aplican como megaproyectos de trasnacionales, abusando de territorios indígenas. Además, implican a menudo el uso de materiales basados en nanotecnología, una industria ampliamente difundida, que pese a cientos de estudios que muestran toxicidad de nanopartículas y nanocompuestos en salud y ambiente, no están reguladas en ninguna parte del mundo, ni se conoce el verdadero costo energético en el ciclo de vida completo de los productos nanotecnológicos, ni la basura tóxica que generan, entre otros factores.</p>
<p>Otra nueva tecnología subyacente a propuestas de la economía verde es la biotecnología, que implica desde más cultivos transgénicos para agrocombustibles y “resistentes al clima”, hasta biología sintética, es decir la construcción en laboratorio de genes, pasos metábolicos o microbios sintéticos enteros, para producir nuevas sustancias industriales. Los usos más inmediatos refieren al procesamiento de celulosa, que antes no era viable por demasiado ineficiente y costosa. Con microbios producto de la biología sintética, es posible procesar cualquier fuente de carbohidratos –como celulosa– para hacer polímeros que se pueden convertir en combustibles, farmacéuticos, plásticos u otras sustancias industriales. De pronto, toda la naturaleza, todo lo que esté vivo o lo haya estado, es visto como “biomasa”, la nueva materia prima universal para procesar con biología sintética. La disputa industrial por acaparar cualquier fuente de biomasa natural o cultivada está en marcha y es una de las mayores amenazas nuevas a la naturaleza y los pueblos.(2)</p>
<p>También propuestas tecnológicas como la geoingeniería, es decir la manipulación deliberada del clima del planeta, convergen en la economía verde con algunas de sus tecnologías, como el uso masivo de biomasa para quemar y fertilizar el suelo como sumidero de carbono (<em>biochar</em>), las grandes plantaciones de monocultivos o la fertilización de los mares para absorber carbono.</p>
<p>Frente a los riesgos de estas nuevas tecnologías, el grupo ETC plantea establecer un mecanismo multilateral de evaluación previa ambiental, social, económica y cultural de las tecnologías, con participación real de la sociedad civil y los potenciales afectados, antes de que lleguen a los mercados. Tecnologías extremadamente peligrosas y con alto potencial bélico, como la geoingeniería, deben ser prohibidas.</p>
<p>En lugar de esta “economía verde”, lo que necesitamos es justicia social y ambiental. En todo el mundo los movimientos sociales tienen diversidad de propuestas para ello. Y además de propuestas, contundentes realidades, como que la producción campesina e indígena da de comer a la mayoría del planeta y ya está “enfriando” el planeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silvia Ribeiro es miembro del Grupo ETC.</p>
<p>Publicado en ALAI, Ecuador, 11 de octubre de 2011</p>
<p>1. Ver “Aire no te vendas”, Camila Montecinos, Grain, 2005, http://www.grain.org/article/entries/1015-aire-no-te-vendas</p>
<p>2. Sobre la economía de la biomasa, ver artículo de Jim Thomas en esta misma publicación</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>


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		<title>Piratas de aire, mar y tierra</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 21:42:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[BANG - Converging Technologies]]></category>
		<category><![CDATA[Civil Society]]></category>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* El Reino Unido anunció que en octubre 2011 comenzará un experimento unilateral de geoingeniería, es decir, de manipulación climática. Es la primera parte de un proyecto mucho mayor para inyectar partículas azufradas en la estratósfera, creando una especie de nube volcánica artificial, para desviar parte de la radiación solar que llega a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>El Reino Unido anunció que en octubre 2011 comenzará un experimento unilateral de geoingeniería, es decir, de manipulación climática. Es la primera parte de un proyecto mucho mayor para inyectar partículas azufradas en la estratósfera, creando una especie de nube volcánica artificial, para desviar parte de la radiación solar que llega a la tierra, supuestamente para bajar la temperatura. </p>
<p>El experimento contradice el espíritu de la moratoria que estableció Naciones Unidas contra la geoingeniería en 2010 y muestra claramente la intención del Reino Unido, al igual que Estados Unidos y unos pocos países más, de avanzar unilateralmente la manipulación climática, algo que aumentará más el caos climático global, con impactos potenciales muy graves sobre otros países.</p>
<p>Pese a ello, los promotores de la geoingeniería defienden estos remiendos tecnológicos a mega escala, argumentando que aunque no se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, ellos pueden resolver técnicamente el problema, bajando la temperatura global a la fuerza.  O sea podrían seguir calentando el planeta, evitar cumplir con compromisos internacionales de reducción y crear nuevos negocios basados en tecnologías extremadamente peligrosas. </p>
