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	<title>ETC Blog &#187; Uncategorized</title>
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	<description>(et cet er a) and other things; such as human rights, biodiversity, biopiracy, converging technologies, global governance and corporate concentration. An experimental growing plot for news, views and new ideas.</description>
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		<title>Los dueños de la economía verde</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 20:43:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[*Silvia Ribeiro Se podría pensar que lo más verde de las propuestas de “economía verde”, que gana terreno en diversos ámbitos oficiales, principalmente en las negociaciones hacia la conferencia internacional Río+20, es el color de los billetes que esperan ganar con ella las empresas trasnacionales que han causado las crisis económicas, alimentarias, ambientales y climáticas. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>*Silvia Ribeiro</p>
<p>Se podría pensar que lo más verde de las propuestas de “economía verde”, que gana terreno en diversos ámbitos oficiales, principalmente en las negociaciones hacia la conferencia internacional Río+20, es el color de los billetes que esperan ganar con ella las empresas trasnacionales que han causado las crisis económicas, alimentarias, ambientales y climáticas. Esta es una de las conclusiones que se derivan al comprobar que son las mismas compañías que controlan las tecnologías, las patentes, los productos y los mercados de la economía verde.</p>
<p>No se trata solamente de los oligopolios que conocíamos y que avizoran nuevos negocios. Además, se avanzan nuevas configuraciones corporativas que reúnen a las mayores empresas petroleras, químicas, farmacéuticas, forestales y de agronegocios con nuevas compañías de biología sintética y genómica para procesar cualquier tipo de biomasa, sea natural o cultivada, y convertirlo en combustibles, forrajes, plásticos u otras sustancias industriales, planteando un escenario donde cualquier cosa “verde” (o que esté o haya estado viva) podría ser apropiada corporativamente para sacarle ganancias con algún uso industrial. Más que una economía verde, la conjunción de oligopolios y nuevas tecnologías está llevando a un asalto corporativo sin precedente de la naturaleza, de lo vivo, de los sistemas de alimentación y de los territorios de las culturas campesinas e indígenas, que irónicamente se presenta como una nueva etapa del “desarrollo sustentable”.</p>
<p>El reciente informe <em>Quién controlará la economía verde</em>, del Grupo ETC (<a href="http://www.etcgroup.org/es/node/5298">www.etcgroup.org/es/node/5298</a>), muestra que la tendencia hacia la concentración corporativa global continúa, favorecida incluso por las crisis. Si bien en diversos sectores analizados hay estancamiento del crecimiento o incluso menos ingresos, las ganancias corporativas se mantuvieron, porque según su propia definición “hicieron más con menos”. Con menos trabajadores, menos prestaciones y derechos laborales, menos consideraciones ambientales y de salud.</p>
<p>En el caso de la cadena alimentaria agroindustrial, desde las semillas e insumos agroquímicos, a la distribución, procesamiento y ventas en supermercados, las ganancias aumentaron con la crisis alimentaria y climática, en algunos casos en forma exponencial, gracias a la manipulación de la oferta, a la desaparición de competidores, a los subsidios públicos por desastres (para replantar cosechas arruinadas, para ayuda alimentaria, etc). Es dramático y absurdo que en semillas –llave de toda la cadena alimentaria– una sola empresa, Monsanto, controle 27% de todas las semillas comerciales a escala global (y más de 80 por ciento en semillas transgénicas), y que junto a dos empresas más, Syngenta y DuPont-Pioneer, controlen más de la mitad del mercado mundial de semillas. Las semillas y venenos químicos que venden esas empresas son la base de la agropecuaria industrial que ha destruido suelos, contaminado aguas y provocado la mayor parte de la crisis climática global. Ahora van además por el monopolio de lo que llaman “semillas resistentes al clima” –sequía, cambios de temperatura, inundaciones–, alegando que con más del mismo modelo, con menos reglas de bioseguridad, con más patentes a su favor y más apoyos de los gobiernos para las empresas, ahora sí saldremos de la crisis que ellas construyeron.</p>
<p>Al otro extremo de la cadena alimentaria las grandes superficies de ventas directas al consumidor (supermercados) han crecido a punto tal, que en 2009 superaron el mercado total de energéticos, el mayor del mundo por décadas. Esto significa un brutal control corporativo de qué, cuándo, cómo, con qué calidad, dónde y a qué precio se producen y consumen los alimentos y muchos otros productos de la vida cotidiana. En el informe se analiza además el control corporativo en otros rubros, como agua, petróleo y energía, minería y fertilizantes, forestación, farmacéutica, veterinaria, genética animal, biotecnología, bioinformática, generación y almacenamiento de datos genómicos.</p>
<p>Uno de los aspectos más preocupantes son los impactos del avance del uso de biomasa, a través de nuevos emprendimientos corporativos y tecnológicos. Por ejemplo, la empresa de biología sintética Amyris, con sede en California y Brasil, tiene asociaciones con Procter &amp; Gamble, Chevron, Total, Shell, Mercedes Benz, Michelin, Bunge y Guarani para producir combustibles y sustancias industriales. En Brasil, ya consiguió que se permita la producción de combustibles a partir de la fermentación de azúcares derivados de biomasa, con microbios artificiales, cuyo escape constituye un grave riesgo (consumen celulosa, presente en toda la materia vegetal), que de ninguna forma está contemplado en los marcos de bioseguridad. Sin embargo, éste es uno de los “ejemplos” de economía verde en Brasil.</p>
<p>Otro ejemplo es la asociación de DuPont con el gigante petrolero BP, y las cerealeras General Mills y Tate &amp; Lyle (Bunge), que además de biocombustibles agregan ahora combustibles derivados de algas. O la constelación Dow Chemicals, con Chevron, Unilever, Bunge, la marina y ejército de Estados Unidos, alrededor de la empresa de biología sintética Solazyme, para transformar “azúcares de bajo costo en aceites de alto valor”, que podrían ser desde combustibles a alimentos y muchos otros productos. Todo esto representa nuevos riesgos, pero además un aumento vertiginoso de la demanda de biomasa, tierra, agua y nutrientes, que exige que denunciemos estas propuestas por lo que son: nuevas formas de despojo.</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 14 de enero de 2012</p>


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		<title>Agricultura y bosques bajo ataque en negociaciones climáticas</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 20:27:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* La conferencia sobre cambio climático realizada en Durban, Sudáfrica, en diciembre 2011, destaca por lo que no decidió: ni compromisos de reducción de gases de efecto invernadero, ni fondos para los países más afectados, ni respeto a las “responsabilidades comunes pero diferenciadas” entre países industrializados que provocaron el caos climático y los demás [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Silvia Ribeiro*</p>
<p>La conferencia sobre cambio climático realizada en Durban, Sudáfrica, en diciembre 2011, destaca por lo que no decidió: ni compromisos de reducción de gases de efecto invernadero, ni fondos para los países más afectados, ni respeto a las “responsabilidades comunes pero diferenciadas” entre países industrializados que provocaron el caos climático y los demás que lo sufrimos.  Pero sí avanzaron decisiones en agricultura, bosques, tecnologías y ampliación de mercados de carbono, que conllevan impactos muy negativos sobre la mayoría.</p>
<p>Los mercados de carbono –que permiten no reducir emisiones de gases donde se crean, comprando espacio no contaminado a otros– no sirven para enfrentar la crisis climática,  pero justifican que se siga contaminando y abren nuevos mercados especulativos, muy preciados en época de crisis financiera. Según el Banco Mundial –pionero en mercados de carbono y en derivar fondos públicos para subsidiar el negocio a las trasnacionales– el mercado global de carbono fue de 144,000 millones de dólares en 2009.  Solamente un 0.2%  fue para proyectos concretos, el resto fueron honorarios de consultores, gastos de transacción e inversiones financieras especulativas.</p>
<p>La conferencia de cambio climático en Cancún en 2010 (COP16), sentó las bases para mercantilizar a gran escala el aire de los bosques, aceptando los proyectos REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación evitada) como base de mercados de carbono. Pablo Solón, entonces negociador de Bolivia, explicó que los mercaderes del carbono van por mucho más: buscan incluir bosques, agricultura, biodiversidad y agua (ríos, mares, manglares, a lo que llaman “carbono azul”).</p>
