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	<title>ETC Blog &#187; Sustainable Agriculture</title>
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	<description>(et cet er a) and other things; such as human rights, biodiversity, biopiracy, converging technologies, global governance and corporate concentration. An experimental growing plot for news, views and new ideas.</description>
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		<title>Industria animal: terminando los mitos</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 23:39:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[*Silvia Ribeiro El aumento del consumo de carne se presenta a menudo como un índice de desarrollo, como sinónimo de mejor dieta. Sin embargo, las cifras de hambre en el mundo indican que en paralelo al aumento global de producción industrial de carnes, aumentó el número de hambrientos a más de 925 millones de personas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span>*Silvia Ribeiro</p>
<p>El aumento del consumo de carne se presenta a menudo como un índice de desarrollo, como sinónimo de mejor dieta. Sin embargo, las cifras de hambre en el mundo indican que en paralelo al aumento global de producción industrial de carnes, aumentó el número de hambrientos a más de 925 millones de personas, mientras otros mil millones padecen malnutrición y otros mil millones son obesos.<br />
</span></p>
<p><span>Tal como sucede con la agricultura industrial, el volumen de producción no tiene nada que ver con que llegue a los que necesitan alimentos. La cría industrial e intensiva de animales está controlada por oligopolios trasnacionales, que venden a quienes puedan pagar, mientras sus métodos de cría y ocupación de tierras y aguas, desplazan a la producción de pequeña escala, basada en la diversidad y que realmente llega a los que necesitan alimento.</p>
<p>Desde la industria de la genética animal (que define qué especies y razas llegarán al consumo) pasando por la producción de piensos y forrajes, hasta la cría y los productos derivados, es una industria concentrada en pocas transnacionales. Solamente unas 4-5 empresas dominan el sector de genética animal (Hendrix Genetics, Tyson, Genus, Erich Wesjohann Group). Seleccionan aves, toros y cerdos hasta provocar una increíble uniformidad de razas, e incluso de individuos en el mercado global (ya que un gallo o un toro pueden ser origen de millones de individuos, haciéndolos uniformes y más vulnerables a epidemias). Las 10 mayores empresas de forrajes, entre ellas Cargill, Tyson, Purina, Brasil Foods (fusión Sadia y Perdigão) y otras asiáticas, dominan 52 por ciento del mercado global. Definen qué se usará para forraje, manipulando por ejemplo para que todo ganado del planeta deba comer maíz y soya, gran negocio para las cerealeras y para Monsanto, Syngenta y otros productores de transgénicos y venenos. La producción y distribución de cárnicos también está en manos de pocas empresas, incluyendo varias de los eslabones anteriores.</p>
<p>En realidad, la cría industrial de animales no reduce sino que produce hambre, ya que al menos una tercera parte de las tierras de cultivo del mundo y más de 40 por ciento de la producción de cereales va para forrajes que abastecen esa industria. Si se destinaran directamente a seres humanos, se cubrirían las necesidades calóricas de 3 mil 500 millones de personas, la mitad de los habitantes planeta.</p>
<p>Además la cría industrial de animales es uno de los factores más pesados de cambio climático: incluyendo transversalmente todos los procesos relacionados y productos derivados, es responsable de un exorbitante 51 por ciento de emisiones de gases de efecto invernadero. (R.Goodland y J Anhang, World Watch, 2009). Esta industria es también la principal generadora de nuevas enfermedades virales y bacterianas. Según la FAO, en los últimos 15 años, 75 por ciento de las enfermedades humanas epidémicas han sido de origen animal (como gripe aviar y gripe porcina) y 60 por ciento de los patógenos humanos son considerados zoonóticos (provienen de enfermedades animales que mutaron para infectar humanos).</p>
<p>Por si fuera poco, los grandes establecimientos de cría confinada crean problemas ambientales y de salud monstruosos: contaminan vastas áreas de suelos, aguas y aire mucho más allá de sus establecimientos. Esto motivó que muchas de estas sucias empresas se trasladaran de Estados Unidos a México y otras partes del sur global, buscando regulaciones ambientales y fiscalización más laxas.</p>
<p>Un caso que reúne todo lo aquí descrito es la producción de cerdos de Granjas Carroll (propiedad de Smithfield, la mayor productora de cerdos a nivel global), en el valle de Perote, Veracruz, donde se originó la gripe porcina y donde sus habitantes viven enfermos por la contaminación.</p>
<p>La demanda de forraje para la cría industrial de pollos, cerdos y ganados, es también lo que se oculta tras la justificación de que se debe importar y sembrar maíz transgénico en México. Según Ana de Ita, del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam), en 2010 se produjeron en México 23.3 millones de toneladas de maíz y se importaron más de 8 millones. El consumo humano directo fue de 11.8 millones mientras el pecuario alcanzó 16 millones y cerca de 4 millones de toneladas fueron para otros usos industriales. Es decir, México produce el doble del maíz que necesita su población.</p>
<p>La producción pecuaria en México está dominada por empresas transnacionales, al igual que la mayoría de la provisión de forrajes, que proviene de trasnacionales como Cargill y ADM. Esta concentración trasnacional se exacerbó a partir del TLCAN, que desplazó la producción pecuaria pequeña, que permitía producir en forma descentralizada, con diversidad de forrajes locales, con mejor calidad, sin generar aberraciones ambientales, dando trabajo a mucha más gente y por tanto erradicando el hambre desde el origen: la marginación y falta de medios para producir.</p>
<p>Por tanto, es necesario terminar también con ese mito: México no necesita importar maíz, si se hace es para abastecer el negocio de unas trasnacionales comprando a otras trasnacionales. Que a su vez debilitan el mercado interno de producción de maíz y devastan los sistemas agrícolas campesinos, que se vuelven mucho más vulnerables frente al cambio climático, heladas y sequías. En lugar de todo esto, se debería apoyar la producción campesina y de pequeña escala, que sería mucho más sana para todos.<br />
</span></p>
<p align="RIGHT"><span style="font-family: Calibri,Verdana,Helvetica,Arial;">Datos tomados del informe ¿<em>Quién controlará la economía verde?</em>, ETC Group, www.etcgroup.org/es/node/5298 &lt;<span style="color: #0000ff;"><span style="text-decoration: underline;"><a href="http://www.etcgroup.org/es/node/5298">http://www.etcgroup.org/es/node/5298</a></span></span>&gt; </span></p>
<p>&nbsp;</p>


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		<title>Apartheid climático</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 16:20:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* Los resultados de la conferencia mundial de cambio climático realizada a principios de diciembre en Durban, Sudáfrica, son una condena a la humanidad, especialmente a los países del Sur más afectados por el caos climático, mientras que los grandes contaminadores evadieron cualquier responsabilidad u obligación y aseguraron los mercados de carbono para seguir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>Los resultados de la conferencia mundial de cambio climático realizada a principios de diciembre en Durban, Sudáfrica, son una condena a la humanidad, especialmente a los países del Sur más afectados por el caos climático, mientras que los grandes contaminadores evadieron cualquier responsabilidad u obligación y aseguraron los mercados de carbono para seguir lucrando con falsas soluciones a la crisis. Como denunció la red internacional Justicia Climática Ahora, significó el establecimiento de un apartheid climático global para mantener los privilegios de una minoría a costa de todos los demás.</p>
<p>El problema nodal es la ausencia de medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que llevará a un aumento mínimo de 4 grados en la temperatura media global en tan sólo unas décadas. En el último siglo, el capitalismo industrial provocó un aumento de la temperatura promedio de 0.8 grados centígrados, que se traduce en desarreglos climáticos, como huracanes, sequías, inundaciones, menor rendimiento de cultivos, derretimiento de glaciares y de hielos permanentes que liberan grandes cantidades de metano, gas que tiene 20 veces peor efecto invernadero que el dióxido de carbono. Según los reportes científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), para que el aumento de la temperatura no supere los 2 grados centígrados al 2100, es necesario reducir las emisiones de gases de 25 a 40 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Un aumento de 2 grados tendría consecuencias devastadoras para muchos países, incluso podrían desaparecer estados insulares. Cuatro grados es más de lo imaginable y en algunas zonas, como las más secas de África, se traduciría en aumentos de 7-8 grados.</p>