<p>El experimento que plantea el Reino Unido consiste en colocar una manguera de 1 kilómetro de largo que apunta al cielo, sostenida en el aire por un enorme globo inflado con helio por la cual arrojarán agua de mar. Afirman que ahora no van diseminar partículas azufradas, porque la prueba es para ver si el mecanismo funciona. El objetivo es luego hacer lo mismo a mayor altura y entonces sí, diseminando compuestos químicos  tóxicos.  Es parte del proyecto SPICE Stratospheric Particle Injection for Climate Engineering (Inyección estratosférica de partículas para la ingeniería del clima) financiado por el Consejo de Investigación en Ingeniería y Ciencias Físicas con 1,6 millones de libras esterlinas, coordinado por la Universidad de Bristol con participación de científicos de esa universidad y las de Cambridge y Oxford.</p>
<p>Aunque por ahora el experimento parece más ridículo que peligroso, no hay nada de gracioso en que se estén usando recursos para avanzar la manipulación climática, a despecho de las preocupaciones de la vasta mayoría de los países, particularmente los del Sur, que son los que más sufren los impactos de la crisis climática y ahora sufrirán los de la manipulación climática. El clima es un sistema global, del que dependemos todos y todo, no de los que tienen el dinero y la falta de escrúpulos para manipularlo.</p>
<p>La manipulación climática en “pequeña” escala ya tienen gravísimos impactos. En varios países de América Latina (además de otros continentes) hay empresas que manipulan el tiempo atmosférico, produciendo sequías o lluvias, según los intereses de lucro de industrias y grandes hacendados que “compran el servicio”.</p>
<p>Hay casos dramáticos por todo el continente, de empresas agrícolas que usan cañones con químicos y otros métodos para producir sequía, con consecuencias devastadoras para  las comunidades aledañas. Por ejemplo, la empresa Nintanga S.A. en Ecuador produce intencionalmente sequía por de más de 8 meses para beneficiar sus cultivos de brócoli en Cotopaxi, Ecuador, dejando a varias comunidades campesinas sin las bases mínimas para su sustento. Casos similares ocurren en México, Chile, Argentina, Colombia y muchos otros países, sin ningún control y solamente por el lucro que consiguen grandes hacendados y empresas exportadoras de hortalizas.  También, inspirados en los métodos usados por Estados Unidos en la guerra de Vietnam (como la operación Popeye, ahora conocida por documentos desclasificados), se “siembran nubes”, inyectando ioduro de plata en las nubes para provocar lluvia, para eliminarla de ciertos lugares o precipitarla en otros donde no caería. En todos los casos, la disrupción del equilibrio natural de las lluvias tiene impactos sobre muchos otros que no decidieron sobre ello y dependen del equilibrio del clima para su subsistencia. Como lamentablemente este método se usa hace ya tiempo, la Organización Meteorológica Mundial ha observado que en ciertas zonas está cambiando permanentemente los patrones de lluvia, vientos, temperatura, con consecuencias regionales y globales.</p>
<p>El experimento actual del Reino Unido, es una forma de geoingeniería que llaman “manejo de la radiación solar”, no dirigida a lugares focalizados, sino con la intención (indescriptiblemente arrogante) de “manejar” los efectos del sol sobre la tierra.  Sobre este tipo de propuestas, existen análisis de meteorólogos y climatólogos reconocidos, que advierten que la caída de las partículas usadas tendrá efectos tóxicos en fauna y flora de extensas áreas y en cientos de miles de humanos, con efectos similares al descenso de partículas de las nubes volcánicas. Además, aseguran que para lograr desviar la radiación solar en forma permanente y en la dimensión para afectar la temperatura global, se desequilibrarán los regímenes de lluvia y viento, afectando las bases de sustento de 2000 millones de personas en Asia y África.</p>
<p>No existe ninguna forma de geoingeniería que sea tan “pequeña” que no tenga impactos sobre otros que no decidieron sobre su uso. En todos los casos se trata de que los que tienen dinero, la usarán a su favor, a costa de los intereses de los demás. Urge profundizar la moratoria, convirtiéndola en una prohibición global a la geoingeniería.</p>
<p>*investigadora del Grupo ETC<br />
Más información en el informe “Geopiratería” (www.etcgroup.org)</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 10 de septiembre de 2011</p>


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		<title>¿Biomasa o biomasacre?</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Aug 2011 17:38:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<category><![CDATA[synthetic biology]]></category>