<p>En la COP17 en Durban, se consolidó REDD para quienes prueben que hayan deforestado y dejen de talar una pequeña parte (por eso la meta es “deforestación evitada”, no “evitar deforestar”) premiando así a los mayores talamontes. Los que buscan recibir REDD, tendrán que aumentar la deforestación para luego disminuirla, lucrando el doble: por deforestar y por dejar de hacerlo.</p>
<p>Esto da lugar a corrupción mediante consultores que certifican cifras de deforestación más altas a las reales, para seguir aumentando la deforestación y además, cobrar por supuestamente disminuirla.  La otra cara de REDD, llamada perversamente “manejo sustentable de los bosques”, serían mínimos pagos a comunidades que no deforestan. Para ello deberán entregar el manejo de sus territorios a consultores externos que definan lo que pueden o no hacer, y a estados o empresas que compren esa función de sus bosques. Hay grupos indígenas que quieren obtener fondos con REDD, pero con “salvaguardas”. La COP 17 reafirmó salvaguardas generales, pero a criterio de los gobiernos en cada país, lo cual significa que ni son obligatorias ni se podrá ir más allá de la arbitrariedad que decida cada gobierno. En ningún caso los territorios quedan fuera del mercado: al contrario, REDD se consolidó como una efectiva evasión de políticas públicas para proteger derechos indígenas, campesinos y biodiversidad, cambiándolos por pagos selectivos y ventas de mercado. Contra esto se formó la “Alianza global de los pueblos indígenas y comunidades locales contra REDD+ y por la vida”, que exigió en Durban una moratoria global a REDD.</p>
<p>La COP17 avanzó también en el camino a la inclusión de agricultura en mercados de carbono. Así como REDD es un negocio para talamontes y una forma de despojar a las comunidades de sus territorios, con agricultura en mercados de carbono se busca premiar a la agricultura industrial y transgénica, aumentando la disputa y despojo de tierras campesinas.</p>
<p>El sistema alimentario agroindustrial es el principal factor de emisiones de gases de invernadero. Por el contrario, como ha mostrado la Vía Campesina y sus aliados, los sistemas alimentarios campesinos alimentan a la vasta mayoría de la humanidad y enfrían el planeta con sus métodos diversos y sustentables.  La maniobra de los mercaderes de carbono, con apoyo del Banco Mundial y FAO, es promover lo que llaman “intensificación sustentable” y “agricultura inteligente para el clima”. En lugar de cuestionar el sistema alimentario agroindustrial que es causante de contaminación, caos climático y hambre, proponen seguir con lo mismo, aumentando la producción en menor superficie, usando semillas híbridas y transgénicas y cantidades masivas de fertilizantes químicos, dejando el resto de la tierra para vender como sumidero de carbono, con lo cual Monsanto y otras agro-transnacionales aumentarían sus ventas y podrían cobrar créditos de carbono.</p>
<p>La absorción de carbono en bosques y suelos, aguas y biodiversidad es de difícil medición –en realidad imposible–, porque son sistemas vivos y cambiantes con las geografías, ecosistemas y culturas que allí conviven. Absorben carbono, pero también lo emiten y en ningún caso son “sumideros de carbono” sino bases del sustento de la mayoría de la humanidad.  Pero para el mercado, lo importante no es ser exacto, sino aparentarlo: el monitoreo y medición de carbono en bosques, suelos, biodiversidad es un jugoso negocio también para investigadores y consultores, que están desarrollando sofisticados sistemas satelitales y de bioprospección para medir carbono en sistemas vivos.  En esa lógica, los indígenas y campesinos son una molestia porque alteran la medición.</p>
<p>Los corsarios del carbono no pudieron avanzar en Durban tanto como querían, gracias a las denuncias de organizaciones de la sociedad civil y de Vía Campesina. Pero sin duda es un tema a seguir denunciando.</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 31 de diciembre de 2011</p>


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		<title>Río+20: ¿Una nueva economía verde, o la misma vieja economía maquillada?</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Apr 2011 20:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[BANG - Converging Technologies]]></category>
		<category><![CDATA[Civil Society]]></category>
		<category><![CDATA[Climate Change]]></category>
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		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><Río+20: ¿Una nueva economía verde, o la misma vieja economía maquillada?</p>
<p>Por Jim Thomas</p>
<p>Les tengo buenas y malas noticias sobre el futuro de nuestro planeta.<br />
Primero las buenas noticias. El año próximo tendrá lugar una reunión global sobre el destino de La Tierra, una cumbre de abolengo. Formalmente llamada Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, esta reunión se conoce como RÍO+20 porque se realizará 20 años después de la primera Cumbre de la Tierra en Río en 1992. Aquella primera reunión (a su vez 20 años después de la igualmente importante Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano en Estocolmo) nos heredó un montón de joyas de la política internacional: la Convención sobre el Clima, el Convenio sobre Diversidad Biológica, la Comisión para el Desarrollo Sostenible, el Principio de Precaución, una larga y ambiciosa lista de promesas conocida como Programa 21, la Declaración sobre los Bosques y mucho más. Más de cien jefes de estado viajaron a Río de Janeiro la última vez en medio de una intensa atención global. Esta vez, la reunión se organiza nuevamente en Río de Janeiro, del 4 al 6 de junio de 2012. Seguramente será tan importante como entonces.  </p>
<p>En la más reciente reunión preparatoria en Nueva York quedó clara la agenda para esta próxima Cumbre de la Tierra. Los líderes publicarán un "documento centrado en la política" aludiendo directamente a la transición hacia una "economía verde" global, y la reforma de las instituciones internacionales responsables del desarrollo sostenible. Esta segunda reforma podría significar la reestructuración de todo, desde el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo a los 500 diferentes tratados multilaterales ambientales y acuerdos actualmente vigentes. Estos tratados cubren tóxicos, químicos, conservación de los océanos, biodiversidad, desertificación, cambio climático, agotamiento del ozono, protección de los bosques y más. Aun ante la emergencia por las crecientes alzas de la temperatura global, la agudización del hambre, la escasez de agua y la pérdida de biodiversidad, los responsables de la gobernanza ecológica no presentan opciones. RIO+20 es una oportunidad preciosa para que quienes diseñan las políticas públicas y toman las decisiones hagan el recuento de las equivocaciones cometidas en los últimos 20 años y planeen los próximos 20 de manera inteligente. Esperemos que RÍO+20 nos sorprenda por la abundancia de voluntad política para con la agenda ambiental global, y con un plan inteligente para poner al planeta nuevamente en curso. </p>
<p>Al menos ésa es la teoría. Ahora las malas noticias: lejos de cocinar un plan para salvar la Tierra, lo que podría resultar de la cumbre tal vez sea un acuerdo para entregar el planeta y su vida a un puñado de banqueros e ingenieros —un arreglo que terminaría de arrojar por la borda las promesas de la primera cumbre de Río. Ya están creciendo las tensiones entre los países del sur y los del norte en torno al concepto muy pobremente definido de una “economía verde" global que será la pieza central en los debates de la cumbre.<br />
¿Qué es eso de una economía verde global? Ésa es, precisamente, la pregunta de los miles de billones de dólares. Nos quejamos y enfurecemos ante los problemas de la economía actual, injusta y contaminante. Sin embargo se sospecha cada vez más que las estrategias para lograr una “economía verde” nos entregarán en vez de ello la misma vieja economía de la codicia, maquillada de verde. Los debates sobre el futuro del planeta han producido su propia teoría de los colores: podemos transitar de una economía marrón hacia una verde si invertimos más dólares verdes en la tecnología de calor blanco y en el “capital natural”, incluyendo mecanismos innovadores de mercado como REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación). Para completar la paleta del pintor, los Estados con océanos argumentan que la economía verde también necesita ser una economía azul.  </p>
<p>¿Confundidos? las palabras clave aquí son “mercado” y ”tecnología”. Así como las recientes negociaciones globales sobre el clima, efectuadas en Cancún, eludieron el difícil trabajo de lograr un acuerdo de reducción de emisiones y se conformaron con la política fácil del comercio de carbono y los paneles solares, la brigada de la economía verde parece estar dispuesta a desviar la cumbre RÍO+20 lejos del duro debate sobre las raíces de la crisis ecológica que vivimos. El énfasis lo pondrán en un “esfuerzo futuro” para establecer nuevos arreglos financieros basados en los llamados “servicios ambientales” mientras liberan fondos para las icónicas “tecnologías verdes”</p>