<p>El protocolo de Kioto estableció metas de reducción obligatorias para los países industrializados con mayores emisiones (listados en su Anexo 1) de apenas 5 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Aún así, Estados Unidos –que de todos modos no firmó el protocolo–, exigió que se pudieran usar mecanismos de mercado para la reducción de emisiones, con lo cual muchas supuestas reducciones son solamente transacciones virtuales. Los mercados de carbono no han servido para nada frente a la crisis climática, pero abrieron jugosos frentes especulativos con la venta de créditos de carbono. Con muy malas notas y sin efecto para bajar las emisiones, el Protocolo de Kioto finalizará su primer periodo de compromisos en 2012. Muchos gobiernos de países del Sur querían abrir un segundo periodo de compromisos, con metas mínimas acordes a las necesarias según el IPCC. Pero ya en la conferencia de cambio climático en Cancún en 2010, en lugar de compromisos obligatorios se aceptó declarar promesas, que si se cumplieran (improbable), no llegarían más que a reducciones de 13 a 17 por ciento.</p>
<p>Con un proceso antidemocrático e irregular como en Cancún, en Durban se aprobó de todos modos un segundo periodo del protocolo de Kyoto, pero como un cascarón vacío. Sin metas de reducción, sin compromisos vinculantes, sin mecanismos de control de reducciones del Anexo 1, pero cargando de obligaciones a los demás países que no están entre los contaminadores históricos. Estas medidas aplicarán a todos, aunque teóricamente se dirigen a los países de economías emergentes como China e India, que actualmente están entre los mayores emisores globales, aunque sólo en los últimos años –contra todo el siglo XX de los del Anexo 1– y que las emisiones per cápita de la India son 10 veces menores que las de Estados Unidos. Pese a este acuerdo leonino, que terminó con el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que existía en el convenio, igual se retiraron del Protocolo, Canadá, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Rusia, sumándose a Estados Unidos.</p>
<p>La Unión Europea aprovechó la situación para negociar su firma para un segundo periodo de Kioto, imponiendo sus condiciones: sin metas obligatorias y abriendo un nuevo proceso de negociaciones que sustituya al Protocolo de Kioto en 2020. Este proceso y plazo, que querían todos los países del anexo 1, es para terminar de eliminar cualquier obligación de reducción, presionar a las economías emergentes y traspasar la responsabilidad de la crisis climática a las poblaciones de países pobres del sur, a través de mecanismos de mercado, que nuevamente, favorecen a las trasnacionales de los países industrializados. En lugar de cambiar de modelos de producción y consumo en esos países, se comercia con el espacio que no contaminan los países del Sur, a través de mecanismos altamente perversos como REDD en bosques. Se aseguró además la continuidad y nuevos mecanismos de mercado, se introdujo la discusión de usar agricultura y suelos como sumideros de carbono y se aceptaron tecnologías de alto riesgo, como la captura y almacenamiento de carbono en lechos marinos y formaciones geológicas, tecnología que promueve el uso de más petróleo, gas y carbón, legando el riesgo de escapes catastróficos a generaciones futuras.</p>
<p>Tanto el Fondo Verde para el Clima, como el nuevo Comité de Tecnología quedaron bajo la égida del Banco Mundial, que los usará para imponer más condiciones. Se estableció <em>de facto</em> carta blanca a la transferencia de tecnologías, sin cuestionar patentes ni aplicar el principio de precaución, lo cual resultará en dumping de tecnologías peligrosas, subsidiando a las trasnacionales.</p>
<p>Tanta irresponsabilidad ante las crisis y con las generaciones futuras contrastó con la riqueza de propuestas desde las organizaciones y movimientos sociales, que convocaron a la resistencia contra el nuevo <em>apartheid</em> global.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 17 de diciembre de 2011</p>


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		<title>Transgénicos contra la apicultura</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2011 20:12:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro*   A los muchos impactos negativos que conllevan los transgénicos, se suma ahora el golpe contra la producción apícola nacional, porque la miel está contaminada –o podría estarlo en el futuro cercano– con polen transgénico. Es otra tragedia anunciada –como la contaminación transgénica del maíz y otros cultivos– que las autoridades mexicanas decidieron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia<span style="text-decoration: underline;"> Ribeiro*</span></p>
<p align="center"><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>A los muchos impactos negativos que conllevan los transgénicos, se suma ahora el golpe contra la producción apícola nacional, porque la miel está contaminada –o podría estarlo en el futuro cercano– con polen transgénico. Es otra tragedia anunciada –como la contaminación transgénica del maíz y otros cultivos– que las autoridades mexicanas decidieron ignorar, para favorecer las ganancias de unas pocas transnacionales.</p>
<p>En esa misma línea, Juan Elvira, Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, afirmó recientemente que se podrían sembrar grandes superficies de maíz transgénico en el norte del país, sin colocar en riesgo los maíces nativos o la biodiversidad. Un aporte más al concierto de falsedades que repiten las autoridades de que los transgénicos servirían para aumentar la producción o para enfrentar el cambio climático, cuando la realidad –no los mitos y la propaganda pagada– muestran lo contrario.</p>
<p>El tema de la contaminación transgénica de la miel se puso de manifiesto luego de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenciara el 6 de septiembre 2011 que la miel que contenga más de 0.9 por ciento de polen transgénico deberá ser etiquetada como producto que contiene transgénicos, o si contiene polen transgénico de variedades no autorizadas para el consumo humano (como el maíz Bt Mon810 de Monsanto ) no se podrá comercializar.</p>
<p>El caso fue presentado por un apicultor de Baviera, Alemania, cuyas colmenas se contaminaron con polen de maíz Bt Mon810 proveniente de un cultivo experimental, es decir, ni siquiera por grandes superficies, y supuestamente, en condiciones de “bioseguridad”.</p>
<p>En México, gracias a los dictámenes de la Semarnat y la Sagarpa, se han aprobado 19 siembras experimentales de maíz transgénico que contienen ese cuestionado gen Mon810, así como decenas de miles de hectáreas de otros transgénicos que amenazan la biodiversidad, el futuro de la apicultura mexicana y a las miles de familias campesinas que dependen de ella.</p>
<p>Con este trasfondo y con gran preocupación, la Organización Nacional de Apicultores (ONA) convocó el 9 de noviembre 2011 el Foro “Organismos genéticamente modificados y su impacto en la apicultura”, con el apoyo de la Comisión Especial de Seguimiento a las Evaluaciones del Programa Especial Concurrente para el Campo, de la Cámara de Diputados. En el evento expusieron diversos expertos en los temas de transgénicos, biodiversidad y apicultura. Monsanto fue invitada al panel pero no se presentó, solamente se le ve en foros empresariales y de altos niveles políticos, donde asisten sus aliados y los que podría comprar en el futuro. En el foro de la ONA los asistentes eran mayoritariamente apicultores campesinos –sus próximas víctimas.</p>
<p>Al igual que en el caso del maíz, más del 80 por ciento de los productos apícolas en México son campesinos que usan métodos tradicionales. La polinización que hacen las abejas es un elemento fundamental de la producción agrícola y de la biodiversidad.</p>
<p>Miguel A. Munguía de la sociedad cooperativa Educe de Yucatán, explicó que México es el tercer exportador de miel a nivel mundial y 40 por ciento de ésta se obtiene en la península de Yucatán, zona donde el 98 por ciento de la miel se exporta a Europa, proveyendo sustento a 25 mil familias campesinas, en las épocas de mayor necesidad, cuando baja la producción de cultivos.</p>
<p>En esa zona se han aprobado en los últimos años varias experiencias con transgénicos, en áreas cada vez mayores. Para 2011-2012, Monsanto solicitó la siembra piloto de 30 000 hectáreas  de soya transgénica en varios municipios de producción apícola campesina (“piloto” es un eufemismo, en realidad es comercial porque es a campo abierto y se puede vender). Esto equivale a condenar a muerte la exportación de miel desde esas áreas.</p>
<p>Además de la contaminación de miel por polen transgénico, que se aumentaría exponencialmente en el caso del maíz, los transgénicos también aumentan el uso de glifosato y otros agrotóxicos que dañan la producción apícola y la biodiversidad, además de contaminar tierra, fuentes de agua y tener impactos severos a la salud de los pobladores, especialmente de los niños.</p>
<p>En el foro se presentaron también datos científicos basados en el análisis de más de una década de producción en Estados Unidos, el mayor productor mundial de transgénicos,  que confirman que la soya transgénica produce menos que la híbrida. En el caso del maíz, la producción es similar a la de los híbridos, pero el precio de la semilla y los riesgos a la biodiversidad son mucho mayores.  Además, la producción actual de maíz en México es sobradamente suficiente para las necesidades alimentarias de la población y también gran parte de la pecuaria y otros usos. Las importaciones de maíz transgénico son solamente por la demanda de transnacionales de la industria pecuaria que operan en México, y no serían necesarias si la producción pecuaria  fuera en pequeña escala, con forrajes diversificados.</p>