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		<description><![CDATA[*Silvia Ribeiro Con creciente entusiasmo, empresas, políticos y algunos científicos nos hablan de cómo se van a resolver los desastres ambientales, la crisis energética y climática, y hasta el hambre, con el uso de “biomasa” en lugar de combustibles fósiles. Se presenta como un elemento fundamental de una transición a una nueva “economía verde”, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>*Silvia Ribeiro</p>
<p>Con creciente entusiasmo, empresas, políticos y algunos científicos nos hablan de cómo se van a resolver los desastres ambientales, la crisis energética y climática, y hasta el hambre, con el uso de “biomasa” en lugar de combustibles fósiles. Se presenta como un elemento fundamental de una transición a una nueva “economía verde”, y por estar basada en materiales biológicos, parecería que es más sustentable y beneficiosa para el ambiente. Al fin, suena bien comer en un plato hecho de maíz o papa en lugar de plástico, conducir automóviles con “biocombustibles” o hasta volar en aviones con “bioturbosina”. No hay duda que es urgente salir de la civilización petrolera, ¿pero será esta nueva ola de apropiación de la biomasa realmente sustentable?<br />
Un aspecto de esta nueva economía de la biomasa, el de los agro-combustibles, ha sido ampliamente criticado, entre muchos otros problemas, porque se ha documentado que es el factor principal de aumento del precio de los alimentos. Con toda la gravedad que esto implica, es apenas la punta del iceberg de los impactos que tendría el aumento masivo de uso de la biomasa del planeta, para combustibles y otros usos industriales.<br />
Actualmente, 24 por ciento de la biomasa terrestre global está mercantilizada. En juego está la apropiación y mercantilización de 76 por ciento restante, aparte de la biomasa marina. Un factor clave para ello son los nuevos instrumentos tecnológicos, como la biología sintética, que está diseñando microorganismos sintéticos capaces de digerir celulosa en forma más eficiente (actualmente el proceso es costoso y gasta más energía de la que genera). Esto es clave para convertir virtualmente cualquier vegetal en la materia prima de nuevos polímeros que podrían usarse para combustibles, farmacéuticos, plásticos y muchas otras sustancias industriales. El potencial de ganancias es enorme y por ello los actores son las empresas más grandes del planeta: las principales trasnacionales de los agronegocios y plantaciones de árboles (Cargill, ADM, Bunge, Cosan, Stora Enso, Weyerhauser), grandes petroleras, químicas y farmacéuticas (BP, Shell, Total Oil, Chevron, Exxon, DuPont, Basf) junto a trasnacionales de biotecnología, nanotecnología y software (Monsanto, Syngenta, Amyris, Synthetic Genomics, Genencor, Novozymes) y otras.<br />
Dentro del término biomasa se incluyen desde bosques y arbustos a cultivos y algas, así como bagazos y restos de cosecha. O sea, toda materia vegetal cultivada o natural. Los que promueven estos nuevos usos de la biomasa, suelen poner el acento en el uso de restos y bagazos, como si fueran algo marginal, que no tiene ninguna utilidad, lo cual ignora por ejemplo, que son una de las pocas fuentes de devolución de materia orgánica y nutrientes a los suelos, cuya erosión es un gran problema. Además, pese a que dicen que usarán “restos”, lo cierto es que los emprendimientos actuales para producir plásticos y combustibles basados en biología sintética (ya en marcha en biorrefinerías en Estados Unidos y Brasil con la participación de Amyris y otras empresas), se basan en el uso de plantaciones industriales de maíz y caña de azúcar.<br />
Nos dicen también, que la biomasa es una fuente natural, que siempre fue la base del sustento humano, que es renovable, abundante y que usando solamente la parte celulósica y no comestible, se evitará la competencia con la producción de alimentos.<br />
Sin embargo, todo esto no son más que afirmaciones engañosas para disfrazar la debacle venidera. Para empezar, ocultan que se trata de aumentar en forma exponencial las plantaciones industriales de monocultivos de árboles y otros, como piñón (jatropha), higuerilla (ricino), etcétera. Esto es una amenaza a la biodiversidad y disputa tierra, agua y nutrientes de los cultivos alimentarios, además de expulsar a los campesinos de sus territorios y empujarlos a abandonar sus cultivos tradicionales.<br />
Además, aunque 24 por ciento de mercantilización de la biomasa nos pueda parecer poco, en realidad según datos del Global Footprint Network (que calcula la huella ecológica que dejan diferentes actividades en el planeta), ya hemos sobrepasado la capacidad de recuperación y renovación de la biomasa en su propio ritmo. Esto quiere decir, que al nivel actual y sin el aumento masivo de consumo de biomasa que se planea, ya se está disminuyendo la base natural.<br />
Por otra parte, si bien la materia vegetal ha sido el sustento de la humanidad durante la mayor parte de la historia, la demanda de energía se disparó con el industrialismo a más de veinte veces lo que se usaba hace poco más de un siglo, que produciendo además la mayor devastación de suelos de la historia global.<br />