<p>Dos pesados reportes del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): “La economía de los sistemas y la biodiversidad” (TEBB, por sus siglas en inglés) y el “Reporte sobre la economía verde (GER, por sus siglas en inglés), dejaron ver los planes. Argumentan que la naturaleza, de la misma forma que un contratista industrial, debe conocerse con precisión (medirse y valuarse) de acuerdo con los servicios (naturales) que brinda; tales como purificación de agua, captura de carbono, reciclaje de nitrógeno. Tales servicios pueden comprarse, intercambiarse o asegurarse en la forma de un inventario de créditos que pueden venderse para obtener dinero para la conservación. Mientras tanto, nuevas tecnologías “eco-eficientes” pueden desarrollarse y desplegarse aumentando el valor de esos servicios ambientales al tiempo que también generan ingresos. Si suena más como una estrategia de negocios que como un acuerdo para proteger la Tierra, es porque la industria y las empresas están encabezando este debate. El autor principal de ambos reportes, TEEB y GER, es un inversionista del Deutsche Bank en año sabático, y sus más entusiastas animadores son la banda de las 500 compañías de Fortune en Davos y los diplomáticos del G8. Es más alarmante aún el que algunas de esas voces están posicionando la “economía verde” como una mejora o como el remplazo del anticuado “desarrollo sostenible”, que resultó de los acuerdos logrados hace 20 años. Les complace arrojar a la basura al bebé de Río justo cuando alcanzó cierto grado de madurez. Si bien el enfoque del “desarrollo sostenible” tiene sus problemas, al menos ha intentado explícitamente tejer los objetivos ambientales en una red mucho más grande de objetivos sociales y económicos tales como la reducción de la pobreza y la creación de una sociedad justa y equitativa. En contraste, la idea de una economía verde es como “desarrollo sustentable diétetico”. Promueve muchos remiendos técnicos y soluciones paliativas y se queda corta al confrontar las raíces de la pobreza, la desigualdad y la opresión que conllevan a la destrucción ambiental. </p>
<p>En un abarrotado evento en Nueva York la segunda semana de marzo, titulado “¿La economía verde de quién?”, el embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, Pablo Solón aseveró que este capitalismo verde con nueva envoltura es una distracción de los temas y compromisos reales que deben discutirse en RIO+20 para lograr el desarrollo sostenible. Advirtió que las nuevas formas de comercialización y especulación que se están proponiendo agudizarán la devastación de la naturaleza y perpetuarán las injusticias actuales. Los pueblos indígenas y los movimientos por la justicia ambiental que luchan contra el acaparamiento de tierras promovido por los esquemas REDD+ están en alerta porque el mismo enfoque de mercantilización se extenderá ahora a los suelos, los océanos y más. Como señala Silvia Ribeiro, activista uruguaya, “en medio de la más grande crisis financiera de la historia, los mismos banqueros que no pueden resolver sus crisis especulativas aseguran que pueden manejar el planeta. No les creemos para nada.” </p>
<p>También es problemática la definición de “tecnologías verdes”, sumamente pobre. El reporte del PNUMA habla orgullosamente de la incineración de biomasa y de los biocombustibles como posibles ingredientes en esta “economía verde”. De lado quedan el aumento en los precios de los alimentos, el acaparamiento de tierras y la contaminación de la atmósfera. El reporte es agnóstico en cuanto a la energía nuclear y prácticamente aprueba los cultivos transgénicos como parte del paquete verde. A su vez, las balas de plata tecnológicas de nueva generación ajustan su propaganda para presentarse como parte de la economía verde. La biología sintética, que hace microbios artificiales con impactos desconocidos para la bioseguridad, se anuncia como la fuente de combustibles y plásticos verdes. La nanotecnología, cuyos problemas de toxicidad recuerdan cada vez más el fiasco del asbesto, se piensa como la solución a la producción de paneles solares y purificación de agua. La geoingeniería —que propone rediseñar el planeta completo con nubes de sulfuro o vertederos de hierro y carbón— podría entrar fácilmente en la amplia definición de “tecnologías verdes”.</p>
<p>Para que RÍO+20 no se convierta en un carnaval de lobos tecnológicos disfrazados de ovejas verdes (y con financiamientos verdes), los gobiernos necesitan ponerse específicos acerca de qué es y qué no es una tecnología “verde y justa” y resucitar el principio de precaución como se acordó en Río hace 20 años. La economía verde necesita algunos vigilantes de confianza. Una propuesta respaldada por varios grupos importantes en Naciones Unidas, es el establecimiento de un mecanismo formal para evaluar las tecnologías nuevas y emergentes —algo como una Convención Internacional para la Evaluación de Nuevas Tecnologías, CIENT. Tal convención podría advertir a tiempo a los gobiernos sobre las imperfecciones de las opciones tecnológicas antes de que sean puestas en operación. Una CIENT podría haber advertido del boom del etanol y sus consecuencias antes de que se dispararan los precios de los alimentos, o podría haber cuestionado las tecnologías energéticas riesgosas mucho antes de la explosión de los pozos petroleros o antes de que el tsunami golpeara en el sistema de enfriamiento del reactor nuclear. </p>
<p>Es trágico saber que los gobiernos lograron un acuerdo sobre una versión de un mecanismo de evaluación de las tecnologías hace 20 años en Río, y nunca lo desarrollaron. Un acto de negligencia por el que estamos pagando hoy en vidas humanas, hambruna y devastación ecológica. </p>
<p>Y para rascar la herida: hace 20 años, los gobiernos en Río fueron lo suficientemente audaces como para plantear una serie de compromisos que podrían habernos rescatado de algunos de los predicamentos en los que nos encontramos hoy, pero nunca cumplieron sus propias promesas. Con menos de 13 meses para la próxima Río, está en nuestras manos exigir que esas promesas, aún tan viejas como son, se cumplan. Es muy importante que esos compromisos no se abandonen en pos de una hueca “economía verde” que apunta a ser un caballo de Troya que continuará la destrucción como la experimentamos ahora. La mala noticia en camino a Río es que los impostores están tomando las riendas. La buena es que tenemos tiempo para organizar campañas masivas para lograr que la Cumbre de la Tierra regrese al carril. No solo se trata de una economía verde. Se trata de un futuro verde, equitativo y justo.    </p>
<p>Jim Thomas es escritor e investigador en el Grupo ETC</p>


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		<title>Celebrando la dependencia: el maíz a las trasnacionales</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Aug 2010 21:53:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Silvia Ribeiro Como si fuera un hecho banal, el gobierno mexicano aceptó tres solicitudes de la trasnacional Monsanto para plantar 30 mil hectáreas de maíz transgénico en Sinaloa, en lo que llama fase piloto. Es grave, tanto por la amplitud del área, como porque pone de manifiesto que lo que el gobierno llama etapa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Silvia Ribeiro</p>
<p>Como si fuera un hecho banal, el gobierno mexicano aceptó tres solicitudes de la trasnacional Monsanto para plantar 30 mil hectáreas de maíz transgénico en Sinaloa, en lo que llama fase piloto. Es grave, tanto por la amplitud del área, como porque pone de manifiesto que lo que el gobierno llama etapa experimental es nada más una fachada para abrir la siembra comercial de maíz transgénico a gran escala, con la inevitable contaminación transgénica de los demás maíces en el país.<br />
Los transgénicos tienen problemas desde todos los ángulos que se les mire: pese a las mentiras que difunden las trasnacionales (las únicas que ganan), las estadísticas muestran que tomados en varios años, grandes volúmenes y superficies, en promedio rinden menos y usan mucho más agrotóxicos. Existen compilaciones importantes de asociaciones médicas y otros científicos que muestran que los transgénicos tienen impactos en la salud humana y animal (incluyendo alergias, infertilidad, desregulación inmune, afectación de hígado, bazo y páncreas, entre otras) y en la biodiversidad. Recientemente, un estudio de la Universidad de Arkansas mostró que los transgénicos, además de la contaminación omnipresente en zonas cultivadas, se reprodujeron en la naturaleza y están invandiendo áreas naturales con impactos sobre insectos y plantas. Otro estudio de la organización Testbiotech de Alemania, muestra que la leche, órganos y carne de cabras, peces y cerdos que comen maíz transgénico contienen trazas de ADN transgénico.</p>