<p>Se aportaron muchos más datos , pero a modo de resumen, se mostró claramente que los transgénicos no se necesitan, que no producen más, que usan más tóxicos y que colocan en riesgo el maíz en su centro de origen, la biodiversidad y ahora además, la apicultura y la miel, un importante producto de exportación del país. Por todas estas razones, los apicultores se suman a la vasta mayoría de la población que exige que se deben frenar los transgénicos en México.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 19 de noviembre de 2011</p>


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		<title>Cuidado con la economía de la biomasa</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2011 20:25:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Jim Thomas Cuándo sus defensores hablan de la “economía verde”, gran parte de lo &#8220;verde&#8221; que tienen en mente es literalmente de color verde. Las hojas, brotes, ramas, algas, hierbas y otras materias vivientes que el planeta genera en aparente abundancia es ahora un blanco de primera línea para la explotación comercial, desde la visión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jim Thomas</p>
<p>Cuándo sus defensores hablan de la “economía verde”, gran parte de lo &#8220;verde&#8221; que tienen en mente es literalmente de color verde. Las hojas, brotes, ramas, algas, hierbas y otras materias vivientes que el planeta genera en aparente abundancia es ahora un blanco de primera línea para la explotación comercial, desde la visión industrial emergente de la llamada bio-economía (<em>bio-based economy</em>).  Para los nuevos bioindustriales de la economía verde, toda esa materia viva que antes se llamaba la &#8220;biodiversidad&#8221; tiene un nuevo nombre – hoy en día se lo conoce como &#8220;biomasa&#8221;. La Tierra produce 230 mil millones de toneladas de biomasa cada año y en las próximas décadas podemos esperar apropiaciones de tierras, batallas legales y guerras, a medida que las industrias y las naciones luchen por controlar el acceso a la última partícula de esta profusión verde.</p>
<p>Conozca la economía de la biomasa: un orden económico emergente basado en un simple cambio en la química. Pues, la economía mundial opera actualmente sobre la base de materias primas de hidrocarburos extraídos de las profundidades -principalmente carbón, petróleo y gas-. A medida que esas fuentes de &#8220;carbón negro&#8221; se vuelven más costosas, las empresas comienzan a ver mucho más atractiva la explotación del &#8220;carbono verde&#8221; de la biomasa, almacenada encima del suelo en los bosques, los campos agrícolas y los océanos.</p>
<p>En términos moleculares este carbono de la superficie es compuesto principalmente de carbohidratos (azúcares) como la celulosa. Los carbohidratos son como los hidrocarburos, pero con unos átomos adicionales de oxígeno. Es plenamente posible operar las economías industriales a base de carbohidratos, sin embargo también es posible usar la química y la biotecnología para transformar los carbohidratos en hidrocarburos: o sea, convertir árboles, cultivos o pastos en petróleo y plásticos a los que nuestra economía está adicta. Ese recambio tecnológico permite un giro de estrategia de las compañías petroleras, que recurren a la biomasa para producir los mismos productos que ya fabrican y para liquidar los bosques y tierras de cultivo, en lugar de hacer perforaciones en las profundidades del océano.</p>
<p>El cambio a la biomasa podría ser sumamente rentable. El cultivo, la cosecha, la comercialización y la transformación de la biomasa en productos y servicios comerciales ya está generando miles de millones de dólares. El Foro Económico Mundial estima que la economía de la biomasa tendrá un valor de unos 300 mil millones de dólares en 2020, pero la cifra real bien podría alcanzar medio billón de dólares.</p>
<p>Las industrias que ahora están adoptando el modelo de producción con biomasa incluyen desde empresas de química, las grandes petroleras, y corporaciones gigantes de la biotecnología, silvicultura y agroindustria, hasta los productores de perfumes, textiles, el sector de la construcción y el comercio de carbono: industrias cuyo valor neto total suma más de 17 billones de dólares. Un comercio mundial de la biomasa (astillas, aserrín y <em>pellets</em> o gránulos) está emergiendo muy rápidamente y para el año 2015 podría estar distribuyendo no menos de 19 millones de toneladas de biomasa. Las siguientes tres áreas industriales de la economía de la biomasa son las que más rápidamente están creciendo:</p>
<p><em>Bio-electricidad:</em> La forma más económica y sencilla de extraer valor de la biomasa es quemarla. En la actualidad existe una ofensiva masiva en todo el sector eléctrico para reemplazar o complementar la quema de carbón, gas y petróleo para la generación de electricidad, con la quema de biomasa. Las plantas de generación de energía con biomasa suministran más de 54 GW de electricidad en todo el mundo en más de 50 países, consumiendo grandes cantidades de madera y otras materias primas.</p>
<p>Aparte de engullir grandes extensiones de bosques y plantaciones para satisfacer estas demandas, la quema de biomasa también presenta riesgos significativos para la salud de las comunidades situadas cerca de las plantas de energía. El humo de madera, por ejemplo, contiene muchos compuestos tóxicos, agrava las enfermedades respiratorias y libera partículas contaminantes peligrosas. Ya se cuenta entre 2,7 y 3 millones de personas que mueren anualmente a causa de la inhalación de humo de leña. Tampoco la quema de biomasa reduce las emisiones de dióxido de carbono, más bien produce incluso más CO2 en la chimenea por unidad de energía que el carbón que reemplaza. Eso es antes de evaluar la liberación de carbono por la tala de bosques, el cultivo de biomasa y el transporte de la materia vegetal. Teniendo en cuenta los costos de las emisiones de carbono para la producción y recolección de materias primas de biomasa, afirmar que la energía de biomasa es neutra -o incluso negativa- en emisiones netas de carbono, es simplemente un mito.</p>
<p><em>Biocombustibles:</em> La producción de combustibles líquidos (los llamados biocombustibles o agrocombustibles) a partir de la biomasa es el arquetipo de la nueva bio-economía y también la parte más controvertida. Cifras del Banco Mundial revelan que hasta un 75% del aumento global en los precios de los alimentos en 2008, que provocó hambre y disturbios masivos a través del mundo, se debió a las políticas sobre biocombustibles de los EE.UU. y Europa que canalizaban maíz, soja y otros productos alimenticios hacia la producción de combustibles.</p>
<p>Hoy, el tren de los biocombustibles de nuevo arranca a todo vapor, con las inversiones dirigidas a los llamados &#8220;de nueva generación&#8221;. Estos incluyen a los biocombustibles extraidos de materias primas no alimentarias, como la caña de azúcar y la jatropha (un arbusto que produce nueces), biocombustibles avanzados que son hidrocarburos y se comportan de manera muy similar al petróleo, así como nuevos combustibles que se hacen de árboles, pastos y las partes leñosas de las plantas (llamados biocombustibles de celulosa), o de algas de estanque (combustible algal). Al menos 200 empresas están trabajando en el desarrollo de estos biocombustibles de &#8220;nueva generación&#8221; y las empresas más avanzadas están ahora bajo la propiedad o asociadas con las grandes empresas petroleras como Shell, BP, Chevron, Total y Exxon. Muchas de ellas también están empleando una forma extrema de ingeniería genética, de alto riesgo, conocida como biología sintética, donde microbios artificiales se utilizan para fermentar la biomasa en combustibles.</p>
<p><em>Bio-químicos y plásticos:</em> Si no es ético convertir los alimentos en combustibles, debería ser doblemente motivo de preocupación que se conviertan en bolsas de plástico y botellas de champú, pero esa es exactamente la estrategia seguida por la industria química. El Foro Económico Mundial predice que el 9% de todos los productos químicos se fabricarán a partir de biomasa en lugar de petróleo, para el año 2020, con el sector de bioplásticos a la cabeza. Se estima que cerca de 3.2 millones de toneladas métricas de plásticos tendrán una base biológica para el año 2015. ADM, Cargill, Coca Cola, Procter and Gamble y otras están impulsando el mercado de los bioplásticos. Los venden como una opción &#8220;verde&#8221; para los consumidores, a pesar de que muchos bioplásticos no pueden ser reciclados ni son biodegradables, y en algunos casos llevan la misma amenaza de toxicidad que los plásticos a base de petróleo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Una amenaza a los ecosistemas</strong></p>