Esta nueva economía de la biomasa no tiene nada que ver con el uso sustentable de la naturaleza y cultivos que históricamente han hecho las comunidades locales, los campesinos e indígenas, que son una gran parte de la solución a las crisis energética, climática y alimentaria. Ahora se trata de que las empresas que han lucrado devastando el planeta con sus productos basados en el petróleo, se disponen a una nueva ola de apropiación masiva de naturaleza, biodiversidad, territorios y comunidades, llamando a esto sustentable.<br />
* Investigadora del Grupo ETC (Más datos en el informe Los nuevos amos de la biomasa www.etcgroup.org/es/node/5253</p>
<p>Publicado en La jornada, 30 de julio de 2011</p>


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		<title>La geoingeniería y los dueños del clima</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jun 2011 17:41:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro*   Al comenzar las negociaciones de cambio climático en Bonn, Christiana  Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención de Cambio Climático, declaró que vamos hacia “un escenario donde tendremos que desarrollar tecnologías más poderosas para poder absorber el carbono de la atmósfera” (The Guardian, F.Harvey, 5/6/11)   Se refería a la geoingeniería, la manipulación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*<br />
 <br />
Al comenzar las negociaciones de cambio climático en Bonn, Christiana  Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención de Cambio Climático, declaró que vamos hacia “un escenario donde tendremos que desarrollar tecnologías más poderosas para poder absorber el carbono de la atmósfera” (The Guardian, F.Harvey, 5/6/11)<br />
 <br />
Se refería a la geoingeniería, la manipulación a gran escala de los ecosistemas del planeta para cambiar el clima.  Impresiona que la propia secretaria de la Convención no crea en la negociaciones multilaterales y se sume al coro de empresas contaminantes y científicos del Norte que, desde diferentes ópticas, convergen en promover la manipulación climática. Sería más razonable que Figueres se dedicara a promover soluciones reales que vayan a eliminar las causas de la crisis, en lugar de promover tecnologías peligrosas, mercados de carbono y carta blanca a los países más contaminantes para que no firmen compromisos de reducciones. En lugar de proponer métodos altamente riesgosos para “absorber el carbono”, podría trabajar para que no se siguiera emitiendo.<br />
 <br />
Pero la geoingeniería es una propuesta excelente para gobiernos y empresas que no quieren cambiar nada: así pueden seguir calentando el planeta y además generar nuevas ganancias empresariales con el supuesto “enfriamiento del planeta” con geoingeniería.<br />
 <br />
También el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) se plantea analizar la geoingeniería: a propuesta de algunos científicos que la promueven, convocó en Lima, Perú, del 20 al 22 de junio 2011, un taller de expertos sobre geoingeniería.<br />
 <br />
Allí se presentarán propuestas como bombardear con aerosoles azufrados la estratósfera para imitar una nube volcánica que desvíe los rayos solares (para bajar la temperatura), fertilizar masivamente el oceáno con hierro para absorber carbono, cambiar la química de los mares, crear cultivos transgénicos que reflejen más la luz del sol, blanquear nubes y otras por el estilo. Son propuestas riesgosas e impredecibles, con un espectro de impactos tan amplios, que es difícil entender que el IPCC dedique recursos a esta especulación. Existen además en Naciones Unidas dos moratorias contra estas tecnologías, basadas en el principio de precaución: una sobre fertilización oceánica, desde 2008, y otra más amplia sobre geoingeniería, decidida en 2010.<br />
 <br />
Quizá el IPCC se proponga contribuir con análisis científicos para consolidar las bases de esas moratorias –seguramente habrá participantes críticos que así lo consideran–, pero no es una buena señal que en el comité organizador del taller haya varios científicos a favor de la geoingeniería, y algunos que han solicitado patentes sobre las mismas y cuya investigación es financiada para esos fines.<br />
También es grave que  IPCC haya anunciado que además de analizar estas propuestas megalómanas, también discutirá la “gobernanza” de la geoingeniería y los “factores sociales, legales y políticos” que la rodean. Pese a ello, no permiten la entrada a organizaciones de la sociedad civil que hemos estado siguiendo seriamente el tema desde hace años, ni siquiera como observadores.<br />
 <br />
Ante estas actitudes, 125 organizaciones de la sociedad civil, indígenas, campesinos y ambientalistas, de más de 40 países, enviaron el 13 de junio una carta abierta al presidente del IPCC demandando que este organismo honre el principio de precaución y no se dedique, como afirma en el anuncio del taller, a definir “el rol de la geoingeniería  en el portafolio de opciones de mitigación” al cambio climático (www.etcgroup.org <http://www.etcgroup.org> )  Lo cual en sí mismo es una contradicción, en parte porque parece aceptar un rol para estas tecnologías y además porque la geoingeniería nunca fue ni será “mitigación”, es seguir con el status quo que provocó el cambio climático, aplicando tecnologías que podrían incluso empeorar la situación en muchas regiones del mundo.<br />