<p>Lo mencionado es apenas una pequeña parte de los graves problemas que tienen los cultivos transgénicos en general. En México los riesgos se multiplican exponencialmente al ser el centro de origen del maíz, por lo que desde muchas ópticas científicas y sociales hay una amplísima convergencia en que no se debería ni siquiera experimentar con maíz transgénico. Además México ya produce suficiente maíz, la mayoría campesino, para alimentar a toda su población.</p>
<p>A contrapelo de todo esto, entre 2009 y 2010, el gobierno mexicano aceptó más de 70 solicitudes de siembra de maíz transgénico a favor de las trasnacionales Monsanto, Dow, DuPont (a través de su subsidiaria Pioneer HiBred, PHI México) y Syngenta.  Según los datos publicados por el gobierno, en 2009 autorizó 33 siembras experimentales en un total de 14,43 hectáreas. En el 2010 aceptó 41 solicitudes más, saltando a áreas mucho mayores, entre las que figuran tres de Monsanto para siembra piloto en Sinaloa con 30,000 hectáreas. En el mismo documento  figuran otras 90,000  hectáreas en Tamaulipas, a las que llamaexperimentales.(www.senasica.gob.mx/includes/asp/download.asp?iddocumento=16092&amp;idurl=25468 &lt;<a href="http://www.senasica.gob.mx/includes/asp/download.asp?iddocumento=16092&amp;amp;idurl=25468">http://www.senasica.gob.mx/includes/asp/download.asp?iddocumento=16092&amp;amp;idurl=25468</a>&gt; ).</p>
<p>Casi 90 por ciento de los eventos (tipos de maíz transgénico) solicitados, son controlados por Monsanto, ya que incluso las solicitudes de Syngenta, DuPont y Dow, incluyen genes patentados por Monsanto, sólos o en combinación con otros. El más solicitado es el evento Mon603 (equivalente a NK603), resistente al herbicida glifosato (que tiene nombres comerciales como Faena, Rival, Roundup). Entre las solicitudes, se incluye también el evento Mon810.</p>
<p>Justamente, un estudio científico publicado por el Ministerio de Salud de Austria en el 2008, analizó los efectos de un maíz transgénico con ambos caracteres (NK603xMon810) y llegó a la conclusión que el consumo de ese maíz redujo la fertilidad en ratas de laboratorio alimentadas con éste, además de otros efectos. Este y otros estudioa, entre ellos sobre los impactos ambientales de maíz insecticida, motivaron que varios países europeos, entre ellos Austria, Alemania, Francia y Grecia, prohibieran el cultivo de maíz transgénico en sus países.</p>
<p>Pero en el propio centro de origen del maíz, el gobierno apoya a las trasnacionales en la siembra experimental de varios maíces transgénicos insecticidas y de resistencia a agrotóxicos. Incluso una de las solicitudes de siembra piloto de 10,000 hectáreas, contiene el gen 603.</p>
<p>Las supuestas medidas de bioseguridad planteadas por las empresas y el gobierno mexicano, son totalmente insuficientes para los riesgos que significa el maíz transgénico en México. Fueron analizadas y criticadas con detalle en laconsulta pública que el gobierno colocó en internet sobre algunas de las solicitudes. Desde muchas disciplinas científicas y organizaciones civiles, se plantearon multiplicidad de observaciones críticas de gran solidez, que el gobierno desechó sin explicaciones.</p>
<p>Su argumento es que las medidas eran suficientes para experimentar. Aún si esas medidas fueran suficientes para impedir el escape transgénico en campos experimentales, en siembra comercial los agricultores no las cumplirán: les aumentaría los costos, son engorrosas y además, no hay fiscalización.</p>
<p>Pero es claro que al gobierno nunca le interesó la bioseguridad, solamente era una fachada requerida por convenios internacionales que tuvo que hacer ley, un requisito formal para pasar luego a la llamada fase piloto y a la liberación comercial.</p>
<p>Por eso aceptó nuevas solicitudes sin tener los resultados anteriores, y ahora solicitudes de siembras piloto de decenas de miles de hectáreas, cuando ni siquiera da a conocer los resultados de los supuestos experimentos. Además, nuevamente está violando la ley, ya que la ley de bioseguridad requiere que antes de siembras piloto, se deben tener los resultados  de la fase experimental, <em>evaluados por las propias empresas interesadas</em>, (por algo se la conoce como Ley Monsanto) pero reportados con características de una norma oficial mexicana, que no existe. Usan la ilegalidad, la farsa, la imposición. Razones no espurias, no tienen ninguna.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 28 de agost ode 2010</p>


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		<title>Agriculturas y crisis climática</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Aug 2010 21:50:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Silvia Ribeiro La agricultura y el sistema alimentario industrial son el principal causante del calentamiento global y la crisis climática. En contraste, las agriculturas campesinas e indígenas, biodiversas y descentralizadas, son el factor más importante para enfrentar esta crisis y salir de ella, además del hecho fundamental de ser las que alimentan a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Silvia Ribeiro</p>
<p>La agricultura y el sistema alimentario industrial son el principal causante del calentamiento global y la crisis climática. En contraste, las agriculturas campesinas e indígenas, biodiversas y descentralizadas, son el factor más importante para enfrentar esta crisis y salir de ella, además del hecho fundamental de ser las que alimentan a la mayor parte de la humanidad.</p>
<p>Pese a esto, la visión que predomina en las negociaciones internacionales sobre el clima recoge los intereses de las empresas contra los y las campesinas. El intento ahora es integrar la agricultura y los suelos al comercio de créditos de carbono, lo cual significaría un nuevo subsidio a las trasnacionales de agronegocios, favoreciendo más a la agricultura industrial y mayor despojo a las formas de vida campesinas.</p>
<p>Los datos sobre las fuentes del calentamiento global varían según la fuente, pero coinciden en señalar la agricultura industrial como una de las fuentes mayores de emisión de gases de efecto invernadero, junto a la generación de energía y transportes basados en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Las actividades agrícolas aparecen como responsables de entre 11 y 15 por ciento de las emisiones. Si bien este dato ya es grave, presentarlo desagregado de las emisiones de la cadena agroalimentaria industrial oculta una realidad mucho peor en cuanto a su responsabilidad por la crisis climática. Si se consideran juntos la agricultura industrial y el sistema alimentario industrial al que está necesariamente ligado, hay que cargarles una parte significativa de las emisiones de los transportes; otro porcentaje por deforestación y cambio de uso de suelo (en avance de frontera agrícola y en uso de papel: aproximadamente 75 por ciento del papel que se produce es para propaganda y embalajes, que son solamente demanda de las grandes cadenas de ventas), y casi la totalidad del metano que emiten los basureros debido a la pudrición de basura orgánica, que en su mayoría son restos de alimentos que se tiran en las ciudades.</p>
<p>Según el excelente trabajo de Grain La crisis climática es una crisis alimentaria (<a href="http://www.grain.org/nfg/?id=735">www.grain.org/nfg/?id=735</a>), basado en el análisis de decenas de informes, la agricultura y el sistema alimentario industrial son responsables de entre 44 y 57 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.</p>
<p>Llegan a esta conclusión agregando los siguientes datos: las actividades agrícolas representan de 11 a 15 por ciento de emisiones; el cambio de uso de suelos, desmonte y deforestación causan de un 15 a 18 por ciento adicional; el procesamiento, empaque y transporte de alimentos provoca un 15 a 20 por ciento, y la descomposición de basura orgánica de 3 a 4 por ciento.</p>
<p>Por otro lado, Grain también hace un cálculo cuidadoso del papel de los suelos en la crisis climática: mientras su degradación es fuente de emisiones, si el suelo está vivo, con materia orgánica viva y natural que no es eliminada por fertilizantes sintéticos y agrotóxicos y se cuida según las diversas condiciones locales, con una combinación de diversidad y rotación de cultivos, incorporación de materia orgánica y otras, se podría devolver a los suelos en pocas décadas su capacidad natural de retener carbono, y absorber casi dos tercios del exceso de gases de efecto invernadero que existen actualmente en la atmósfera. Pero esta forma de cuidar el suelo sólo es posible mediante la agricultura campesina y familiar, libre de tóxicos, descentralizada y diversa, adaptada a cada lugar. (Camila Montecinos, Cuidar el suelo, <a href="http://www.grain.org/biodiversidad/?id=459">www.grain.org/biodiversidad/?id=459</a>)</p>
<p>Sin embargo, intereses industriales pretenden ahora explotar esa capacidad del suelo para absorber y retener carbono para cobrar créditos de carbono, usando el suelo como sumidero. Por ejemplo, las industrias que promueven el llamado <em>biochar</em> (carbón vegetal). Se trata de sembrar extensas áreas de monocultivos de árboles para quemarlos, convirtiéndolos en carbón negro y luego enterrarlo, teóricamente para secuestrar carbono y aumentar la fertilidad del suelo.</p>