<p>En el contexto de la economía verde, es importante reconocer que lo que parece un recambio bien intencionado del uso de las materias primas fósiles, es en realidad un acaparamiento: de tierras, medios de subsistencia y ecosistemas. El abastecimiento de biomasa para un cambio tan importante en la economía global va a requerir la conversión de grandes extensiones de tierra para la producción de materia prima de biomasa -particularmente la expansión de monocultivos de caña de azúcar y de celulosa- un cambio de las prioridades agrícolas de los alimentos a nuevos cultivos de rápido crecimiento como el miscanthus y el bambú y un gran aumento en el cultivo de algas en los desiertos y las regiones costeras.</p>
<p>La biomasa no está distribuida uniformemente en todo el planeta. El 86% de la producción anual de biomasa se encuentra en los trópicos, por lo que es a las zonas tropicales de América Latina, África Subsahariana y el Sudeste de Asia que los nuevos dueños de la biomasa están volcando su atención. El Banco Mundial calcula que el 21% de la apropiación de tierras en el mundo en los últimos años es impulsado por la necesidad de tierra para cultivar materias primas de biomasa. Mientras tanto, las comunidades que viven en la selva están reportando un aumento de la destrucción de los bosques para producir astillas de madera para el nuevo comercio de biomasa. A medida que las comunidades tradicionales son desplazadas de sus tierras, a veces a la fuerza y con violencia, la nueva economía industrial de la biomasa desaloja formas de sustento más antiguas y verdaderamente sostenibles, basadas en la biomasa.</p>
<p>Por supuesto, a la nueva industria de la biomasa le gusta presentarse como &#8220;sostenible&#8221; y basada solo en recursos renovables abundantes; sin embargo, la civilización humana ya se apropia del 24% de toda la biomasa mundial y el resto no es suficiente para cumplir con las tareas de limpiar el aire, mantener el ciclo del agua, capturar el carbono y proporcionar las funciones ecológicas esenciales requeridas para mantener la integridad ecológica. De acuerdo con una forma de medición (La Huella Global), ya estamos usando un 50% más de la cantidad de biomasa que se puede eliminar de forma sostenible de los ecosistemas del planeta. Para el año 2050 probablemente se elevará al doble la cantidad de biomasa cuya eliminación sería sustentable. Es una proposición insostenible, que acumulará una deuda ecológica de la que la naturaleza no tiene ninguna manera de resarcirse. Lejos de salvar el planeta, la defensa central de biomasa en la visión de la economía verde podría profundizar en forma catastrófica nuestras crisis ambientales, a la vez que despojar a las mismas comunidades que ofrecen un modelo de vida de utilidad real, con base biológica. <em>(Traducción ALAI).</em></p>
<p>Jim Thomas – es miembro del Grupo ETC, capítulo Canadá.</p>
<p>Para una mirada más profunda a la amenaza de la economía de la biomasa, consulte: “<strong>Los nuevos amos de la biomasa. Biología sintética y el próximo asalto a la biodiversidad.” </strong>http://www.etcgroup.org/es/node/5253</p>
<p>Publicado en ALAI, Ecuador, 11 de octubre de 2011</p>


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		<title>La amarga miel de los transgénicos</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Oct 2011 15:28:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biotechnology]]></category>
		<category><![CDATA[Corporate Concentration]]></category>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro*   Maíces transgénicos Bt de Monsanto están provocando resistencia en los gusanos de la raíz que atacan el maíz, plaga que según la transnacional están diseñados para combatir.  El entomólogo Aaron Gassman de la Universidad del Estado de Iowa, encontró en investigaciones recientes, que las larvas de un escarabajo del maíz desarrollaron inmunidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*<br />
 <br />
Maíces transgénicos Bt de Monsanto están provocando resistencia en los gusanos de la raíz que atacan el maíz, plaga que según la transnacional están diseñados para combatir.  El entomólogo Aaron Gassman de la Universidad del Estado de Iowa, encontró en investigaciones recientes, que las larvas de un escarabajo del maíz desarrollaron inmunidad a la toxina Bt, por la exposición continua a ésta que implican los cultivos transgénicos insecticidas.<br />
 <br />
Mientras Monsanto dice que es solamente un hallazgo localizado, Tom Philpott, de la revista Mother Jones, analiza los hechos y nos recuerda que es como encontrar una cucaracha en la alacena: aunque sólo veamos una, es señal de que la infestación ya se ha extendido (MotherJones.com, 8 sept 2011).<br />
 <br />
En efecto, investigadores de la Universidad de Illinois que tienen estudios similares en curso, advierten que el fenómeno se podría estar expandiendo por todo el cinturón maicero de Estados Unidos.  Monsanto, Syngenta, DuPont y otras transnacionales de transgénicos culpan –como siempre– a los agricultores: afirman que si los agricultores respetaran la obligación de plantar un mínimo de 20% del área con maíz no transgénico, esto no hubiera sucedido.  Pero por las dudas, aseguran que ya están desarrollando transgénicos para matar insectos por otras vías. O, como todas ellas están entre las mayores vendedoras de agrotóxicos del globo, recomendarán usar más cantidad de veneno y más tóxico.<br />
 <br />
Este inminente desastre ­­–la plaga del gusano de la raíz es un problema serio en Estados Unidos y México, por lo que la resistencia podría convertirse en una catástrofe–, se suma al hecho reconocido por las autoridades de los mayores países cultivadores de transgénicos, de que se han generado más de 20 hierbas invasoras (mal llamadas malezas) resistentes al herbicida glifosato, desde que se comenzó con los transgénicos. Algunas, como el amaranto, se han transformado en una “plaga” que hacen inviable los cultivos, porque solo se pueden retirar manualmente. Por ello, en esos países se están aplicando agrotóxicos cada vez más peligrosos, como Dicamba y otros que se habían retirado de los mercados por su alta toxicidad e impactos en la salud y ambiente.<br />
 <br />
También a principios de septiembre 2011,  el Tribunal de Justicia Europeo, prohibió la venta de miel contaminada con polen de maíz transgénico. El caso lo presentó un agricultor de Alemania, que se contaminó porque sus colmenas estaban a 500 metros de donde el gobierno de Baviera colocó un campo experimental de maíz transgénico Mon810, evento que ha sido prohibido en varios países europeos. Esto ya tiene un impacto contra los exportadores de miel de países como Chile y Argentina, donde hay cultivos de maíz transgénico, que perderán el mercado. El caso muestra que la contaminación es inevitable cuando los transgénicos llegan al campo, incluso tratándose de cultivos experimentales.<br />
 <br />
Todas las situaciones y daños referidos se aplican a México, ya que existen las mismas condiciones o incluso peores: si en Estados Unidos los agricultores no respetan las demandas de cultivos “refugio”, imaginen como será aquí si se autoriza la siembra comercial.<br />
 <br />
Sin embargo, el gobierno mexicano, desoyendo los argumentos y recomendaciones de la mayoría de los científicos y expertos nacionales en maíz, así como de cientos de organizaciones indígenas, campesinas, ambientalistas, sociales, sindicales y muchas otras, se empeña, contra casi toda la población, en seguir autorizando siembras experimentales de maíz transgénico –incluso con las mismas variedades que se nombran en este artículo y otras peores–, e insiste en aprobar siembras “piloto”, que no son más que una formalidad para la posterior siembra comercial a gran escala.<br />
 <br />
La principal razón que arguye para ello, es la necesidad de aumentar la producción de maíz en México, ya que se importa más del 30 por ciento del consumo de maíz en el país.  Si bien esta cifra de importación es real, esta forma de plantearlo oculta datos fundamentales. Para empezar, el maíz transgénico produce lo mismo o menos que el híbrido, aunque es mucho más caro.<br />
 <br />
Pero además, si se analizan las propias cifras oficiales, México es sobradamente autosuficiente en maíz para alimentar a toda la población e incluso para una buena parte de otros usos, como alimentación animal y otros.<br />
 <br />
El maíz que se importa es para abastecer la demanda construida por unas cuantas empresas trasnacionales, principalmente para la producción industrial y confinada de aves, cerdos y ganado, que por la forma de cría son una pésima fuente de alimento humano, llenos de diversas sustancias químicas como antibióticos y hormonas. Además esas fábricas son un factor de brutal contaminación de suelos, aire y aguas. Si esa cría animal fuera descentralizada, en pequeña escala y basada en una diversidad de forrajes, alcanzaría el maíz y la producción animal dejaría de ser un problema, sería mucho más sana, dando trabajo y alimento a muchísima más gente,  mientras promueve las culturas, la biodiversidad y la soberanía alimentaria.<br />
 <br />
En su lugar, la apuesta del gobierno es autorizar la siembra de maíz transgénico de las trasnacionales, para dárselo barato a otras trasnacionales, que se han ido apropiando de cada vez más sectores de la producción alimentaria en México. De paso, contaminar transgénicamente el maíz campesino, lo cual destruirá la miel y muchas otras producciones campesinas y orgánicas.<br />
 <br />
*investigadora del Grupo ETC</p>