 <br />
Las organizaciones firmantes, que incluyen a Amigos de la Tierra Internacional, la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, la Vía Campesina y varias redes internacionales y nacionales, son mayoría del Sur global, al contrario de los científicos que promueven la geoingeniería. Es lógico, los que tienen la tecnología y los recursos para desplegar la geoingeniería son países, empresas y hasta individuos muy ricos del Norte global  (como Bill Gates, que ha financiado experimentos de blanqueo de nubes y tiene patentes sobre otras tecnologías de geoingeniería) mientras que los impactos, seguramente se sentirán sobre todo en el Sur.<br />
 <br />
Por ejemplo, una de las tecnologías más promocionadas es crear artificialmente nubes volcánicas, lanzando a la estratósfera nano-partículas azufradas, lo cual podría disminuir la radiación solar, bajando la temperatura. Habría que continuar por tiempo indefinido reinyectando partículas periódicamente, mientras otras caen y contaminan oceános, tierra, plantas, animales y cientos de miles de personas (es tóxico, como cuando baja una nube volcánica). Si lograran que la nube tóxica permanezca, cambiaría los monzones y vientos en África y en Asia, poniendo en riesgo la fuente de agua y alimento de 2000 millones de personas, aproximadamente la tercera parte de la población mundial. ¿Hace falta comentar?<br />
 <br />
La manipulación climática tiene orígenes militares, y que ahora digan que es para la “guerra al cambio climático”, no cambia ni sus características ni su esencia, ni su uso potencial: solamente cambia el discurso. Podría ser usada contra países que no sabrán ni de donde salió el desastre.<br />
 <br />
La geoingeniería no altera, en ningún caso, las causas de la crisis climática, pero conlleva tantos riesgos, que más que seguir buscando formas de justificarla y dedicar recursos a su investigación, debería ser prohibida.<br />
 <br />
*investigadora del Grupo ETC</p>


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		<title>Río+20: ¿Una nueva economía verde, o la misma vieja economía maquillada?</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Apr 2011 20:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Climate Change]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><Río+20: ¿Una nueva economía verde, o la misma vieja economía maquillada?</p>
<p>Por Jim Thomas</p>
<p>Les tengo buenas y malas noticias sobre el futuro de nuestro planeta.<br />
Primero las buenas noticias. El año próximo tendrá lugar una reunión global sobre el destino de La Tierra, una cumbre de abolengo. Formalmente llamada Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, esta reunión se conoce como RÍO+20 porque se realizará 20 años después de la primera Cumbre de la Tierra en Río en 1992. Aquella primera reunión (a su vez 20 años después de la igualmente importante Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano en Estocolmo) nos heredó un montón de joyas de la política internacional: la Convención sobre el Clima, el Convenio sobre Diversidad Biológica, la Comisión para el Desarrollo Sostenible, el Principio de Precaución, una larga y ambiciosa lista de promesas conocida como Programa 21, la Declaración sobre los Bosques y mucho más. Más de cien jefes de estado viajaron a Río de Janeiro la última vez en medio de una intensa atención global. Esta vez, la reunión se organiza nuevamente en Río de Janeiro, del 4 al 6 de junio de 2012. Seguramente será tan importante como entonces.  </p>
<p>En la más reciente reunión preparatoria en Nueva York quedó clara la agenda para esta próxima Cumbre de la Tierra. Los líderes publicarán un "documento centrado en la política" aludiendo directamente a la transición hacia una "economía verde" global, y la reforma de las instituciones internacionales responsables del desarrollo sostenible. Esta segunda reforma podría significar la reestructuración de todo, desde el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo a los 500 diferentes tratados multilaterales ambientales y acuerdos actualmente vigentes. Estos tratados cubren tóxicos, químicos, conservación de los océanos, biodiversidad, desertificación, cambio climático, agotamiento del ozono, protección de los bosques y más. Aun ante la emergencia por las crecientes alzas de la temperatura global, la agudización del hambre, la escasez de agua y la pérdida de biodiversidad, los responsables de la gobernanza ecológica no presentan opciones. RIO+20 es una oportunidad preciosa para que quienes diseñan las políticas públicas y toman las decisiones hagan el recuento de las equivocaciones cometidas en los últimos 20 años y planeen los próximos 20 de manera inteligente. Esperemos que RÍO+20 nos sorprenda por la abundancia de voluntad política para con la agenda ambiental global, y con un plan inteligente para poner al planeta nuevamente en curso. </p>