<p>Según sus proponentes –industrias que aspiran a hacer grandes lucros–, es también una forma de geoingeniería, porque con 500 millones de hectáreas o más podría enfriar el planeta. Cínicamente dicen que es una tecnología indígena amazónica. Pero el <em>biochar</em> y las formas indígenas de quemar y enterrar son tremendamente diferentes. En el primer caso se trata de ejercer violencia sobre el suelo, primero con grandes plantaciones y agrotóxicos, luego enterrando carbón en forma súbita y masiva, que según estudios incluso podría desequilibrar más el suelo y liberar el carbono retenido en forma natural. Además, parte del polvo de carbón negro se libera a la atmósfera en el proceso y tiene un efecto invernadero mayor que el dióxido de carbono, por lo que otros estudios evalúan que hasta podría aumentar las emisiones.</p>
<p>Devastar millones de hectáreas con plantaciones y agrotóxicos para luego quemarlas suena realmente enfermizo. Al contrario, la forma indígena se basa en miles de años de sabiduría acumulada de manejo diverso y adaptado a cada región, a diferentes suelos y a trabajar respetando las condiciones naturales de cada lugar, de cada suelo.</p>
<p>Hay más propuestas de la industria para convertir la agricultura y la alimentación en su campo de lucro particular mientras el planeta se fríe y aumenta el hambre. Por ello Vía Campesina llamó, de cara a la cumbre climática que se efectuará en Cancún en diciembre, a denunciar ahí dichas propuestas y en cada lugar donde estemos, y mostrar las verdaderas alternativa campesinas, tarea urgente que nos incumbe a todos.</p>
<p>* Investigadora del Grupo ETC</p>
<p>Publicado en La Jornada, México, 14 de agosto de 2010</p>


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		<title>Vida artificial con fines de lucro</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jun 2010 18:39:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Karina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro El pasado 20 de mayo, el controvertido científico Craig Venter anunció que el Instituto Venter y su empresa Synthetic Genomics Inc, habían construido en laboratorio el primer genoma completo totalmente artificial, con capacidad de auto-replicación. Insertaron este genoma artificial en una bacteria a la que habían previamente despojado de su material genético y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="article-text">
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<p>Silvia Ribeiro</p>
<p>El pasado 20 de mayo,  el controvertido científico Craig Venter anunció que el Instituto Venter  y su empresa Synthetic Genomics Inc, habían construido en laboratorio  el primer genoma completo totalmente artificial, con capacidad de  auto-replicación. Insertaron este genoma artificial en una bacteria a la  que habían previamente despojado de su material genético y lograron que  el genoma sintético intruso comandara la bacteria, replicándose.</p>
<p>Son muchos los temas y problemas que plantea construir y liberar vida  artificial, desde éticos a bélicos –por su alto potencial como armas  biológicas– así como por los graves impactos ambientales y económicos  que tendría.</p>
<p>Sin embargo, con la arrogancia que lo caracteriza, Venter anunció el  hecho como si fuera un estreno de Hollywood, encomiando sus logros y  desestimando los riesgos de esta nueva forma de manipulación de la vida.  Según él, la construcción de vida artificial será la solución para  problemas energéticos, climáticos, ambientales, alimentarios y de salud.  Todo en función del lucro que pueda conseguir con ello, por lo que ha  patentado todo el proceso y para que nadie pueda usar o copiar su  invento, introdujo en el genoma artificial secuencias genéticas que  identifican su propiedad.</p>
<p>Un macabro ejemplo que muestra el tipo de <q>solución</q> al que se  refiere Venter, es la colaboración de Synthetic Genomics, la empresa de  la cual es co-fundador (con capitales y participación de los mexicanos  Alfonso Romo y Juan Enríquez), con empresas que están entre las más  sucias del planeta: las petroleras Exxon y BP. Buscan desarrollar  combustibles a partir de su producción con microbios construidos  artificialmente y basados en algas transgénicas y microalgas con genoma  artificial. Implicaría la liberación masiva de vida artificial en miles  de kilómetros del mar, con impactos potenciales mucho más allá de lo que  nadie pueda predecir, ya que nunca ha habido vida artificial en  interacción con el medio ambiente y otros organismos vivos.</p>
<p>Con el reciente mega-derrame de petróleo en el Golfo de México, BP ha  demostrado fehacientemente al mundo que en función de ahorrarse dinero  en medidas de seguridad, no duda en poner en riesgo enormes áreas  naturales y ecosistemas, la vida de millones de seres vivos y las formas  de vida y sustento de cientos de miles de personas. Imagine usted lo  que puede surgir de la colaboración entre los entusiastas de la  manipulación y privatización de la vida y de la ciencia con las empresas  más contaminantes e irresponsables del planeta.</p>
<p>Aunque otros científicos cuestionan, con razón, que ésta sea creación  de <q>vida</q> artificial, ya que en realidad Venter introdujo un  genoma en una bacteria pre-existente, ello no disminuye los riesgos que  significa este engendro. El objetivo de Venter es crear un genoma <q>mínimo</q> que se pueda construir artificialmente para usarlo como una plataforma,  un <q>chasís</q> al que agregarle diferentes genes según la función que  se busque. Por eso afirma que se podría usar en tantos campos:  dependería de los genes que se les agregue.</p>
</div>
<div>
<p>Para buscar esos genes, Venter se ha dedicado a biopiratear  sitios megadiversos del mundo (incluyendo México, Ecuador, El Salvador y  otros de América Latina y el mundo). Cuenta ahora con una enorme  colección de genes con características extremas, para sus fines  comerciales. Mientras los colectaba aseguró que eran para investigación <q>sin  fines de lucro</q>. Poco después declaró que si lograba construir un  microbio artificial para producir combustibles, valdría <q>billones de  dólares</q>, y <q>sin duda patentaría todo el proceso</q>.</p>
<p>Lo que Venter y otros que trabajan en biología sintética no nombran,  es que si funcionan, necesitarán alguna fuente de carbohidratos para  alimentar esos microbios artificiales y producir lo que avizoran. Eso  significará un ataque masivo con nuevas fronteras de explotación y  comercialización de la <q>biomasa</q> del planeta, de los cultivos y  bosques existentes y/o nuevos acaparamientos de tierra para sembrar  interminables monocultivos para procesar con microbios artificiales.  Esto acarreará más impactos ambientales y sociales, con desplazamientos  de campesinos, indígenas y otros habitantes en esas tierras. En lugar de  buscar el petróleo bajo tierra, que es biomasa procesada en millones de  años, ahora quieren convertir en hidrocarburos y polímeros la biomasa  sobre la tierra (y el mar), existente o por sembrar.</p>
<p>Cada vez hay más evidencias científicas de que el funcionamiento de  los genes y su relación dentro de los organismos y con el medio, son  mucho más complejas de lo que se creía. La construcción de vida  artificial en laboratorio puede <q>funcionar</q>, pero no hay duda que  violenta los largos procesos co-evolutivos naturales de los organismos y  el ambiente, con impactos impredecibles sobre éstos.</p>
<p>Por éstas y otras razones, el cuerpo científico técnico del Convenio  de Diversidad Biológica de Naciones Unidas acordó en Nairobi, al día  siguiente del anuncio de Venter, enviar una recomendación de moratoria a  la liberación de organismos vivos artificiales, a la próxima sesión del  Convenio. Es apenas un comienzo, que marca la urgencia de un amplio  debate social para impedir que empresas y científicos ávidos de lucro  sigan actuando en la impunidad.</p>
<p>*Investigadora del Grupo ETC</p>
<p>Publicado en La Jornada, 5 de junio de 2010</p>
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		<title>A Short Note from Cochabamba</title>
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		<comments>http://etcblog.org/2010/04/28/a-short-note-from-cochabamba/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 28 Apr 2010 15:36:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Last week the World Peoples Conference on Climate Change and the Rights of Mother Earth drew to a raucous conclusion in the Cochabamba football stadium as more than 35,000 people from 140+ countries cheered the adoption of their own strategic plan to address climate change around the world. Bolivia&#8217;s Cochabamba gathering was neither Social Forum [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Last week the World Peoples Conference on Climate Change and the Rights of Mother Earth drew to a raucous conclusion in the Cochabamba football stadium as more than 35,000 people from 140+ countries cheered the adoption of their own strategic plan to address climate change around the world.  Bolivia&#8217;s Cochabamba gathering was neither Social Forum nor an inter-governmental meeting but a marvelous mix of the two &#8211; bringing together official government delegations from 42 countries with social movements and civil society organizations from 100 more. Most of the 35,000 participants made to Cochabamba &#8212; despite the shutdown of most of the airline routes that would have connected European, African and Asian delegations to the Andean city in the heart of the Altiplana. </p>