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		<title>Los criollos y el maíz: más leyes para privatizar las semillas</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 16:22:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biopiracy]]></category>
		<category><![CDATA[Biotechnology]]></category>
		<category><![CDATA[CGIAR/Seeds]]></category>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* Mientras en el continente crecen las protestas contra las patentes y “derechos de obtentor” sobre las semillas, en México esto se promueve en las leyes estatales de “Fomento y protección del maíz criollo” que se aprobaron en Tlaxcala y Michoacán. Ahora una diputada del PAN, presentó una iniciativa copiada de éstas, para Oaxaca. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>Mientras en el continente crecen las protestas contra las patentes y “derechos de obtentor” sobre las semillas, en México esto se promueve en las leyes estatales de “Fomento y protección del maíz criollo” que se aprobaron en Tlaxcala y Michoacán. Ahora una diputada del PAN, presentó una iniciativa copiada de éstas, para Oaxaca.</p>
<p>En todo el mundo, las transnacionales están en campaña para monopolizar las semillas, llave de todas las redes alimentarias. En mayo 2011, Chile aprobó en un albazo parlamentario, la incorporación de ese país  a la versión 1991 del tratado UPOV (Unión para la protección de nuevas variedades vegetales, por sus siglas en francés). Ese tratado es marco de los llamados “derechos de obtentor”, que son una forma de registro para privatizar las semillas, prácticamente tan restrictivo como las patentes.  En ambos casos (patentes y derechos de obtentor), se trata de impedir legalmente que las semillas sean de libre circulación, para obligar a comprarlas a las trasnacionales y sobre todo, que no se puedan replantar, es decir que criminalizan el acto esencial de la agricultura: producir, reproducir y usar semillas para la próxima siembra. </p>
<p>Esto desató una ola de protestas de movimientos y organizaciones chilenas (entre otras CLOC Vía Campesina Chile, ANAMURI, Confederación Ranquil, Asamblea Mapuche de Izquierda, Coordinadora de Estudiante por la Agroecología, Marcha Mundial de Mujeres-Chile, TERRAM, Grain, CENDA, CEDEM, RAPAL, OLCA), apoyadas por organizaciones campesinas, indígenas, ambientalistas y sociales de toda América Latina, como la Confederación Latinoamericana de Organizaciones del Campo, la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas y otras.</p>
<p>El 20 de junio 2011, organizaciones campesinas y sociales chilenas presentaron argumentos sobre la inconstitucionalidad de UPOV 91 en una audiencia pública  frente al Tribunal Constitucional de Chile. Camila Montecinos de Grain, señaló que UPOV 91, con los derechos de obtentor “restringe y prohíbe el uso, intercambio y libre acceso a una de las herramientas fundamentales e insustituibles de la agricultura y con ello vulnera el derecho a trabajar y disfrutar de los frutos del trabajo por parte de comunidades indígenas y de mujeres y hombres campesinos y agricultores”.  UPOV 91, continuó Montecinos, “permite la apropiación ilegítima del fruto del trabajo ajeno. El Artículo 1 define como “obtentor” a quien descubra una nueva variedad. Las variedades de cultivos son sin excepción fruto del trabajo humano; no existen variedades de cultivo que hayan surgido por sí solas. Por lo tanto, quien las “descubra” está en realidad teniendo acceso a una obra ajena. Registrarla como propia, en cualquier caso, equivale a un robo” (ver la presentación en www.biodiversidadla.org)</p>
<p>Paradójicamente, en México, los derechos de obtentor y patentes sobre el maíz, además de ser activamente promovidos por las trasnacionales semilleras y de transgénicos y por las leyes nacionales de semillas, se promueven en las leyes estatales mal llamadas de “Fomento y protección del maíz criollo como patrimonio alimentario”.  Esas leyes, que curiosamente llaman criollo al maíz que en México siempre es nativo (criollo quiere decir que vino de otro lado y fue criado aquí), establecen también la instauración de registros de variedades campesinas y directorios de productores, abriendo a las autoridades nuevas oportunidades de intervenir en la autonomía y la vida campesina, coadyuvando para que este control pueda ser utilizado, en conjunto con otras normativas, para criminalizar el libre intercambio y las formas tradicionales campesinas de cuidar las semillas.</p>
<p>A partir de la denuncia que hizo la Red en Defensa del Maíz en marzo 2011, varios hemos denunciado los peligros de estas leyes (ver artículos en La Jornada de Ana de Ita, Ramón Vera,  Álvaro Salgado, entre otros), aunque sus promotores las presentaron como un logro en la defensa contra los transgénicos.  En realidad, estas leyes establecen el canal para aprobar transgénicos a nivel estatal, pero según sus promotores,  tiene “candados” que hacen que tal aprobación debería ser negativa. El argumento es frágil, pero si funcionara para impedir los transgénicos, me daría gusto. Pero como expresé ya en otros artículos, esto está lleno de huecos y es nada más una posibilidad que depende de muchos factores externos, incluyendo quiénes sean las autoridades, factor por demás variable y corruptible en el país.  Y de todos modos, si Monsanto y sus amigos deciden que les interesa realmente entrar en alguno de esos estados, se aplicará la jerarquía de leyes nacionales sobre estatales y los “candados” volarán por los aires.   </p>
<p>Lo que en ningún caso se explica es por qué además estas leyes defienden las patentes sobre la vida,  los derechos de obtentor para el maíz campesino y las denominaciones de origen, todos mecanismos que sólo favorecen a las transnacionales semilleras y de transgénicos, diciendo además que es “parte de la protección y el fomento del maíz criollo”. Salvo que en ese caso el término criollo esté usado literalmente y se refieran a proteger el maíz de Monsanto.</p>
<p>La iniciativa de ley presentada en Oaxaca replica los mecanismos de control contra las comunidades y semillas campesinas e introduce otros elemento perversos, como la necesidad de “validar las razas”, para comprobar “su autenticidad”.  Un nuevo ejemplo de que quienes promueven estas leyes, en el mejor caso, no entienden lo que de verdad hay que defender.</p>
<p>El maíz no existe sin las comunidades que lo crearon. Defender el maíz, es defender los derechos integrales de los pueblos indios y campesinos, no leyes para que los gobiernos los controlen mejor.</p>
<p>*investigadora del Grupo ETC<br />
Publicado en La Jornada, 16 de julio de 2011</p>


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		<title>Río+20: ¿Una nueva economía verde, o la misma vieja economía maquillada?</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Apr 2011 20:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[BANG - Converging Technologies]]></category>
		<category><![CDATA[Civil Society]]></category>
		<category><![CDATA[Climate Change]]></category>
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		<category><![CDATA[Geo-engineering]]></category>
		<category><![CDATA[Global Governance]]></category>
		<category><![CDATA[Sustainable Agriculture]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><Río+20: ¿Una nueva economía verde, o la misma vieja economía maquillada?</p>
<p>Por Jim Thomas</p>
<p>Les tengo buenas y malas noticias sobre el futuro de nuestro planeta.<br />
Primero las buenas noticias. El año próximo tendrá lugar una reunión global sobre el destino de La Tierra, una cumbre de abolengo. Formalmente llamada Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, esta reunión se conoce como RÍO+20 porque se realizará 20 años después de la primera Cumbre de la Tierra en Río en 1992. Aquella primera reunión (a su vez 20 años después de la igualmente importante Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano en Estocolmo) nos heredó un montón de joyas de la política internacional: la Convención sobre el Clima, el Convenio sobre Diversidad Biológica, la Comisión para el Desarrollo Sostenible, el Principio de Precaución, una larga y ambiciosa lista de promesas conocida como Programa 21, la Declaración sobre los Bosques y mucho más. Más de cien jefes de estado viajaron a Río de Janeiro la última vez en medio de una intensa atención global. Esta vez, la reunión se organiza nuevamente en Río de Janeiro, del 4 al 6 de junio de 2012. Seguramente será tan importante como entonces.  </p>
<p>En la más reciente reunión preparatoria en Nueva York quedó clara la agenda para esta próxima Cumbre de la Tierra. Los líderes publicarán un "documento centrado en la política" aludiendo directamente a la transición hacia una "economía verde" global, y la reforma de las instituciones internacionales responsables del desarrollo sostenible. Esta segunda reforma podría significar la reestructuración de todo, desde el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo a los 500 diferentes tratados multilaterales ambientales y acuerdos actualmente vigentes. Estos tratados cubren tóxicos, químicos, conservación de los océanos, biodiversidad, desertificación, cambio climático, agotamiento del ozono, protección de los bosques y más. Aun ante la emergencia por las crecientes alzas de la temperatura global, la agudización del hambre, la escasez de agua y la pérdida de biodiversidad, los responsables de la gobernanza ecológica no presentan opciones. RIO+20 es una oportunidad preciosa para que quienes diseñan las políticas públicas y toman las decisiones hagan el recuento de las equivocaciones cometidas en los últimos 20 años y planeen los próximos 20 de manera inteligente. Esperemos que RÍO+20 nos sorprenda por la abundancia de voluntad política para con la agenda ambiental global, y con un plan inteligente para poner al planeta nuevamente en curso. </p>