<p>Al menos ésa es la teoría. Ahora las malas noticias: lejos de cocinar un plan para salvar la Tierra, lo que podría resultar de la cumbre tal vez sea un acuerdo para entregar el planeta y su vida a un puñado de banqueros e ingenieros —un arreglo que terminaría de arrojar por la borda las promesas de la primera cumbre de Río. Ya están creciendo las tensiones entre los países del sur y los del norte en torno al concepto muy pobremente definido de una “economía verde" global que será la pieza central en los debates de la cumbre.<br />
¿Qué es eso de una economía verde global? Ésa es, precisamente, la pregunta de los miles de billones de dólares. Nos quejamos y enfurecemos ante los problemas de la economía actual, injusta y contaminante. Sin embargo se sospecha cada vez más que las estrategias para lograr una “economía verde” nos entregarán en vez de ello la misma vieja economía de la codicia, maquillada de verde. Los debates sobre el futuro del planeta han producido su propia teoría de los colores: podemos transitar de una economía marrón hacia una verde si invertimos más dólares verdes en la tecnología de calor blanco y en el “capital natural”, incluyendo mecanismos innovadores de mercado como REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación). Para completar la paleta del pintor, los Estados con océanos argumentan que la economía verde también necesita ser una economía azul.  </p>
<p>¿Confundidos? las palabras clave aquí son “mercado” y ”tecnología”. Así como las recientes negociaciones globales sobre el clima, efectuadas en Cancún, eludieron el difícil trabajo de lograr un acuerdo de reducción de emisiones y se conformaron con la política fácil del comercio de carbono y los paneles solares, la brigada de la economía verde parece estar dispuesta a desviar la cumbre RÍO+20 lejos del duro debate sobre las raíces de la crisis ecológica que vivimos. El énfasis lo pondrán en un “esfuerzo futuro” para establecer nuevos arreglos financieros basados en los llamados “servicios ambientales” mientras liberan fondos para las icónicas “tecnologías verdes”</p>
<p>Dos pesados reportes del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): “La economía de los sistemas y la biodiversidad” (TEBB, por sus siglas en inglés) y el “Reporte sobre la economía verde (GER, por sus siglas en inglés), dejaron ver los planes. Argumentan que la naturaleza, de la misma forma que un contratista industrial, debe conocerse con precisión (medirse y valuarse) de acuerdo con los servicios (naturales) que brinda; tales como purificación de agua, captura de carbono, reciclaje de nitrógeno. Tales servicios pueden comprarse, intercambiarse o asegurarse en la forma de un inventario de créditos que pueden venderse para obtener dinero para la conservación. Mientras tanto, nuevas tecnologías “eco-eficientes” pueden desarrollarse y desplegarse aumentando el valor de esos servicios ambientales al tiempo que también generan ingresos. Si suena más como una estrategia de negocios que como un acuerdo para proteger la Tierra, es porque la industria y las empresas están encabezando este debate. El autor principal de ambos reportes, TEEB y GER, es un inversionista del Deutsche Bank en año sabático, y sus más entusiastas animadores son la banda de las 500 compañías de Fortune en Davos y los diplomáticos del G8. Es más alarmante aún el que algunas de esas voces están posicionando la “economía verde” como una mejora o como el remplazo del anticuado “desarrollo sostenible”, que resultó de los acuerdos logrados hace 20 años. Les complace arrojar a la basura al bebé de Río justo cuando alcanzó cierto grado de madurez. Si bien el enfoque del “desarrollo sostenible” tiene sus problemas, al menos ha intentado explícitamente tejer los objetivos ambientales en una red mucho más grande de objetivos sociales y económicos tales como la reducción de la pobreza y la creación de una sociedad justa y equitativa. En contraste, la idea de una economía verde es como “desarrollo sustentable diétetico”. Promueve muchos remiendos técnicos y soluciones paliativas y se queda corta al confrontar las raíces de la pobreza, la desigualdad y la opresión que conllevan a la destrucción ambiental. </p>
<p>En un abarrotado evento en Nueva York la segunda semana de marzo, titulado “¿La economía verde de quién?”, el embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, Pablo Solón aseveró que este capitalismo verde con nueva envoltura es una distracción de los temas y compromisos reales que deben discutirse en RIO+20 para lograr el desarrollo sostenible. Advirtió que las nuevas formas de comercialización y especulación que se están proponiendo agudizarán la devastación de la naturaleza y perpetuarán las injusticias actuales. Los pueblos indígenas y los movimientos por la justicia ambiental que luchan contra el acaparamiento de tierras promovido por los esquemas REDD+ están en alerta porque el mismo enfoque de mercantilización se extenderá ahora a los suelos, los océanos y más. Como señala Silvia Ribeiro, activista uruguaya, “en medio de la más grande crisis financiera de la historia, los mismos banqueros que no pueden resolver sus crisis especulativas aseguran que pueden manejar el planeta. No les creemos para nada.” </p>