<p>The final 10-page summary of the Conference’s deliberations read out in the stadium could hardly be described as great prose and will still need some editing before it can be submitted as negotiating text to the UNFCCC. But there is no doubt that it was the consensus of three days of intense negotiations that brought together indigenous peoples, peasant organizations, trade unions, teachers, engineers, environmentalists and a vast array of civil society organizations and interested individuals and smaller delegations of governments.  People sat on the floor and crammed in the doorways of the 17 different working groups in a rarely seen democratic and international exchange on what needed to be done about climate change. Many UN agencies, including a representative of the Secretary-General, also attended.  </p>
<p>The conclusion of this historic meeting and full final report will be directly input into the faltering United Nations climate change negotiations, providing a voice for those who felt silenced in Copenhagen. In a closing dialogue session for governments and civil society representatives, President Evo Morales and his Venezuelan counterpart, Hugo Chavez were enthusiastically joined by Ecuador’s Foreign Minister and Cuba’s Vice-President in calling for the report to be taken directly into the climate change negotiations. The four people representing the 17 working groups denounced the Copenhagen Accord as inadequate and illegitimate, condemned false solutions like carbon trade, REDD, geoengineering, called for the recognition of ancestral knowledge, loosening of patent regimes, sustainable agriculture, protection of human rights.   There were calls for an environmental court of justice, a Charter on the Rights of Mother Earth, a world-wide referendum on climate change. Stony-faced junior representatives from the United States, Canada, Australia, Mexico, France, UK (and many others) remained silent at this precedent-setting dialogue of governments and civil society that the Bolivian government had organized at a nearby hotel. </p>
<p>The Bolivian government announced its plan to hold the Peoples Summit in Cochabamba last December following the Copenhagen debacle and the failure of governments to achieve any kind of meaningful consensus or plan of action.  It is hard to believe that a mere four months later such an impressive and diverse gathering could take place. The decision to hold the meeting in Cochabamba undoubtedly complicated but is organizational problems &#8212; but it was a wonderful decision. Ten years ago the citizens of Cochabamba took to the streets and peasants blockaded roads to prevent the privatization of Cochabamba&#8217;s water supply. The long battle and final victory brought international recognition to the global issue of water privatization and contributed to strengthening the social movements that, arguably, began with the WTO protests in Seattle in 1999 and led to the creation of the World Social Forum in 2001.</p>
<p>If the Cochabamba declaration lacks poetry, it doesn&#8217;t lack either rhetoric or substance. In comparison to the US-imposed &#8220;Copenhagen Accord”, the Cochabamba document is elegant, erudite and explicit and has a real plan of action.  Greenhouse gases, for example, must be cut back to no more than 300 parts per million and the industrialized countries climate debt must be paid in full. Carbon trading was flatly rejected the assembly refused to accept Trojan horse technologies that &#8212; while pretending to address climate change – do little more than the untested experiments that use the global South is to portray guinea pigs. The full text provides more details and examples of both what should not be done and what could be done. </p>
<p>The summary report rejects &#8220;false solutions&#8221; to climate change such as nuclear power, agrofuels, transgenic crops and GM tree plantations and geoengineering. Although most of the 35,000 delegates came to Cochabamba with little or no understanding of geoengineering, the launch of the <a href="http://www.handsoffmotherearth.org/">H.O.M.E campaign &#8212; &#8220;Hands off Mother Earth</a> – Our Home is not a Laboratory&#8221; <a href="http://www.handsoffmotherearth.org/">(see www.handsoffmotherearth.org)</a> in the midst of the conference attracted a lot of interest in the many side events and debates that took place in addtion to being discussed by several of the working groups.  The campaign’s message was considerably aided and abetted by the presence of a handful of scientists and companies advocating geoengineering who traveled to Cochabamba from Europe to host seminars. Their presence and participation solidified opposition to the idea of any techno-fix that would massively modify planetary systems on land, on oceans, or in the stratosphere.</p>
<p>Although participation in the conference was impassioned and debates intense, the hurriedly convened international meeting did have its problems. The government of Bolivia had only expected 10 to 13,000 delegates &#8212; not 35,000. Cochabamba and the nearby town of Tiquipaya where the hub of activities were organized were bursting at the seams and there was considerable confusion around the time and place of side events and working groups. Many organizations were also concerned that government delegations &#8212; including the Bolivian delegation &#8212; would try to manipulate the outcomes. The Bolivian government itself came under fire for preventing an alliance of national CSO&#8217;s from incorporating their &#8220;working group 18&#8243; into the formal proceedings. In the end, working group 18 met just outside the gates of the University conference to discuss government plans to encourage the mining of silver and lithium and other industrial development related to fossil fuels. While Bolivia&#8217;s external image is pristine, it has many &#8220;friendly critters&#8221; among environmentalists and other progressive movements inside the country. Despite differences, working group 18 carried out openly and attracted large audiences who crossed back and forth between formal and informal negotiations.  All of this took place in an atmosphere of peace without any excessive security presence.   The Bolivian army was there – but as often inside the workshops as at the gates of the conference checking ID badges!</p>
<p>There were also mixed feelings about a government proposal to create a new &#8220;Global Alliance&#8221; of governments and society to work together on climate change. At a banquet Wednesday night, a Brazilian guest proposed that the Cochabamba Summit be reconvened every two years.  Although there is genuine support for a global forum that can bring together government and civil society on equal footing to discuss critical issues, social movements are firm that  the nature and structure of these meetings were requires careful consideration and can&#8217;t be assumed automatically. Cochabamba was a remarkably successful first experience with a format that could have turned disastrous &#8212; but lessons need to be learned and studied before next steps are taken.<br />
Perhaps more than anything else, the Cochabamba Summit succeeded in bringing together progressive government negotiators and activist social movements are now committed to dialogue and cooperation during the coming months that will eventually lead to the Cancun UNFCCC Summit at the end of November. Society has become more militant and coherent and more governments are getting the message that the Copenhagen debacle must not be repeated.</p>


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		<title>Alerta transgénica: la FAO intenta legitimar a las trasnacionales</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 19:27:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Veronica</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Silvia Ribeiro Del primero al 4 de marzo 2010 se realizará en Guadalajara, México, una conferencia &#8220;técnica&#8221; internacional de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) sobre cómo se podría manipular y/o hacer transgénico casi todo lo que esté vivo: desde los cultivos y microorganismos hasta los bosques, peces [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Silvia Ribeiro</p>