<p>Al menos ésa es la teoría. Ahora las malas noticias: lejos de cocinar un plan para salvar la Tierra, lo que podría resultar de la cumbre tal vez sea un acuerdo para entregar el planeta y su vida a un puñado de banqueros e ingenieros —un arreglo que terminaría de arrojar por la borda las promesas de la primera cumbre de Río. Ya están creciendo las tensiones entre los países del sur y los del norte en torno al concepto muy pobremente definido de una “economía verde" global que será la pieza central en los debates de la cumbre.<br />
¿Qué es eso de una economía verde global? Ésa es, precisamente, la pregunta de los miles de billones de dólares. Nos quejamos y enfurecemos ante los problemas de la economía actual, injusta y contaminante. Sin embargo se sospecha cada vez más que las estrategias para lograr una “economía verde” nos entregarán en vez de ello la misma vieja economía de la codicia, maquillada de verde. Los debates sobre el futuro del planeta han producido su propia teoría de los colores: podemos transitar de una economía marrón hacia una verde si invertimos más dólares verdes en la tecnología de calor blanco y en el “capital natural”, incluyendo mecanismos innovadores de mercado como REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación). Para completar la paleta del pintor, los Estados con océanos argumentan que la economía verde también necesita ser una economía azul.  </p>
<p>¿Confundidos? las palabras clave aquí son “mercado” y ”tecnología”. Así como las recientes negociaciones globales sobre el clima, efectuadas en Cancún, eludieron el difícil trabajo de lograr un acuerdo de reducción de emisiones y se conformaron con la política fácil del comercio de carbono y los paneles solares, la brigada de la economía verde parece estar dispuesta a desviar la cumbre RÍO+20 lejos del duro debate sobre las raíces de la crisis ecológica que vivimos. El énfasis lo pondrán en un “esfuerzo futuro” para establecer nuevos arreglos financieros basados en los llamados “servicios ambientales” mientras liberan fondos para las icónicas “tecnologías verdes”</p>
<p>Dos pesados reportes del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): “La economía de los sistemas y la biodiversidad” (TEBB, por sus siglas en inglés) y el “Reporte sobre la economía verde (GER, por sus siglas en inglés), dejaron ver los planes. Argumentan que la naturaleza, de la misma forma que un contratista industrial, debe conocerse con precisión (medirse y valuarse) de acuerdo con los servicios (naturales) que brinda; tales como purificación de agua, captura de carbono, reciclaje de nitrógeno. Tales servicios pueden comprarse, intercambiarse o asegurarse en la forma de un inventario de créditos que pueden venderse para obtener dinero para la conservación. Mientras tanto, nuevas tecnologías “eco-eficientes” pueden desarrollarse y desplegarse aumentando el valor de esos servicios ambientales al tiempo que también generan ingresos. Si suena más como una estrategia de negocios que como un acuerdo para proteger la Tierra, es porque la industria y las empresas están encabezando este debate. El autor principal de ambos reportes, TEEB y GER, es un inversionista del Deutsche Bank en año sabático, y sus más entusiastas animadores son la banda de las 500 compañías de Fortune en Davos y los diplomáticos del G8. Es más alarmante aún el que algunas de esas voces están posicionando la “economía verde” como una mejora o como el remplazo del anticuado “desarrollo sostenible”, que resultó de los acuerdos logrados hace 20 años. Les complace arrojar a la basura al bebé de Río justo cuando alcanzó cierto grado de madurez. Si bien el enfoque del “desarrollo sostenible” tiene sus problemas, al menos ha intentado explícitamente tejer los objetivos ambientales en una red mucho más grande de objetivos sociales y económicos tales como la reducción de la pobreza y la creación de una sociedad justa y equitativa. En contraste, la idea de una economía verde es como “desarrollo sustentable diétetico”. Promueve muchos remiendos técnicos y soluciones paliativas y se queda corta al confrontar las raíces de la pobreza, la desigualdad y la opresión que conllevan a la destrucción ambiental. </p>
<p>En un abarrotado evento en Nueva York la segunda semana de marzo, titulado “¿La economía verde de quién?”, el embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, Pablo Solón aseveró que este capitalismo verde con nueva envoltura es una distracción de los temas y compromisos reales que deben discutirse en RIO+20 para lograr el desarrollo sostenible. Advirtió que las nuevas formas de comercialización y especulación que se están proponiendo agudizarán la devastación de la naturaleza y perpetuarán las injusticias actuales. Los pueblos indígenas y los movimientos por la justicia ambiental que luchan contra el acaparamiento de tierras promovido por los esquemas REDD+ están en alerta porque el mismo enfoque de mercantilización se extenderá ahora a los suelos, los océanos y más. Como señala Silvia Ribeiro, activista uruguaya, “en medio de la más grande crisis financiera de la historia, los mismos banqueros que no pueden resolver sus crisis especulativas aseguran que pueden manejar el planeta. No les creemos para nada.” </p>
<p>También es problemática la definición de “tecnologías verdes”, sumamente pobre. El reporte del PNUMA habla orgullosamente de la incineración de biomasa y de los biocombustibles como posibles ingredientes en esta “economía verde”. De lado quedan el aumento en los precios de los alimentos, el acaparamiento de tierras y la contaminación de la atmósfera. El reporte es agnóstico en cuanto a la energía nuclear y prácticamente aprueba los cultivos transgénicos como parte del paquete verde. A su vez, las balas de plata tecnológicas de nueva generación ajustan su propaganda para presentarse como parte de la economía verde. La biología sintética, que hace microbios artificiales con impactos desconocidos para la bioseguridad, se anuncia como la fuente de combustibles y plásticos verdes. La nanotecnología, cuyos problemas de toxicidad recuerdan cada vez más el fiasco del asbesto, se piensa como la solución a la producción de paneles solares y purificación de agua. La geoingeniería —que propone rediseñar el planeta completo con nubes de sulfuro o vertederos de hierro y carbón— podría entrar fácilmente en la amplia definición de “tecnologías verdes”.</p>
<p>Para que RÍO+20 no se convierta en un carnaval de lobos tecnológicos disfrazados de ovejas verdes (y con financiamientos verdes), los gobiernos necesitan ponerse específicos acerca de qué es y qué no es una tecnología “verde y justa” y resucitar el principio de precaución como se acordó en Río hace 20 años. La economía verde necesita algunos vigilantes de confianza. Una propuesta respaldada por varios grupos importantes en Naciones Unidas, es el establecimiento de un mecanismo formal para evaluar las tecnologías nuevas y emergentes —algo como una Convención Internacional para la Evaluación de Nuevas Tecnologías, CIENT. Tal convención podría advertir a tiempo a los gobiernos sobre las imperfecciones de las opciones tecnológicas antes de que sean puestas en operación. Una CIENT podría haber advertido del boom del etanol y sus consecuencias antes de que se dispararan los precios de los alimentos, o podría haber cuestionado las tecnologías energéticas riesgosas mucho antes de la explosión de los pozos petroleros o antes de que el tsunami golpeara en el sistema de enfriamiento del reactor nuclear. </p>
<p>Es trágico saber que los gobiernos lograron un acuerdo sobre una versión de un mecanismo de evaluación de las tecnologías hace 20 años en Río, y nunca lo desarrollaron. Un acto de negligencia por el que estamos pagando hoy en vidas humanas, hambruna y devastación ecológica. </p>
<p>Y para rascar la herida: hace 20 años, los gobiernos en Río fueron lo suficientemente audaces como para plantear una serie de compromisos que podrían habernos rescatado de algunos de los predicamentos en los que nos encontramos hoy, pero nunca cumplieron sus propias promesas. Con menos de 13 meses para la próxima Río, está en nuestras manos exigir que esas promesas, aún tan viejas como son, se cumplan. Es muy importante que esos compromisos no se abandonen en pos de una hueca “economía verde” que apunta a ser un caballo de Troya que continuará la destrucción como la experimentamos ahora. La mala noticia en camino a Río es que los impostores están tomando las riendas. La buena es que tenemos tiempo para organizar campañas masivas para lograr que la Cumbre de la Tierra regrese al carril. No solo se trata de una economía verde. Se trata de un futuro verde, equitativo y justo.    </p>
<p>Jim Thomas es escritor e investigador en el Grupo ETC</p>