<p>También es problemática la definición de “tecnologías verdes”, sumamente pobre. El reporte del PNUMA habla orgullosamente de la incineración de biomasa y de los biocombustibles como posibles ingredientes en esta “economía verde”. De lado quedan el aumento en los precios de los alimentos, el acaparamiento de tierras y la contaminación de la atmósfera. El reporte es agnóstico en cuanto a la energía nuclear y prácticamente aprueba los cultivos transgénicos como parte del paquete verde. A su vez, las balas de plata tecnológicas de nueva generación ajustan su propaganda para presentarse como parte de la economía verde. La biología sintética, que hace microbios artificiales con impactos desconocidos para la bioseguridad, se anuncia como la fuente de combustibles y plásticos verdes. La nanotecnología, cuyos problemas de toxicidad recuerdan cada vez más el fiasco del asbesto, se piensa como la solución a la producción de paneles solares y purificación de agua. La geoingeniería —que propone rediseñar el planeta completo con nubes de sulfuro o vertederos de hierro y carbón— podría entrar fácilmente en la amplia definición de “tecnologías verdes”.</p>
<p>Para que RÍO+20 no se convierta en un carnaval de lobos tecnológicos disfrazados de ovejas verdes (y con financiamientos verdes), los gobiernos necesitan ponerse específicos acerca de qué es y qué no es una tecnología “verde y justa” y resucitar el principio de precaución como se acordó en Río hace 20 años. La economía verde necesita algunos vigilantes de confianza. Una propuesta respaldada por varios grupos importantes en Naciones Unidas, es el establecimiento de un mecanismo formal para evaluar las tecnologías nuevas y emergentes —algo como una Convención Internacional para la Evaluación de Nuevas Tecnologías, CIENT. Tal convención podría advertir a tiempo a los gobiernos sobre las imperfecciones de las opciones tecnológicas antes de que sean puestas en operación. Una CIENT podría haber advertido del boom del etanol y sus consecuencias antes de que se dispararan los precios de los alimentos, o podría haber cuestionado las tecnologías energéticas riesgosas mucho antes de la explosión de los pozos petroleros o antes de que el tsunami golpeara en el sistema de enfriamiento del reactor nuclear. </p>
<p>Es trágico saber que los gobiernos lograron un acuerdo sobre una versión de un mecanismo de evaluación de las tecnologías hace 20 años en Río, y nunca lo desarrollaron. Un acto de negligencia por el que estamos pagando hoy en vidas humanas, hambruna y devastación ecológica. </p>
<p>Y para rascar la herida: hace 20 años, los gobiernos en Río fueron lo suficientemente audaces como para plantear una serie de compromisos que podrían habernos rescatado de algunos de los predicamentos en los que nos encontramos hoy, pero nunca cumplieron sus propias promesas. Con menos de 13 meses para la próxima Río, está en nuestras manos exigir que esas promesas, aún tan viejas como son, se cumplan. Es muy importante que esos compromisos no se abandonen en pos de una hueca “economía verde” que apunta a ser un caballo de Troya que continuará la destrucción como la experimentamos ahora. La mala noticia en camino a Río es que los impostores están tomando las riendas. La buena es que tenemos tiempo para organizar campañas masivas para lograr que la Cumbre de la Tierra regrese al carril. No solo se trata de una economía verde. Se trata de un futuro verde, equitativo y justo.    </p>
<p>Jim Thomas es escritor e investigador en el Grupo ETC</p>


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		<title>Un verde muy sucio</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Mar 2011 22:57:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biopiracy]]></category>
		<category><![CDATA[Biotechnology]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<pSilvia Ribeiro*<br />
En varios foros internacionales de Naciones Unidas y otros avanza una nueva ola de discusión –o mejor dicho de cabildeo empresarial– para promover lo que llaman una nueva economía verde. En la reunión de enero 2011 del Foro Económico Mundial en Davos –que reúne anualmente a los intereses económicos más poderosos– el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, llamó a una revolución de libre mercado para la sostenibilidad global, destacando que esta revolución no amenaza sus intereses económicos. Al contrario, llamó a las grandes industrias a invertir en negocios verdes para salir de las crisis financieras y económicas, aprovechando oportunidades en agua, energía y alimentación, así como con el cambio climático. Yvo de Boer, ex secretario de la Convención de Cambio Climático, alabó la posición de Ban Ki-moon y refirió que justamente el principal éxito de las negociaciones climáticas en Cancún había sido crear un mapa de ruta para abrir nuevos mecanismos de mercado (The Guardian, 27/1/2011), insertando el tema del cambio climático en el de la economía verde global.<br />