<p>Del primero al 4 de marzo 2010 se realizará en Guadalajara, México, una conferencia &#8220;técnica&#8221; internacional de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) sobre cómo se podría manipular y/o hacer transgénico casi todo lo que esté vivo: desde los cultivos y microorganismos hasta los bosques, peces y ganado, pasando por cómo usar más biotecnología en procesos agroindustriales.</p>
<p>Cínicamente, los objetivos manifiestos de la conferencia afirman que se hace para plantear las &#8220;oportunidades y opciones&#8221; para los países pobres frente a las crisis alimentaria y climática. Para ello la FAO, con apoyo y dinero del gobierno mexicano, tendrá una conferencia cerrada, sólo para invitados, en un hotel de lujo y rodeada de elementos de &#8220;seguridad&#8221; (nada alimentaria), limitando enfáticamente la participación real y las propuestas y perspectivas de aquellos que afirma necesitarían sus supuestas soluciones.</p>
<p>Entre los organizadores de la conferencia se encuentra también el Banco Mundial y el CGIAR, ambas instituciones con largas colas que pisar por su impacto negativo sobre los más desposeídos. El gobierno de Estados Unidos e instituciones vinculadas a las industrias de transgénicos están entre los financiadores. Es lógico, ya que la conferencia es uno de los intentos más burdos de la FAO para promover y legitimar a los transgénicos, beneficiando a las trasnacionales que los monopolizan.</p>
<p>Son muchas y graves las agresiones que encarna esta conferencia. Una de ellas es que la conferencia se realiza al mismo tiempo que se autorizan las siembras de maíz transgénico en México, centro del origen del cultivo, en un claro intento del gobierno por legitimarse y tratar de tapar las críticas internacionales por este crimen de proporciones históricas, arropándose con la &#8220;indiferencia&#8221; de la FAO frente al tema. Peor aún, espera que la FAO no sólo no lo critique, como es su deber según su propio mandato y tratado, sino que termine afirmando que, contra la voluntad de campesinos, indígenas y la vasta mayoría de la población del país, sería bueno para México sembrar transgénicos. O al menos, que la coexistencia de transgénicos con otros cultivos es posible, falacia inventada por las trasnacionales. En Europa, donde se aceptó la coexistencia, ahora hay una campaña masiva para suspenderla, porque la contaminación transgénica –y todos los impactos ambientales, de salud y económicos que conlleva– son incontenibles.</p>
<p>Aunque el tema de la contaminación transgénica es grave en cualquier parte del mundo, la contaminación del maíz transgénico en México es devastadora, porque al ser el centro de origen, significa dañar el acervo genético y el reservorio de diversidad del maíz para todo el mundo. Frente al caos climático, uno de los elementos fundamentales es justamente que exista diversidad de semillas, lo que permitiría enfrentar los cambios del clima, con semillas adaptadas a diferentes circunstancias, que estén en manos de los campesinos, no contaminadas y no restringidas por patentes y control de mercados. Pero la orientación del evento es la contraria.</p>
<p>A partir de los documentos que se han publicado para la conferencia, queda claro el intento de la FAO por ignorar que se trata de tecnologías –sean transgénicos o biotecnología en general– que están controladas en porcentajes abismales por unas pocas trasnacionales, que monopolizan tanto los mercados como las patentes. Las pocas referencias que se hacen sobre esto, se restringen a buscar &#8220;opciones&#8221; para poder cumplir con los derechos de propiedad intelectual y acuerdos comerciales –y por tanto favorecer a las trasnacionales– en lugar de cuestionarlos por constituir un robo de las empresas a los bienes comunes, un asalto a las semillas que son &#8220;patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad&#8221;, como lo expresa la Vía Campesina.</p>
<p>Ignorando este contexto fundamental y evitando discutir seriamente los daños ambientales y a la salud, los documentos de la conferencia son altamente útiles a las trasnacionales. Pretenden disimular los transgénicos englobando todo en el término supuestamente neutral de &#8220;biotecnología&#8221;, donde entraría desde el yogur que hacía la abuela hasta los transgénicos de Monsanto. En esto y en otros puntos, como el ocultamiento de que los transgénicos producen menos y usan más químicos, es vergonzosa la repetición prácticamente literal de argumentos y fuentes de la industria de transgénicos en los documentos.</p>
<p>Estas falacias no quedarán sin contestar. Entre muchas otras actividades y manifestaciones de la sociedad civil que se realizarán en esos días en Guadalajara, la Red en Defensa del Maíz, Vía Campesina y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales convocan el 2 y 3 de marzo a una primer audiencia titulada &#8220;La contaminación transgénica del maíz: ¿crimen de lesa humanidad?&#8221;. Habrá testimonios nacionales e internacionales de campesinos, indígenas, activistas, intelectuales y científicos, construyendo un expediente que será presentado en tribunales internacionales. La FAO y esta conferencia constarán en el expediente.</p>
<p>*Publicado en La Jornada, México, 13 febrero de 2010</p>


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		<title>Cambio climático: fracasos y parteaguas</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 23:39:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Karina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro* La reunión de Naciones Unidas sobre cambio climático que se realizó en Copenhague en diciembre 2009 fue, como anunciaron titulares de todo el mundo, un fracaso. Pero también un parteaguas en muchos sentidos. Me parece útil acercarnos más al contenido de ambas cosas. Por un lado, como mencioné en artículos anteriores, se les [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>Silvia Ribeiro*</div>
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<p>La reunión de Naciones Unidas sobre cambio climático que se realizó en Copenhague en diciembre 2009 fue, como anunciaron titulares de todo el mundo, un fracaso. Pero también un parteaguas en muchos sentidos. Me parece útil acercarnos más al contenido de ambas cosas.</p>
<p>Por un lado, como mencioné en artículos anteriores, se les acabó la tranquilidad social a los señores que pretendían negociar más comercio de carbono y nuevas tecnologías sofisticadas, caras y patentadas, para resolver la crisis climática, sean éstos empresas o gobiernos. No quiere decir que no lo sigan haciendo, pero la movilización y denuncia social les cortó el circo, el montaje mediático. También se resquebrajó la careta pseudo-crítica de muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) que participan como <q>sociedad civil</q> dentro de esta Convención, pero que están vinculadas directa o indirectamente a las industrias causantes del cambio climático.</p>
<p>Un ejemplo: el Observatorio Europeo de Corporaciones, con una coalición de varias organizaciones internacionales, organizó el concurso <q>La sirenita enfadada</q> (en alusión a la estatua símbolo de la ciudad de Copenhague), para denunciar el cabildeo corporativo que intenta disfrazar actividades que empeoran el cambio climático, presentándolas como si fueran soluciones. Entre los nominados estaban Shell, la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones, el Instituto Americano del Petróleo y otras. Se pueden ver todas las nominadas y las razones para ello en <a href="http://www.angrymermaid.org/es.">www.angrymermaid.org/es.</a> Finalmente, el 15 de diciembre, el <q>premio</q> a la peor empresa lo ganó Monsanto, por la falacia de promover los cultivos transgénicos como <q>solución</q> al cambio climático, intentando además, a través de aliados gubernamentales, legitimarlos como <q>sumideros de carbono</q>. Es significativo que la multinacional conservacionista Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), también mereció una mención adjunta, por participar con Monsanto en la llamada <q>Mesa Redonda de la Soya Responsable</q>, que intenta justificar la criminal expansión tóxica de la soya en Brasil y el sur de América Latina.</p>
<p>También hubieron parteaguas entre representantes de gobiernos dentro de la Convención.</p>
<p>Como trasfondo, la presidencia danesa se dedicó de forma vergonzosa a favorecer procesos antidemocráticos y reuniones secretas y/o cerradas entre algunos países auto-considerados <q>significativos</q>. Participaron en esas reuniones los gobiernos de los países que son los principales causantes del cambio climático global –que afecta y amenaza seriamente a <em>otros </em>países–; que en lugar de asumir la gravedad de los hechos y proponer medidas reales para reducir sus emisiones (lo cual hubiera sido una verdadera novedad), se dedicaron a evitar cualquier cambio sustancial de la situación. Más tarde intentaron en el plenario sacar a la fuerza un <q>acuerdo</q> para presentar a la prensa y el mundo como una <q>victoria histórica</q>. Es una dinámica como en la Organización Mundial de Comercio –donde todo se discute y se impone a los demás desde la Sala Verde del director general, entre unos pocos países auto-elegidos. Tal como en esa institución, se sumaron a este juego los gobiernos de países <q>emergentes</q> como Brasil, India y China. Igual que en la OMC, algunos gobiernos de países pobres (en este caso Etiopía y Bangladesh) fueron <q>comprados</q> para aparentar representatividad.</div>