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		<title>El peligroso camino hacia Río+20</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Jan 2011 22:24:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* Se cumplen 20 años de la realización de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, lo cual motivará una nueva conferencia (Río+20) que tendrá lugar en Brasil en mayo de 2012. Aunque lo principal debería ser revisar el estado de los problemas y el cumplimiento de compromisos, los temas ya definidos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>Se cumplen 20 años de la realización de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, lo cual motivará una nueva conferencia (Río+20) que tendrá lugar en Brasil en mayo de 2012. Aunque lo principal debería ser revisar el estado de los problemas y el cumplimiento de compromisos, los temas ya definidos para discutir allí son economía verde y gobernancia ambiental global.</p>
<p>Lejos de una reunión anodina de Naciones Unidas, se anuncia como un escenario de disputa mundial porque podría convertirse en punto clave para el reordenamiento geopolítico, consolidando nuevos mercados financieros con la naturaleza, el control de los recursos naturales y de nuevas tecnologías, creando un marco institucional –una nueva estructura de gobernancia ambiental global– que facilite y subsidie el avance de esa economía verde en clave empresarial.</p>
<p>Por si no nos quedaba claro, uno de los oradores de apertura de la reunión preparatoria para Río+20 organizada por Naciones Unidas en enero 2011 en Nueva York fue Charles Holliday, presidente del directorio de Bank of America, uno de los mayores bancos del mundo, aún sumergido en la peor crisis por especulación global del siglo que provocaron, pero disfrutando los miles de millones de dólares del público que recibió como rescate. Como un mal chiste, Holliday estaba allí para explicarnos la economía verde y cómo las trasnacionales van a salvar el planeta (aunque el tema real era cómo salvar las trasnacionales a costa del planeta).</p>
<p>Refresquemos la memoria. En 1992 se realizó en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), popularmente llamada Cumbre de la Tierra, Río 92 o Eco 92. Aunque no era la primer conferencia internacional sobre estos temas, tuvo un rol distintivo en colocar en la agenda de Naciones Unidas el tema de la destrucción ambiental. En la conferencia se presentaron tres nuevos tratados internacionales ambientales de Naciones Unidas, a los que se conoce como las convenciones de Río. Son el Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), la Convención Marco sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y la Convención de Lucha contra la Desertificación (CNULD).</p>
<p>Veinte años después de la Eco 92, la crisis ambiental, climática, alimentaria, enérgetica, de salud, han empeorado a límites que uno pensaría insoportables, pero la maniobra sigue siendo como navegar temas tan graves sin cuestionar sus causas: el capitalismo y el modelo industrial de producción y consumo. Brasil será otra vez el anfitrión, pero no es el mismo: ahora está claramente entre las potencias que disputan el mango de la sartén mundial y no dejará pasar esta oportunidad para mostrarlo.</p>
<p>Ya desde la Eco 92 –incluyendo los años anteriores de preparación– las trasnacionales intentaron levantar una cortina de humo sobre la irrefutable realidad de la devastación ambiental y su directa responsabilidad. En su lugar, plantearon que con nuevas tecnologías y su particular concepto del desarrollo sustentable –que casualmente aumentaba sus lucros–, podían ofrecer soluciones de ganar-ganar, sin cambiar nada del modelo, solamente con nuevos negocios verdes. Ahora, igual que hace 20 años, economía verde se refiere sobre todo al color de los dólares. Pero aunque la filosofía de las empresas es igual, las armas que han desarrollado, principalmente las nuevas tecnologías, como la biología sintética, la nanotecnología, la geoingeniería y el desarrollo de varias tecnologías anteriores con esas herramientas, han creado una base mucho más peligrosa, con riesgos aún mayores, como por ejemplo la apropiación y mercantilización del resto de la biomasa planetaria que aún no está en manos de las empresas. Iremos analizando cómo y qué significa esto en el camino de Río+20.</p>
<p>Paralelamente a esos desarrollos tecnológicos que avanzan sin demanda social, sin evaluación, regulación o supervisión independiente, las empresas (y hasta negocios de los propios diplomáticos) alcanzaron tal nivel de cabildeo dentro de las convenciones de Río, que han llevado a situaciones totalmente aberrantes. Por ejemplo, las negociaciones de cambio climático, uno de los temas más acuciantes para el planeta, están entregadas a favorecer los mercados de carbono y los negocios de inversores y las trasnacionales más contaminantes, sin hacer absolutamente nada para enfrentar el problema real de la crisis climática.</p>
<p>Dentro del Convenio de Biodiversidad avanzan iniciativas para transformar toda la biodiversidad y los ecosistemas en negocios. A eso se dedica el programa TEEB –Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad– que se propone asignar valor (en realidad precio) a todos los elementos de la naturaleza. Otra vez, quien coordina este programa es un banquero: Pavan Sukhdev, que incluso mantiene su cargo como director del Deutsche Bank.</p>
<p>Todo esto plantea una serie de desafíos que es necesario entender para enfrentarlos. Muchas organizaciones y movimientos sociales ya han comenzado el proceso. Las negociaciones sobre cambio climático, biodiversidad y otras convergerán en Río+20. La intención oficial mayoritaria es que todas esas convenciones se sometan, definitivamente, al mercado. Se discute ya oficialmente la propuesta de fusionar las tres convenciones, quizá también con otros convenios ambientales, como Ramsar (humedales). En el contexto actual, podría signficar una plataforma unificada para facilitar a las trasnacionales el acceso y los trámites.</p>
<p>También las luchas sociales y debates que han rodeado esas negociaciones estarán presentes en Río, para mostrar la realidad desde abajo y lo que de verdad necesitamos hacer.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>


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		<title>El síndrome de Cancún</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Jan 2011 22:21:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* Las negociaciones de Naciones Unidas sobre cambio climático en Cancún en diciembre 2010 (COP 16) significaron un parteaguas en muchos sentidos, todos negativos. No así las movilizaciones populares frente a esta cumbre, de organizaciones como Vía Campesina y otras de base, que no han perdido el sentido de la realidad, de lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>Las negociaciones de Naciones Unidas sobre cambio climático en Cancún en diciembre 2010 (COP 16) significaron un parteaguas en muchos sentidos, todos negativos. No así las movilizaciones populares frente a esta cumbre, de organizaciones como Vía Campesina y otras de base, que no han perdido el sentido de la realidad, de lo que es absurdo y de lo que necesitamos hacer. Cada vez, la brecha es mayor.</p>
<p>Los resultados oficiales de la COP 16 fueron peores que el año anterior en Copenhague, en dos aspectos fundamentales: en las decisiones que se tomaron, y en el discurso dominante, difundido por medios acríticos, gobiernos y grandes ONG ambientalistas, que tratan de convencernos que al menos se han avanzado unos pasos, sin nombrar que son hacia el abismo. No hubo ninguna resolución para enfrentar realmente el cambio climático, incluso se debilitaron las que existían, pero se aumentó el apoyo a falsas soluciones y mecanismos de mercado que crearán más gases de efecto invernadero y más especulación.</p>
<p>A diferencia de Copenhague, donde quedó claro el fracaso y el intento de golpe de los países más contaminantes para imponer su voluntad y librarse de toda responsabilidad, en Cancún se impuso –aumentado– el fallido texto de Copenhague, ahora con la colaboración de casi todos los gobiernos del mundo, con la sola excepción de Bolivia, el único país que se mantuvo firme en los principios y demandas para enfrentar realmente la crisis climática.</p>
<p>Esta cumbre significó también un quiebre del ALBA, ya que Claudia Salerno, la delegada de Venezuela –acompañada parcialmente por otros países del bloque– se prestó a negociar activamente fuera de las agendas expresadas oficialmente y fuera de los canales multilaterales. Ante la justa protesta de Bolivia de que no se había discutido democráticamente los temas y no había consenso, Salerno sugirió simpáticamente a la manipuladora presidenta mexicana de la COP, que tomara nota de la discrepancia de Bolivia, en lugar de exigir que hubieran negociaciones reales, abiertas y transparentes.</p>
<p>Esta sumisa posición de Venezuela contrasta fuertemente con el discurso conjunto de Hugo Chávez y Evo Morales en Copenhague, donde afirmaron que el capitalismo está en la raíz de la crisis climática, que no permitirían imposiciones de Estados Unidos y otros países del Norte, que necesitamos ir a las causas reales de la crisis climática por la gravedad que ésta significa para los pueblos y el planeta. Allí contaron con el apoyo de los pueblos del mundo. En Cancún, por lo contrario, Venezuela fue una pieza clave para aprobar lo que Hugo Chávez rechazó el año anterior.</p>