Es claro que necesitamos cambios profundos y radicales en los patrones de producción y consumo dominantes, incorporando no sólo sostenibilidad ambiental, sino también justicia social y económica en modelos completamente diferentes de relación con la naturaleza y los recursos, cuestionando el propio concepto de desarrollo y de crecimiento, entre muchos otros. Lo que se propone bajo este nuevo orden económico mundial verde, es completamente distinto y muy preocupante. Se trata de ampliar o crear nuevos mercados para las corporaciones –algunos con recursos reales, otros financieros y especulativos– y de utilizar nuevas y peligrosas tecnologías, justificando su uso por los supuestos beneficios verdes que traerían.<br />
La mención de Yvo de Boer es alusiva, entre otras, a la decisión de implementar los programas REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación evitada de bosques), que lejos de ser un programa de protección de bosques, es una forma de mercantilizar las funciones ecosistémicas de éstos y sobre todo, de crear un nuevo mercado financiero con el comercio de carbono, habilitando otra ola de atropellos a los derechos indígenas y a los habitantes tradicionales de los bosques.<br />
Este tipo de programas se encuadra en el marco de otros más generales, como el proyecto TEEB (La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad, por sus siglas en inglés). Es una cara particularmente dañina de esta economía verde, porque se refiere a la introducción al mercado de aspectos de la biodiversidad y los ecosistemas que no estaban en él, que son bienes comunes, colectivos. Además, en todo el mundo quienes habitan y conocen estos ecosistemas son comunidades tradicionales, indígenas, campesinas, pescadores artesanales, comunidades negras, pastores, etcétera, por lo que este tipo de proyectos incluye a menudo incorporar una pequeña parte de éstos como empresarios de la biodiversidad, para justificar avasallar los derechos del resto. Típico del sistema capitalista, se vende la ilusión de que todos podrían ser esa pequeña parte que teóricamente recibirá algún ganancia. Esto genera disputas dentro y entre comunidades que se presten al juego, como ya ha sucedido con proyectos similares (para ver quienes llegan primero a vender un servicio en un mercado finito o quiénes son los dueños de un conocimiento o recursos que son colectivos o compartidos entre varias comunidades, etcétera). Los mercados de servicios ambientales –hidrológicos, forestales, biopiratería– son un antecedente directo de proyectos como TEEB y ya existen muchas pruebas del daño que significan a las comunidades –que son los verdaderos cuidadores de la biodiversidad–, muchas de las cuales terminan perdiendo el acceso a sus recursos y territorios.<br />
TEEB surgió en 2007 como proyecto a partir de una reunión del G8+5. Los cinco gobiernos agregados fueron Brasil, China, India, México y Sudáfrica –todos gobiernos de países megadiversos interesados en comerciar su biodiversidad. Luego fue integrado en la Iniciativa de Economía Verde del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).<br />
Con la crisis financiera, la valoración del capital natural que entraña TEEB aparece como un excelente mercado frente al quiebre de otros mercados especulativos. Por ello no es extraño que el coordinador sea Pavan Sukhdev, un director del Deutsche Bank que venía de trabajar el tema de la valuación económica de la biodiversidad para el Foro Económico de Davos, y según el cual, es un mercado multibillonario.<br />
Este contexto y el apoyo desde organismos de Naciones Unidas (PNUMA, inserción en Convenios y en el proceso de Río+20) hace que aunque la filosofía de fondo no sea nueva, estas iniciativas son más peligrosas. Hay un afán recargado por ponerle precio a todo lo que integra la biodiversidad y sus funciones, paradójicamente a partir del aparente reconocimiento de que la erosión de la biodiversidad es uno de los mayores problemas globales que sufrimos.<br />
En las presentaciones sobre TEEB, Sukhdev repite que aquello que no se mide no se puede gestionar. Es lo opuesto del pensamiento de los pueblos tradicionales que realmente conocen y gestionan la biodiversidad desde hace milenios. Un comunero wixarika decía sobre su maíz y la biodiversidad que los acompaña: si lo cuento no alcanza, así que no lo cuento y siempre alcanza. Sin duda, un elemento fundamental en la resistencia a estas nuevas trampas: no dejar que nos engañen con sus lógicas.<br />
*Investigadora del Grupo ETC<br />
Publicado en La Jornada, 12 de febrero de 2011</p>
<p>Silvia </p>


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