<div>
<p>Pero esta vez hubo una fuerte respuesta desde el plenario. Delegados de países como Bolivia, Venezuela, Sudán y otros, se negaron a representar el papel de idiotas útiles que les tenían asignados y no permitieron que esa dinámica de intrigas secretas entre países <q>significativos</q> y la desastrosa propuesta de <q>acuerdo</q> que salió de ella, fuera impuesta a todos los demás. La reacción no se hizo esperar. Varios oficiales europeos y estadunidenses, con el eco de diversos medios de prensa oficialistas, acusaron a esos países del <q>fracaso</q> de la reunión, como si ellos fueran los que se negaron a un acuerdo para enfrentar el cambio climático.</p>
<p>Es útil recordar que más allá de declaraciones a la prensa, según cálculos del propio secretariado de la Convención, el conjunto de todas las <q>reducciones</q> de emisiones propuestas por los países industrializados durante las negociaciones, equivale a un aumento de la temperatura global de más de tres grados para el año 2050, lo cual en la práctica significa planear <q>fríamente</q> la hecatombe humana, alimentaria y ambiental de varios países isleños, africanos y otros, como Bolivia, que perderían sus glaciares y la vital fuente de agua que ellos significan. Por tanto, <em>nunca</em> hubo de parte de los causantes del cambio climático una propuesta que no fuera un <q>fracaso</q>. Lo bueno fue que no lograron presentar su fracaso como victoria.</p>
<p>La movilización social fue fundamental para ello. Otra reacción inmediata a estos juegos de espejos que no asumen la tragedia real del cambio climático fue la convocatoria que lanzó Bolivia a realizar una <q>Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra</q> en abril de este año, para debatir las verdaderas causas del cambio climático y las propuestas para enfrentarlo desde la base de las sociedades.</p>
<p align="right">*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo <abbr>ETC</abbr></p>
<p align="right">Publicado en La Jornada, México D.F. 16 de enero de 2010</p>
<p align="right">www.etcgroup.org</p>
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		<title>Matrix climática</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 16:27:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Karina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Silvia Ribeiro * Durante las negociaciones de Naciones Unidas sobre cambio climático en Copenhague, Dinamarca, en diciembre pasado, la delegación de Bolivia comparó lo que allí sucedía con la película Matrix. Agregó que los únicos que tomaban la pastilla roja (que en la película permite ver la realidad como es) eran los que marchaban protestando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><span style="font-size: large;"><span style="font-size: 18px;"> </span></span>Silvia Ribeiro *</div>
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<p>Durante las negociaciones de Naciones Unidas sobre cambio climático en Copenhague, Dinamarca, en diciembre pasado, la delegación de Bolivia comparó lo que allí sucedía con la película <em>Matrix</em>. Agregó que los únicos que tomaban <q>la pastilla roja</q> (que en la película permite ver la realidad como es) eran los que marchaban protestando por las calles de Copenhague. Es una de las imágenes más atinadas que he escuchado.</p>
<p>Al contrario de lo que uno creería, esa convención no trata de las causas y soluciones reales al cambio climático, sino sobre todo de cómo gestionar y aumentar las ganancias con el comercio del cielo y el aire limpio –materias cada vez más escasas (y, por tanto, más rentables) gracias al desastre climático, a su vez provocado por los que más lucran ahora con ese comercio.</p>
<p>Afuera convergen en la protesta los que tienen las alternativas reales para salir de las crisis –campesinos, indígenas, pescadores artesanales, comunidades en resistencia contra megaproyectos energéticos y otros– con miles de jóvenes que, como tantas veces en la historia, se niegan a participar en esta farsa que les roba el futuro. Son reprimidos porque nada hay más peligroso para los dueños de la <em>Matrix</em> que jóvenes decididos a ver la realidad, a no venderse y a autogestionar su vida, o campesinos e indígenas que pretenden seguir en sus tierras y culturas produciendo sus alimentos y los de la mayoría de la gente mientras cuidan el planeta. Pero lo que a los señores les resulta realmente insoportable es que se pongan de acuerdo, que es justamente lo que sucedió en Copenhague.</p>
<p>El 16 de diciembre, mientras comenzaban dentro de la cumbre climática los discursos de más de 110 primeros mandatarios y aumentaban a niveles absurdos los controles policiacos, comenzó una marcha desde fuera y desde dentro de la propia convención, reclamando justicia climática. La idea era forzar el muro que los dividía para instalar la Asamblea de los Pueblos, lo cual sucedió horas más tarde, en las orillas del Bella Center. Allí, pese a abundantes golpes, gas pimienta y represión, a las detenciones de cientos de jóvenes antes y durante la manifestación, la marcha no se detuvo y siguió avanzando en ordenadas y apretadas filas tomada del brazo. Finalmente, en medio de un muro triple de policías vestidos de <em>robocops</em> y varias filas de camiones policiales se logró instalar la Asamblea de los Pueblos con la consigna <q>Cambiar el sistema, no el clima</q>. Sentados en el suelo, bajo lloviznas de nieve y en un ambiente de tremenda tensión externa, los asambleístas compartieron sus denuncias y alternativas. Vía Campesina habló de cómo los campesinos están enfriando y alimentado el planeta; ambientalistas de base e indígenas de Ecuador, Canadá y otros países de por qué hay que dejar el petróleo, el carbón y las arenas bituminosas en el suelo; pescadores artesanales, sindicalistas, activistas sociales y de derechos humanos, que venían en caravana desde Suiza contra la OMC y el cambio climático, y muchos más de distintas partes del mundo, fueron tejiendo un complejo y diverso panorama que mostró que no sólo saben qué sucede con el cambio climático y quiénes lo provocan, sino también cómo enfrentarlo y tienen las soluciones.</div>
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<p>Fue una imagen fuerte: la gente organizada desde las bases, en diversidad y solidaridad, compartiendo como cotidianamente alimentan y sanan al planeta, pero rodeados de un ambiente tremendamente hostil y agresivo instalado desde el poder para defender a los ricos –gobiernos y trasnacionales– reunidos al otro lado del muro. Muy similar al mundo real, donde la mayoría de la gente vive, construye, sueña, lucha y resiste desde sus milpas, sus barrios y comunidades, pese a que unos pocos con fuerza bruta o manipulaciones matan gente y destruyen el planeta para su lucro, intentando hacernos creer, como en <em>Matrix</em>, que es el orden que todos debemos mantener.</p>
<p>Hubo también muchas otras protestas y manifestaciones –incluso una de más de 100 mil personas, la más grande de Dinamarca en las últimas décadas– que denunciaron realidades que contribuyen al cambio climático: contra las trasnacionales y los sistemas de <q>libre</q> comercio; contra la producción industrial de carnes y el círculo vicioso con la soya y maíz transgénico que representan; contra los agrocombustibles y los grandes monocultivos y árboles transgénicos, y contra la explotación petrolera, así como luchas por el reconocimiento de la deuda climática, en favor de los migrantes, por los derechos indígenas y campesinos, y en defensa del agua.</p>
<p>También un gran espacio de talleres y debates llamado KlimaForum. Los organizadores de ese espacio habían tomado distancia públicamente de manifestaciones como la del 16 de diciembre, organizada por la red Acción por Justicia Climática, Vía Campesina y Justicia Climática Ahora, entre otras agrupaciones, pero finalmente asumieron como propio el lema <q>Cambiar el sistema, no el clima</q>. Parte de la dinámica de <em>Matrix</em> es hacernos creer que la desobediencia civil, incluso pacífica y por más justificada que esté, debe ser evitada por el castigo que recibiremos. Creo que también por eso debemos agradecer a esos jóvenes, campesinos y otros activistas de base que, a sabiendas que recibirían golpes, gases –y varios de ellos siguen aún detenidos– se tomaron la pastilla roja y llevaron un trocito de la dignidad de todos contra el muro del absurdo en Bella Center.</p>
<p align="right">*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC.</p>
<p align="right">Publicado en La Jornada México D.F. 2 de enero de 2010</p>
<p align="right">www.etcgroup.org</p>
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