<p>Si el caso de Venezuela es extremo, también fue curioso que otros países del Sur, como los agrupados en el bloque G-77, participaran del fraude. En ambos casos declararon que lo importante era salvar el ámbito de negociaciones –en crisis por las diferencias de perspectiva entre víctimas y victimarios. Por ello aceptaron la promesa vaga de un proceso de discusión a futuro, pese a que lo que se aprobó en el mismo acto, es contrario a lo que el bloque estuvo peleando por años (exigían compromisos vinculantes de reducción, responsabilidad común pero diferenciada entre el Norte y el Sur, reconocer la responsabilidad histórica de los que causaron la crisis climática, cuestionamiento de la propiedad intelectual en tecnología y otros puntos). Por su lado, Japón, Australia, Estados Unidos y otros países –todos grandes contaminadores– dejaron claro que no firmarán ningún compromiso vinculante tampoco en el futuro. Estados Unidos declaró que Cancún fue un éxito para sus intereses.</p>
<p>Para lo que sí se rescató el ámbito de Naciones Unidas fue para tomar decisiones en algunos puntos. Por ejemplo, para avalar nuevos mecanismos de mercado, como la captura y almacenamiento de carbono en formaciones geológicas (CCS, por sus siglas en inglés) que tiene enormes impactos, y los programas REDD, que fue aprobado en sus versiones más extremas, para permitir la privatización <em>de facto</em> de los bosques y arrasar con las comunidades, eliminando de la discusión toda salvaguarda sobre derechos indígenas o biodiversidad. Las ONG ambientalistas e indígenas que afirmaron defender este mecanismo de mercado para proteger los bosques, funcionaron, en la interpretación más benigna, como peones útiles a las empresas y especuladores. George Soros, inversionista y especulador finaciero, festejó la aprobación de REDD como un bienvenido estímulo a ese mercado.</p>
<p>Este síndrome de Cancún que contagió a las víctimas (parafraseando al síndrome de Estocolmo, donde los rehenes se enamoran de los secuestradores) está enmarcado en que varios de los países del Sur han crecido sobre el mismo modelo petrolero y de explotación de recursos que llevó a la crisis climática y son ahora grandes contaminadores, por lo que sus gobiernos tampoco quieren compromisos reales de reducción. Muchos confluyen también con los gobiernos del Norte y trasnacionales en el empuje a un nuevo capitalismo verde –basado en mercantilizar la naturaleza y sus funciones, poniendo precio a todo y valor a nada– para aprovechar que la biodiversidad y bosques que se pueden poner a la venta a través de programas como REDD y otros, están sobre todo en el Sur.</p>
<p>En el polo opuesto, Vía Campesina, la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales y otras organizaciones de abajo denunciaron estas maniobras y las causas reales de la crisis climática, además de mostrar un arcoiris de realidades y propuestas que son verdaderas soluciones. El panorama es sombrío, pero los movimientos de abajo no se pierden.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>


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		<title>Cancún: de la Tierra a la Luna</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Dec 2010 22:16:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* Cancún, 3 de diciembre. Desde hace una semana, representantes de gobiernos de todo el mundo están reunidos en un búnker de superlujo llamado Moon Palace (Palacio de la Luna), supuestamente para discutir el cambio climático. El lugar es lejos de los hoteles y más lejos de la ciudad de Cancún, lo que sumado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>Cancún, 3 de diciembre. Desde hace una semana, representantes de gobiernos de todo el mundo están reunidos en un búnker de superlujo llamado Moon Palace (Palacio de la Luna), supuestamente para discutir el cambio climático.</p>
<p>El lugar es lejos de los hoteles y más lejos de la ciudad de Cancún, lo que sumado a abundantes retenes policiales, significa invertir 2-3 horas diarias en pocos kilómetros de ida y vuelta. Exceptuando a los delegados de países ricos, que como si fuera otra forma de mostrar la injusticia climática, se alojan en el Moon Palace a precios exorbitantes. La mayoría de delegados de África, Asia, América Latina están en hoteles fuera del complejo lunático y necesitan horas para desplazarse. Además de dejar a los delegados del Sur agotados, parece ser un intento para frenar que llegue a la conferencia las protestas de la gente víctima del cambio climático.</p>
<p>Miles de activistas y afectados por la crisis climática, social y ambiental de todo el mundo, llegaron a Cancún en seis caravanas desde varios puntos de México, atravesando el país desde sus raíces, para conocer y mostrar la verdadera política ambiental del país, sus causas y la relación con la crisis climática aquí y en otras partes del mundo. Los testimonios locales convergieron con los de activistas, campesinos e indígenas, hermanos de luchas de base en Estados Unidos, Europa, Sudamérica, Centroamérica, India.</p>
<p>Partieron de San Luis Potosí, Acapulco, Guadalajara, Oaxaca, Chiapas, convocadas por la Vía Campesina, la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y el Movimiento de Liberación Nacional, a los que se sumaron redes de justicia climática de las Américas y de Europa, la red Oilwatch y otras. Las tres primeras caravanas convergieron en la ciudad de México, donde realizaron un Foro Internacional en el auditorio del SME, con más de mil asistentes y una marcha en el centro de la ciudad.</p>
<p>Las caravanas se detuvieron en varios puntos, donde activistas y organizaciones locales los recibieron con gran entusiasmo y solidaridad para compartir sus luchas y sumarse. Dieron a conocer, entre muchos otros, los casos de ríos con enorme contaminación industrial, agrícola y urbana como el Río Santiago en El Salto, Jalisco, donde un niño murió sencillamente por caer en él; proyectos mineros en San Luis, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, que en todas partes se hacen devastando territorios, contra la voluntad de las comunidades y para ganancia de transnacionales; proyectos de mega represas como Zapotillo y La Parota, que pese a la sostenida oposición de los comuneros el gobierno insiste en imponer; zonas de altísima contaminación de suelos, aire y aguas que provocan altas tasas de enfermedad, cáncer y deformaciones genéticas a los vecinos, como enormes basureros en Morelos, Tlaxcala, Edomex y México, mega granjas porcícolas industriales, como Granjas Carroll en Veracruz y Puebla donde se originó la epidemia de gripe porcina y otras se gestan; contaminación petrolera e industrial, tala de bosques y sustitución con grandes monocultivos y plantaciones para agrocombustibles en varios estados; contaminación transgénica del maíz nativo&#8230;</p>
<p>La devastación ambiental y social es enorme y muestra la verdadera política “ambiental” en México, muy distinta de las fotos que se muestran en Cancún.</p>
<p>Quizá lo más cínico es que el gobierno de México está usando esta devastación masiva para generar ganancias adicionales a las transnacionales responsables de los desastres, como parte de su política sobre cambio climático, avalando esos desarrollos en proyectos presentados al Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la Convención de Cambio Climático.</p>
<p>México es uno de los países que más usa este perverso mecanismo que se basa en incentivos para que desarrollos sucios recuperen -supuestamente- parte de los gases de efecto invernadero que producen o que emitan menor cantidad. Obtienen certificados de reducción que se pueden negociar en los mercados de carbono. Ni México ni el MDL toma en cuenta que si estos proyectos no existieran, obviamente no emitirían ningún gas.</p>
<p>La mitad de los proyectos presentados por el gobierno de México en el MDL son granjas porcícolas industriales, como Granjas Carroll donde el estiércol del millón de cerdos que crecen hacinados es una fuente de contaminación sin fin. La transnacional Smithfield, dueña de Granjas Carroll, junto con la gigante de agronegocios Cargill y el <em>broker </em>de carbono Ecosecurities, presentaron un proyecto para convertir una mínima parte del metano que emiten las inmensas lagunas de estiércol en biogás para electricidad. La otra mitad de los proyectos avalados por México son a partir de enormes basureros como Alpuyeca, Morelos, grandes represas en Jalisco y Guerrero, desarrollos petroleros y cementeros con enormes impactos.</p>
<p>O sea, la política que el gobierno presenta como baja en carbono es en realidad alta devastación ambiental, muerte y enfermedad para cientos de comunidades en esos territorios.</p>
<p>Pero ni aunque se reúnan en la luna pueden parar las denuncias de organizaciones y comunidades en lucha. Desde el sábado 4, se instala en la Unidad Deportiva Jacinto Canek del centro de Cancún, el campamento y Foro global por la vida, la justicia social y ambiental, donde llegarán las caravanas y más organizaciones internacionales a dar testimonios y compartir reflexiones, denuncias, estrategias. El 7 de diciembre, la Vía Campesina convoca a realizar Miles de Cancún, con manifestaciones en todo el mundo. Aquí en la tierra, sí se discuten las causas reales de la crisis climática y por cierto, también las soluciones.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>


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